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Para cambiar este hábito se estudia colocar torres con nidos en la zona alta del castillo
Susana Martín - Miércoles, 9 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 05:47h
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Orduña seguirá protegiendo y cuidando a las cigüeñas, pero pretende que no se levanten nidos en la iglesia de la Sagrada Familia. (Foto: DEIA)
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Orduña. Un año más, las cigüeñas comienzan a llegar a Orduña. Lo llevan haciendo desde mediados de enero y permanecerán asentadas en la ciudad hasta, por lo menos, el mes de julio. De momento se han contabilizado cinco nidos -menos que el año pasado por estas mismas fechas- y dos de ellos se han empezado a construir en lo alto de la iglesia de la Sagrada Familia, ubicada en plena Foru Plaza.
Es un emplazamiento típico y tradicional para esta especie de ave zancuda que se ha convertido en uno de los iconos y principales atractivos de la ciudad. Sin embargo, el Ayuntamiento está interesado en que, poco a poco, se produzca un cambio de hábitos y costumbres para preservar el mantenimiento del edificio y garantizar la seguridad de los viandantes. Y es que el lugar donde se están levantando los nidos pueden suponer un riesgo para las personas en días de viento intenso y porque además pueden provocar daños en el tejado y en la fachada de un templo religioso que ha sido recientemente restaurado y que es una de las joyas del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Por ello, el Consistorio local, la Diputación Foral de Bizkaia, responsables de los Josefinos y del Obispado están entablando conversaciones para crear y colocar cuatro plataformas con nido en la zona alta del castillo e intentar, de esta manera, que las queridas cigüeñas dejen de asentarse en las espadañas de la iglesia. De momento, es una iniciativa que se está valorando pero difícil de ponerse en práctica a lo largo de esta temporada puesto que las aves ya parecen haber elegido sus domicilios invernales en Orduña: la iglesia de la Sagrada Familia, el ayuntamiento, el edificio de Correos y el convento de Santa Clara.
Los nidos de cigüeñas en las alturas han sido desde siempre una estampa típica de Orduña, hasta que en 1963 un temporal de viento tiró y destruyó las moradas de las zancudas y los huevos. A partir de entonces, y durante 28 años, estas aves dejaron de recalar en la ciudad, aunque hace una década comenzaron a regresar. Gran parte de culpa la tuvo la implantación, en 2001, de un nido en la espadaña de la casa consistorial y, desde entonces, el número de parejas que pasan el invierno en el casco urbano del municipio ha ido creciendo hasta alcanzarse hace dos años el récord histórico de 18 ejemplares.
El paulatino aumento de la colonia se debe, por un lado, a la abundante comida que encuentran tanto en los ríos como en los campos del entorno y también porque entre los nuevos inquilinos han ido llegando crías de cigüeñas que ya habían visitado la ciudad.
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Gracias por su comentario
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