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Mañana ya no acudirá a trabajar como secretario general de la organización empresarial vasca Confebask. Más de 15 años después, José Guillermo Zubía, deja el puesto a Nuria López de Gereñu aunque realizará la transición de forma ordenada como adjunto a la Presidencia
Xabier Aja - Domingo, 2 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:45h
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El abogado José Guillermo Zubía es el único profesional en activo que participó en la creación de la organización empresarial vasca Confebask. (David de HAro)
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BILBAO. La organización empresarial vasca Confebask aborda un complicado año 2011, el ejercicio de la materialización de los mayores ajustes económicos de las últimas épocas, con un proceso de sucesión en marcha. Al cambio de presidente previsto para junio, -Miguel Lazpiur dejará el puesto al candidato que proponga la patronal vizcaina Cebek-, se le suma la jubilación como secretario general de la persona que ha sido el núcleo fundamental de Confebask durante los últimos 15 años, José Guillermo Zubía. Su amplia experiencia, de hecho es la única persona que asistió al alumbramiento de Confebask que seguía en activo, le permite ver con más tranquilidad y perspectiva una crisis de la que no hay precedentes cercanos por su virulencia y por los cambios que está generando.
¿Esta crisis es la más importante que ha vivido profesionalmente?
Numéricamente la de ahora sí es la más importante por la caída de actividad, pero desde el punto de vista vasco creo que fue más profunda la de 1978-1983 coincidiendo con la transición política. Me incorporé al mundo empresarial, en SEA, con los efectos de la crisis del petróleo, en medio de una crisis política notable y con una actividad terrorista tremenda. Y ello coincidiendo con el hundimiento de buena parte de la industria vasca y además con una alta dosis de desesperanza de la población que había pasado de ser el territorio más rico en renta per capita de España a tener un paro tremendo por el hundimiento de sectores completos como los de aceros especiales, la siderurgia, los bienes de equipo, el sector naval. Ello unido a la crisis social y política dejó una sociedad muy afectada en la autoestima. Hoy hay más gente en Euskadi que cree que esta situación, siendo dura y difícil, sí se va a remontar.
¿Euskadi superará la situación más rápido que España teniendo en cuenta que Zapatero ya augura cinco años para corregir los desequilibrios de la economía española?
Sí, porque, afortunadamente, los desequilibrios de la economía vasca son menores que los del conjunto de España. Tenemos la ventaja de que ya tenemos un patrón de crecimiento definido, caracterizado por el mayor peso en la industria, y más sano. No hay que olvidar que no hay un sector más liberalizado y abierto a los mercados que la industria. Y aquí se han hecho los deberes desde hace mucho tiempo, lo que deja al País Vasco en una mejor posición para salir de la crisis. Tenemos que mejorar nuestra industria, pero ya sabemos por dónde ir. En el caso de España el problema es que tiene que definir e identificar qué modelo de crecimiento va a seguir en los próximos años. Y esto es muy complejo y reubicar, por ejemplo, los trabajadores de un sector como el de la construcción no va a ser fácil.
¿Cómo se presenta 2011?
Creo que vamos a comenzar a notar los efectos positivos y saldremos antes de la crisis. El año va a ser muy complicado para el sistema financiero, que precisa una reforma que ya está en ciernes, y la financiación será el punto débil de la economía en los próximos meses y esto sí nos va a impactar. Porque la crisis de la deuda soberana va a seguir todavía y no hay que olvidar que la economía española es el primer cliente de las empresas vascas y si España no va bien a las compañías de aquí les va a costar más recuperarse. El País Vasco saldrá antes de la crisis que España, pero más tarde que en las principales economías desarrolladas.
¿El retraso en la toma de decisiones y en el reconocimiento de la complicada situación ha agudizado la crisis en España?
Casi nadie vio la profundidad de la caída de la economía en 2008 antes del verano. Hasta la caída de Lehman Brothers las previsiones del FMI y la OCDE mantenían crecimientos positivos del PIB. En el mundo político se dieron tres posiciones ante la crisis: En EE.UU., en situación electoral, se tomaron las medidas urgentes precisas que evitaron un crack como el de 1929. En Europa se tardó más, pero países como Alemania y Reino Unido actuaron, más lentos pero actuaron, en cambio las autoridades españolas, convencidas de que la solvencia del sistema financiero español era casi ilimitada, hasta negaron expresamente que la crisis fuera afectar en tal medida al país. De todas formas creo que el gran perdedor de esta crisis ha sido la UE, incapaz de articular y coordinar medidas adecuadas.
¿Cree que es aconsejable un pacto de Estado para abordar esta crisis?
La situación es lo suficientemente delicada para que esto se pudiera producir. Todavía hay una serie de reformas de primera división por hacer que precisan del máximo consenso y compromiso de las fuerzas políticas y, en la medida de lo posible, de las fuerzas sociales. Recuperar la credibilidad de la economía española es un elemento capital para salir de la crisis y aquí nadie puede mirar para otro lado.
¿Está en peligro el Estado del Bienestar por las presiones de los mercados financieros?
El mayor ataque al Estado de Bienestar es el no afrontar las reformas precisas. Para mantener el Estado del Bienestar hay que transformarlo. No hay que olvidar que la financiación de nuestro crecimiento ha venido de la mano de un brutal endeudamiento, no tanto del Estado, sino de los particulares. Ahora lo que pasa es que el que te presta el dinero pone las condiciones si tú le pides un aplazamiento del pago, porque en eso consisten las continuas refinanciaciones de la deuda. Y las condiciones son de gran dureza por la falta de credibilidad económica de España porque Estados Unidos está peor macroeconómicamente, pero no tienen este ataque de los mercados porque ha adoptado decisiones y tiene credibilidad.
Empresarios y trabajadores reconocen el gran trabajo realizado para paliar los efectos de la crisis.
Es verdad. En Euskadi ha habido un gran esfuerzo de las empresas y de los trabajadores, no tanto de las cúpulas sindicales, que se ha concretado pactos para reducir jornadas, salarios, aumentar la flexibilidad interna etc. El resultado positivo es que, con caídas de actividad de más del 20%, el paro solo ha aumentado al 8%.
En marzo, cumple 65 años de edad y se jubila. ¿Cree necesario reformar las pensiones y elevar la edad legal de jubilación?
La reforma del sistema es una necesidad indiscutible y es un análisis en el que coincide todo el mundo. El cambio demográfico que se ha producido nos obliga a ello, porque según nuestros cálculos sería necesario aportar al sistema 13 puntos adicionales del PIB para sostener las pensiones con el esquema actual en el futuro. Dedicar esa cantidad de recursos, ya sea vía presupuestos o vía aportaciones empresariales, al sistema de pensiones dejaría a España fuera de cualquier mercado competitivo. Hay que tener en cuenta que cuando se fijó la edad de jubilación en 65 años la esperanza de vida era 59 años y ahora es 80 años. Pero, a partir de ahí sí se pueden establecer mecanismos diversos para conseguir algo que resulta imperioso: acercar la edad de jubilación real a la edad legal, porque la realidad es que la edad media de jubilación en España no son 65 años, son dos o tres menos.
¿Cómo se justifica que se defienda la necesidad de elevar la edad de jubilación cuando se está prejubilando con 50 años, por ejemplo, en la banca?
La verdad es que las prejubilaciones se han utilizado de forma excesiva. Y no solo en la banca. También en otros sectores y eso, además de problemas económicos, genera también una descapitalización humana, profesional, de pérdida de conocimiento por parte de las empresas.
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