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El Athletic se salva en el tiempo extra con otro tanto de la conexión entre Gabilondo y el navarro
Los rojiblancos rescatan un punto después de que el Málaga perdonara a los de Joaquín Caparrós
Cesar Ortuzar - Domingo, 9 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:47h
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Javi Martínez, el mejor jugador rojiblanco ayer, domina el balón ante la presencia del local Camacho. (Foto: zigor alkorta)
bilbao. Una vez apagados los rescoldos del ilusionante viaje copero, el Athletic regresó a la terca realidad del torneo doméstico, a la Liga, con los mismos síntomas que le han venido acechando y aquejando durante el presente curso siempre que se aleja del influjo y arrope de San Mamés. Al igual que le sucedió frente al Levante en Valencia, los rojiblancos lograron supurar las heridas en el botiquín de urgencias invocando al santoral y a las apariciones marinas para salvar un punto de La Rosaleda. Lo hizo, de nuevo Javi Martínez, socorrista, un especialista en asuntos imposibles, con un gol de cabeza que igualó el de Demichelis, en el descuento, aprovechando el bombeo de Igor Gabilondo, la misma asociación que sonrió a los rojiblancos en el Ciutat de Levante. Obtuvo el botín el Athletic a lomos del intrépido Javi Martínez de manera inopinada, cuando el único sonido presente en Málaga era el del jolgorio local, desde la estrategia, un asunto que domina con indudable éxito y que comienza alcanzar perfil burocrático por lo cíclico que resulta.
Sorpresivamente, tal y como acabó el partido para goce bilbaino, cuando nadie lo esperaba, acudió Caparrós al almacén de recambios, rebuscó entre los retales del mecano defensivo para combatir al Málaga, y propulsó la aparición en el centro del escenario de Borja Ekiza, central del Bilbao Athletic, debutante ayer con la zamarra rojiblanca en una decisión de laboratorio. Para ello, el técnico del Athletic sacó de plano a Aitor Ocio, imperial ante el Barcelona, pero que ayer, inopinadamente, acabó atornillado al banquillo de La Rosaleda. En medio de la tormenta de ideas que sacudió la mente de Caparrós, borró a Gurpegi, uno de sus pretorianos, para acomodar la brújula de Orbaiz, y también decidió dar carrete a Ander Iturraspe, al que situó detrás de Fernando Llorente, calcando la pizarra que propuso en el duelo de ida ante el Barcelona, donde Ander escudó entonces a Igor Martínez.
buen comienzo Con la reforma de la fachada y del interior, hizo pie el Athletic en La Rosaleda petrolífera que acuna la propuesta sosegada de Pellegrini. La serenidad gobernó el despliegue del Athletic, atento al compás de Pablo Orbaiz en la inauguración del duelo. Sin corsés ni excesivas ataduras, porque el Málaga dejó hacer, los rojiblancos se encontraron con un decorado amable, sin apenas rechazo por parte del escuadrón de Pellegrini, al que aún le falta encole. No así al Athletic, más robótico en la confección, pero con más memoria. La armonía rojiblanca era el fútbol que trataba de fabricar Muniain, siempre resuelto, desde su rincón. Le acompañó tímidamente Iturraspe con un golpeo desde el balcón del área que resolvió Asenjo con dificultad a pesar de la bondad de la intentona. La misma que se instaló en un remate blando de Fernando Llorente desde su atalaya.
Ocurrió que la pelota no fue objeto de discusión porque se soldó a ella el Málaga, que se elevó varios cuerpos cosido al buen pie de Duda, muy dinámico por el costado derecho, y a los colmillos de Apoño, muy amenazante siempre que se asociaba con el portugués un futbolista que domina los resortes del juego. La conexión entre ambos generó un seísmo en la trinchera del Athletic, incapaz de anular el filo de los dos, omnipresentes barriendo el frente de ataque. Cuando a ellos no les alcanzaba, Apoño merodeó el bingo, surgía la potencia de Quincy y su musculatura de sprinter.
el málaga amenaza El Athletic, cuyo ataque cotizaba a la baja a la espera de algún arrebato, libró el gaznate porque el Málaga no concretaba bien fuera por las estupendas manos de Iraizoz en un ejercicio de tiro lejano de Duda o bien porque Apoño carecía del enfoque necesario para cantar gol. Al mediocentro, reconvertido para la ocasión en interior izquierdo después de comenzar el duelo en la orilla contraria hasta permutar su posición con la de Duda, se le hizo de noche en varios asaltos. Cuando no fue Iraizoz el que le desactivó, sobre todo en una impetuosa volea que el arquero rojiblanco resolvió de manera mayúscula estirándose con la flexibilidad de un gimnasta y endureciendo las manos como un gran púgil. El fantástico frenazo de Gorka a la escalada de Apoño, cada vez menos liviano, con mayor ascendente en el juego, otorgó un camión cisterna de oxígeno para el Athletic, que a una manecilla del descanso no estaba para demasiados dispendios y menos aún para ningún tipo de derroche tieso como estaba su fútbol, refugiándose en las manos de Iraizoz.
Tuvo que hacer lo propio el Málaga en el amanecer del segundo acto, que el Athletic, rehabilitado, vitaminado, inició con más electricidad, efervescencia, convicción y revoluciones. Asenjo, cedido por el Atlético, sirvió de sostén a los suyos desviando una peligrosa rosca que trató de embocar Iker Muniain, que recibió en posición ventajosa de David López, después de que este descontara un puñado de rivales con su slalom hasta asistir a Munian. El Athletic era otro a lomos del galope de Javi Martínez, un rompehielos para la zona ancha del Málaga, que ya no monopolizaba la pelota.
siempre javi El relinche de Javi Martínez proyectó a los rojiblancos, más reconocibles en una propuesta sin bridas, disperso el gobierno del duelo. El Athletic se volcó en las bandas y percutió sobre el perímetro que maneja Llorente, que alcanzó mayor estatus en el juego colectivo, inofensivo sin embargo en el área. Sin control, desmadejado el pulso, los ataques superaban a las defensas. Se convirtió el debate en un asunto de pegada más que de fútbol.
El Málaga, que presentaba cada vez más filo, se tiró de los pelos cuando Rondón, sin oposición, cabeceó fuera ante la pechera de Iraizoz. Tampoco hizo diana Apoño, que se enredó con la pelota en un centro que había desarmado a los zagueros y a Gorka. Sucedía que el alambre por el que caminaba el Athletic era cada vez más endeble, menos resistente. Apenas unos hilos sujetaban a los bilbainos, un enganche errático que saltó por los aires con el cabezazo de Demichelis atacando con fuerza el primer palo en el saque de esquina tocado por el preciso Duda. El central argentino perforó las ilusiones hasta la aparición milagrosa, mágica, providencial, fantástica, de Javi Martínez, que devolvió el golpe en el descuento con un gol de cabeza servido por el pie de Gabilondo.
MÁLAGA: Asenjo; Manolo, Weligton, Demichelis, Mtiliga; Duda (Min. 83, Fernando), Camacho, Apoño, Quincy (Min. 73, Fernández); Maresca (Min. 56, Recio) y Rondón.
ATHLETIC: Iraizoz; Iraola, San José, Ekiza, Koikili; David López, Orbaiz (Min. 83, Igor Martínez), Javi Martínez, Iturraspe (Min. 61, De Marcos); Muniain (Min. 70, Gabilondo) y Llorente.
Goles: 1-0: Min. 80; Demichelis. 1-1: Min. 93; Javi Martínez.
Árbitro: Velasco Carballo (Colegio Madrileño). Mostró tarjeta amarilla a los malaguistas Camacho, Demichelis, Recio, Apoño y Asenjo, y a los futbolistas del Athletic, San José y Muniain.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimoctava jornada de Liga disputado en el estadio La Rosaleda ante unos 25.000 espectadores.
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