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TAEKWONDO

Hasta el infinito y más allá

¡Muatsogui!’ ‘¡Chumbi sogui!’ ‘¡Chariot!’ ‘¡Sabomnin Kionñe!’ Con estas palabras se inicia una clase de taekwondo y significa que se preparen, presten atención y saluden al entrenador

Miriam Rodríguez - Jueves, 10 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 11:33h

El club Las Llanas se ha proclamado campeón de Euskadi de acrobacias

El club Las Llanas se ha proclamado campeón de Euskadi de acrobacias (José Sampedro)

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BILBAO. Acrobacias imposibles, torres humanas, saltos que tocan el techo y cuatro corchos rotos de una vez. No son acróbatas de circo pero las pruebas que realizan dejarían muda a cualquier persona que se sentara a ver cómo se las gastan estos chicos y chicas. A veces parece que vuelan y da la sensación de que van a sufrir una caída por la espectacularidad de sus hazañas.

Así se presenta el club de taekwondo de Las Llanas, un equipo que se dedica a una disciplina de este deporte que consiste en combinar los rompimientos y saltos con acrobacias. Y no son unos aficionados. Este año se han proclamado campeones de Euskadi y Ricardo, su senséi, se muestra muy orgulloso al recordarlo.

Ellos practican una modalidad que no es tan habitual como el combate y Ricardo explica el motivo. “No me gusta que los niños a una edad tan temprana se enfrenten en combates, a pesar de que cada competición esté regulada y tenga sus árbitros y sus reglas”.

En el club existen dos grupos: los principiantes y los veteranos. Los recién llegados entrenan dos días a la semana y hacen cosas básicas. En el momento en el que se empiezan a vislumbrar aptitudes y se percibe que hay ganas, puede pasar al grupo de los veteranos que se dedica a hacer exhibiciones. Los que llevan más tiempo, dedican al deporte tres días a la semana exclusivamente y preparan con mimo los ejercicios que van a realizar. “Nosotros no hacemos competiciones.

Sólo exhibiciones y el campeonato de Euskadi. Además, tenemos nuestra propia gala donde invitamos a las selecciones de Galicia yNavarra y a algún equipo de karate que hace lo mismo que nosotros. Todos los participantes reciben regalos”, explica Ricardo.

¿Cualquiera podría practicar este deporte? La respuesta es sí. “Se necesita una dosis de ilusión y sacrificio y, sobre todo, un trabajo disciplinario. En cuanto a las características físicas, lo más importante es gozar de una buena elasticidad y flexibilidad”, señala el maestro. Y, además, se necesita algo que no todo el mundo posee y es valentía. Son ejercicios muy complicados que requieren una intensa concentración y una mentalidad a prueba de bomba.

Una vez explicado lo que conlleva la actividad habría que hablar de lo que realizan en las exhibiciones.

“Tienen dos minutos para hacer una serie de ejercicios. Realizan formaciones humanas y configuran unas técnicas en el aire preestablecidas. Cada ejecución debe culminarse con el rompimiento de corchos. El requisito imprescindible es que deben participar los seis o nueve componentes del grupo, independientemente de que seanmejores o peores.Además, deben realizarlo al ritmo de una música”, explica Ricardo.

Habría que verlo porque es casi imposible relatar con palabras el ritmo frenético que siguen para montar sus ejercicios y precisamente esa tensión es la que se vive en las clases, tensión acompañada de una fuerte disciplina. Cada uno tiene asignado su cometido y sabe muy bien lo que hacer en los entrenamientos. Después de los estiramientos, comienzan los primeros ejercicios. Las torres humanas se crean en un abrir y cerrar de ojos. Uno se agacha y servirá de trampolín para que el resto realice sus saltos.No existe tiempo para respirar. El tiempo corre y hay que pasar a lo siguiente. Nuevas torres humanas. Apoyos, carrera y salto con rompimientos. Uno cae el suelo, otro tropieza y una chica cae mal y se lesiona en el pie. Gajes del deporte.

Finaliza el ejercicio y el senséi no está contento con el resultado y les hace reflexionar de cara a la pared. Les reprime para que piensen en lo que han hecho mal y no vuelva a repetirse. Seguidamente, vuelven a intentarlo. La cosa mejora pero ese día se encuentran por debajo de su nivel habitual. Sentado en un banco, Aitor observa a sus compañeros con envidia porque él no está con ellos.

El joven ha vivido la cara amarga de este deporte arriesgado y es que se lesionó en el festival de Navidad que se celebró en La Casilla. Debía realizar un salto pero tuvo tan mala suerte que cayó desde una altura de casi cuatro metros. Afortunadamente sólo se rompió la muñeca, aunque le mantendrá alejado del taekwondo durante un tiempo porque es posible que tengan que operarle. Ala pregunta de si le gustaría volver a las acrobacias, Aitor no dudó en contestar que sí. Todo un valiente.

Asistir a una exhibición te deja sin aliento. Dos minutos agotadores donde es imposible despistarse porque el ejercicio se va al garete. Por eso, el maestro es duro con ellos cuando cometen un error.

Parece increíble ver cómo niños y niñas de ocho años saltan sin miedo y no les importa caerse porque vuelven a levantarse. Les gusta y quieren ser los mejores. ¡Sabomnin Kionñe!

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