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El desarrollo de la capital y del territorio pasa por una economía sostenible, capaz de atraer talentos y cuidar de los necesitados
Su posicionamiento actual augura buenos presagios para la próxima década
Alberto G. Alonso - Domingo, 2 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:44h
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A pesar de la situación actual, el optimismo marca los augurios para el territorio y su capital que en un futuro volarán alto. (Foto: Zigor Alkorta)
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Bilbao
EL año recién estrenado es el primero de la nueva década. 2020 es el horizonte que institivamente se crea para mirar al futuro. El decenio se inicia con tristura y una crisis de calado que puede llevar al pesimismo. Sin embargo, los líderes de la sociedad de Bizkaia consultados por DEIA no lo consideran así. El optimismo impera en su visión gratificante para la capital y el territorio. Eso sí, con mucho trabajo de por medio.
El futuro se está empezando a crear ya hoy mismo, en esta situación de crisis, según explica Ibon Zugasti, director gerente de Prospektiker, la empresa vasca que lleva casi 20 años elaborando informes y estudios de prospectiva, la ciencia que avanza por donde se desarrollará la sociedad. El especialista indica que "los territorios que cierren bien de esta crisis saldrán fortalecidos. En este sentido, Bilbao y Bizkaia, en algunas cosas, lo están haciendo bien, en otras menos, pero si terminan bien los deberes pueden configurarse como territorios líderes, y eso es lo que importa".
Ayer se inició la tercera década del nuevo Bilbao, ese que salió del ostracismo industrial, fue capaz de reconvertirse en una urbe de servicios y ahora quiere consolidarse como referencia internacional. La cada vez más cercana paz es el escenario en el que todos desean que evolucione nuestra sociedad los próximos años.
Con la ausencia de violencia en nuestras calles todo parece más fácil. Pero no hay que fiarse. Hay que seguir trabajando y estrunjándose las meninges para no perder el tren del futuro.
Zugasti plantea tres ejes para lograr un crecimiento sostenible, el económico, el social y el medioambiental. "En el primero se trabaja bien -indica- ya que se ha evitado la huida de centros de poder, se han promovido grandes grupos empresariales en sectores de peso en Bizkaia y la gran caja vasca por crear, casi seguro que tendrá su sede en Bilbao".
Por lo que se refiere al ámbito social, el especialista es más crítico y asegura que es "el gran reto de Bizkaia, un territorio que tiene que avanzar más, tanto en derecho como en deberes". El futuro que plantea no va a ser fácil. "Habrá cada vez más población y más demandante de unos servicios sociales que tienen que ser mejores. Pero este incremento de servicios tendrá que venir con una mayor responsabilización de los usuarios aplicando figuras como el copago, cambios en el modelo fiscal y una mayor implicación de la sociedad en ayudar a los que lo necesiten".
Para el tercer eje, el medioambiental, también hay labor futura. "Debemos avanzar para convertirnos en un territorio de bajo carbono, con una economía que, sin poner en riesgo su competitividad, busque la eficiencia energética y la producción limpia". Este vía por explorar puede suponer a la vez "una oportunidad para que el territorio se convierta en un especialista en desarrollar sistemas de ecodiseño o ecoinnovación". La mejora del transporte, como gran fuente de contaminación, será otra fórmula a explorar con iniciativas en las que ya se trabaja como el desarrollo del coche eléctrico.
Nuevos transportes que tendrán que moverse por unas infraestructuras que tienen una clara hoja de ruta que se empieza a leer ya este año. La apertura del primer tramo de la Supersur supondrá un punto y aparte para el tráfico viario en la metrópoli. Lo mismo que los seis corredores viarios que acabarán con el aislamiento de las comarcas periféricas de Bizkaia. El metro, a pesar de todo, se seguirá extendiendo y antes de que finalice la década habrá culminado las líneas 3, 4 y 5. Al lado del mar, el puerto no parará en su creación de muelles y para poder volar, los planes de ampliación de La Paloma también se concretarán, aunque con retraso.
Pero el hito concreto que mayor impacto causará será la llegada del tren de alta velocidad (TAV). La conexión rápida que va a suponer con el resto del Estado y con Europa allá por el año 2016 o 2017 revolucionará las relaciones personales y empresariales. Será un nuevo canal para atraer visitas, turistas que afiancen en el mapamundi la presencia de la villa ya reconocida por el efecto Guggenheim que se ha convertido ya en el efecto Bilbao.
Por que no solo el museo es el tractor de la ciudad. La propia ciudad, con su cambio urbanístico, ha sabido arropar a la perla museística de Frank O. Gehry. Conseguir la firma de otros arquitectos de postín sigue en el plan de las autoridades locales. Finiquitado Abandoibarra quedan por desarrollar la nueva parcela de Garellano, su cercano entorno de San Mamés y sobre todo la futura isla de Zorrotzaurre.
En un mundo en el que las capitales tienen cada vez más preponderancia, todos los consultados reconocen que la villa tiene que ir de la mano del territorio. Bizkaia y Bilbao, Bilbao y Bizkaia se tienen que exprimir mutuamente para que las personas que viven ahora y los que vengan en un futuro, tanto foráneos como nuevos vizcainos que nazcan aquí, vivan mejor.
Las personas y su labor. La innovación, el trabajo bien hecho, arropar a nuestros cerebros para que marquen la diferencia y atraer a otros de fuera para que se queden. Ibon Zugasti es taxativo en este sentido. "Tenemos que convertirnos en una ciudad atractiva para vivir y trabajar, y no solo para visitar como turistas", asegura. Especifica que "hay que conseguir que vengan talentos en los grandes sectores de la educación, la ciencia, la economía de innovación... para ello tenemos buenos mimbres pero hay que mejorar otros factores". ¿Cuáles? Una buena oferta de vivienda o facilitar la llegada de nuevas empresas de prestigio son dos de ellos. El gerente de Prospektiker indica que "hay que intervenir para que en vez de pensar en Madrid o Barcelona, las grandes firmas opten por Bilbao para instalar sus centros de operaciones". Una idea utópica pero que si tenemos en cuenta lo conseguido en las dos últimas décadas en Bizkaia tampoco parece descabellado.
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