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Guerra en Costa de Marfil

"Ya no tengo esperanzas de salir de Abiyán"

El arrantzale bermeano atrapado en Costa de Marfil está atemorizado por los robos y los saqueos
Los soldados franceses se niegan a rescatarlo y la embajada española sigue sin prestarle asistencia

Marta Martínez - Viernes, 8 de Abril de 2011 - Actualizado a las 05:50h

Amaia Fernández del Campo, hermana de Aitor, está moviendo cielo y tierra para sacar a su familia de Abiyán.

Amaia Fernández del Campo, hermana de Aitor, está moviendo cielo y tierra para sacar a su familia de Abiyán. (Foto: David de Haro)

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Bilbao. "Ya no tengo esperanzas de salir de aquí". Así de desilusionado se mostraba ayer el arran-tzale bermeano Aitor Fernández del Campo, atrapado junto a su esposa e hijo en su vivienda de Abiyán, ciudad portuaria de Costa de Marfil y escenario de encarnizados combates. Si el miércoles confiaban en que las autoridades francesas o Naciones Unidas les sacasen de la zona, ayer se dieron de golpe con la realidad: "Han pasado de nosotros olímpicamente", dice Aitor. "Estamos a dos kilómetros de la base militar de los soldados franceses, que no nos digan que no pueden venir a buscarnos. Veo un helicóptero francés pasar todos los días por encima de mi casa. Todos los días. Que digan que no quieren venir a recogernos, no que no pueden", agrega decepcionado.

Aitor y su familia, como la inmensa mayoría de sus vecinos, se han encerrado en casa, aunque eso no les tranquiliza. El arran-tzale bermeano asegura que están pasando mucho miedo, sobre todo por las noches. Son conscientes de que jóvenes armados siguen asaltando y saqueando las casas, y temen que vuelvan a entrar en la suya. "Llevo tres días sin dormir", reconoce. "Por el día está tranquilo, lo peor llega por las noches, es cuando se escuchan los disparos. Hoy (por ayer) no nos han entrado a casa, pero hemos pasado mucho miedo".

Aitor apunta que ser blanco le hace más vulnerable a los asaltos. "Lo primero que les viene a la cabeza es blanco-dinero. Ya me pasaba antes de la guerra, pero no hacía caso y listo. Pero ahora vienen armados, vienen asaltándote a casa, a mí ya me han entrado tres veces y la próxima vez solo me queda mi vida para darles", relata angustiado desde su residencia marfileña.

Jóvenes armados Desde Euskadi, su hermana sigue poniendo todo de su parte para sacar a su familia de Abiyán. Amaia Fernández se ha puesto en contacto, incluso, con periodistas en la zona para conocer la situación. "Una corresponsal estadounidense me cuenta que ellos no salen del hotel. Que los que tocan las puertas son chavales de 14 y 16 años, totalmente drogados, a los que Laurent Gbagbo ha dado armas. El miércoles mismo amenazaron a varios periodistas. Eso me da mucho miedo, porque estos chavales matan", señala Amaia, quien describe un trágico suceso ocurrido ese mismo día: "Los cascos azules sacaron en ambulancia a un ciudadano francés que tenía complicaciones de salud. Un grupo disparó a la ambulancia, la paró y mató al hombre francés".

Amaia, al igual que su hermano, desconfía de las promesas. "El último correo que he recibido de Francia dice que tienen localizado a mi hermano, que está a dos kilómetros de los soldados franceses, que no me agobie, que le están protegiendo, pero hasta que no lo saquen de allí no vamos a estar tranquilos", manifiesta. De la embajada española ni siquiera han tenido una respuesta así. "Hoy me ha llamado la embajadora Cristina Díaz para preguntarme a ver si sabía algo de mi hermano. La respuesta ha sido: ¿No eres tú la que me tiene que dar información?".

Amaia lo está intentado todo, también a través de un conocido afincado en Costa de Marfil. "Es un empresario vasco que tiene una empresa de importación y exportación de cacao y él está sacando a sus trabajadores senegaleses del país. El problema es que está en la ciudad de San Pedro y no en Abiyán", explica. Amaia, como toda su familia, está muy preocupada por la situación de Aitor en Abiyán y también por su pesimismo. "Hoy me decía: Amaia, para, no nos van a sacar de aquí", afirma.

La rutina de la guerra El día a día en su residencia de Abiyán es cada día más duro. Aitor y su esposa, Nina Youk, se están quedando sin carbón para cocinar, "y sin carbón ya no hay comida". Su principal preocupación es que su hijo de cinco años no sufra ningún trauma por lo que está sucediendo a su alrededor, por lo que cada día inventan una historia para disfrazarle la realidad. Aitor y Nina tratan así de evitar a su hijo la crudeza de esta guerra, que ya ha causado cientos de muertos en todo el país desde el pasado 28 de noviembre. "Le decimos que los tiros son petardos, que hay gente de fiesta en la calle y que por eso hay tanto ruido. El día que nos entraron en casa, le dije que íbamos a jugar al escondite y que se metiera debajo de la cama", cuenta el arrantzale bermeano. Los saqueos y robos son generalizados en Abiyán, la capital comercial marfileña, actos que intentan evitar las patrullas de la Misión de las Naciones Unidas en Costa de Marfil (Onuci) y de la operación francesa Licorne.

Las Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil (FRCI), leales a Alassane Ouattara, reconocido por la comunidad internacional como el vencedor de las elecciones del año pasado, aseguraron ayer que también han desplegado a sus soldados en diferentes barrios para evitar robos, sin embargo, hay zonas en las que el caos se sigue adueñando de la noche y donde los partidarios de Gbagbo, que se niega a abandonar el poder y se esconde en un búnker en el Palacio Presidencial, siguen sembrando el pánico.

Una de ellas es la residencia presidencial y sus alrededores, donde se encuentran varias embajadas. Ayer, una operación para poner a salvo al embajador japonés, Okamura Yoshifumi, desató un duro enfrentamiento entre los soldados franceses de la misión Licorne y los partidario del presidente saliente. El diplomático nipón había quedado atrapado en la embajada, que se encuentra a pocos metros del Palacio Presidencial, y estaba siendo atacado por los leales a Gbagbo, que habían logrado instalar armas pesadas en el tejado de la residencia y amenazaban a los embajadores de la zona y a la población civil, por lo que las tropas francesas decidieron actuar.

Las FRCI, por su parte, volvieron a atacar por segundo día consecutivo la residencia oficial de Gbagbo, su último reducto, con artillería pesada. El objetivo de las fuerzas leales a Ouattara sigue siendo el mismo: desalojar al presidente saliente para permitir que su líder tome posesión como nuevo jefe del Estado. Abiyán es la batalla definitiva de Ouattara para hacerse con el control del país, sin embargo, como la crisis se siga alargando, su habitantes, entre ellos el bermeano Aitor Fernández, vivirán atemorizados, recluidos en sus casas, rezando por permanecer un día más con vida y suplicando protección. En el caso del arrantzale, pidiendo que las autoridades europeas se hagan cargo de su situación y la de su familia.

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