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María, David, Juan y Patricia relatan a DEIA su día a día en el que hacen frente al desempleo juvenil
adrián legasa - Domingo, 20 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 09:02h
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María no encuentra trabajo en ningún centro social. (Foto: david de haro)
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Bilbao
El paro afecta a uno de cada cuatro jóvenes vascos menores de 25 años, según la encuesta publicada por el Eustat en enero, que fijó el desempleo juvenil en la CAV en el 28% a finales de 2010, la cifra más alta en la última década. Además, la realidad es más dura que la que muestran las estadísticas ya que muchos jóvenes, al ver que sus currículums no obtienen respuesta, optan por dejar de buscar empleo y prolongar sus estudios en la universidad, a través de becas, postgrados o cursos del Inem.
A la falta de oportunidades se suma la precariedad en la que trabajan muchos jóvenes. Trabajos en prácticas, temporales y por horas están a la orden del día entre la juventud. Firmar un contrato indefinido se ha convertido en el sueño de muchos jóvenes en Euskadi, donde a pesar de todo, la tasa de paro juvenil está lejos del 42,8% que sacude al resto del Estado, con un millón y medio de parados menores de 30 años, según el INE.
Para reducir esta alarmante cifra, el Gobierno de Zapatero continúa introduciendo incentivos entre las empresas para que hagan más contratos. La nueva reforma de políticas activas impulsada por el PSOE pretende favorecer el empleo entre los menores de 30 años a través de un descenso de las cotizaciones a la Seguridad Social. Así, las empresas de menos de 250 trabajadores no tendrán que cotizar por los jóvenes durante el primer año de contrato, mientras que aquellas que cuenten con una plantilla más amplia quedarán exentas en un 75%. La otra reforma positiva para los jóvenes son las nuevas cotizaciones en programas formativos y de investigación, que paliarán los efectos de la reforma de las pensiones que prolonga la edad legal de jubilación hasta los 67 años. Además, quienes lleven más de dos años en paro seguirán cobrando una prestación de 400 euros mensuales.
A la espera de que estas medidas sean efectivas, los jóvenes mantienen la esperanza de conseguir un trabajo estable que les permita, en primer lugar, salir de casa de sus padres, y, después, cotizar los años suficientes para retirarse a los 65 con toda la pensión.
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