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El museo acoge la primera muestra a gran escala de la colección privada de Dimitris Daskalopoulos
IÑAKI MENDIZABAL ELORDI - Martes, 12 de Abril de 2011 - Actualizado a las 05:52h
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"Dependencia/independencia", de Annette Messager (EFE)
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BILBAO. El Museo Guggenheim de Bilbao sigue sumando argumentos para que todo amante del arte se vea arrastrado de forma inexorable hacia sus formas sinuosas. A la exposición Caos y clasicismo: arte en Francia, Italia, Alemania y España, 1918-1936, presentada en febrero, se le anexa ahora otra muestra no menos espectacular: El intervalo luminoso: The D. Daskalopoulos collection. Se trata de la primera exposición a gran escala de la colección del financiero griego Dimitris Daskalopoulos, considerada una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más importantes del mundo. El tesoro del magnate se podrá visitar hasta el 11 de septiembre.
De las más de 400 obras que ha ido acumulando el afamado coleccionista desde 1992, se han seleccionado 58 para esta muestra, y son 31 los artistas que confluyen en este nuevo y sugerente proyecto. Cada artista está representado por una instalación o un grupo de obras significativas en su trayectoria, dando como resultado un completo análisis de algunos de los desarrollos artísticos más relevantes de las últimas décadas.
De este modo se oferta una amplia exploración en torno a la coexistencia de la esperanza y la desesperación en la condición humana, y a las posibilidades generativas de la tensión dialéctica entre ambas circunstancias.
La exuberante colección presenta piezas y grandes montajes de reconocidas figuras como Louise Bourgeois, Robert Gober, Mike Kelley, Martin Kippenberger, Paul McCarthy, Annette Messager y Kiki Smith, o de jóvenes talentos como Paul Chan, Guyton/Walker, Nate Lowman y Wangechi Mutu. La muestra está comisariada por Nancy Spector.
Filosofía y arte El título que pretende condensar el imaginario de la nueva exposición procede de los escritos del filósofo griego Nikos Kazantzakis (1883-1957), cuyo pensamiento ha sido determinante en la práctica coleccionista de Dimitris Daskalopoulos. Kazantzakis concebía la vida como un "intervalo luminoso" durante el cual lucha y desintegración son necesarias para la creación y el renacimiento.
En este torbellino confluyen crisis y éxitos de la vida contemporánea, y se aluden contextos geopolíticos o sociales concretos, aunque a la vez se abordan también cuestiones universales, especialmente "la incuestionable capacidad de recuperación del espíritu humano".
La comisaria Nancy Spector explicaba en la rueda de prensa de ayer que "uno debe vivir la vida con el conocimiento de lo inevitable de la muerte" y que en ella los artistas plasman en sus obras "la coexistencia de opuestos que definen la vida y la condición humana". Así, el museo ha dispuesto las obras en galerías bautizadas para la ocasión como Interior y exterior, Contención y constreñimiento, Transgresión y transformación e Individualidad y colectividad.
Piezas medianas se intercalan con grandes instalaciones que ocupan galerías enteras del primer y segundo piso del Museo, conformando un proyecto que el director general del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, tildó de "histórico", por su carácter único. También agradeció al magnate griego su deferencia para con el Guggenheim, que una vez más ha trabajado en estrecha colaboración con la Fundación Solomon R. Guggenheim. Su director, Richard Armstrong, estuvo presente en la presentación del nuevo proyecto, y aseguró que éste ha sido posible "gracias a las fuertes sinergias que existen entre los dos museos, el de Bilbao y el de Nueva York". Armstrong calificó la colección de "valiente y persuasiva", a la vez que felicitó al patrocinador, Iberdrola, al haber apostado desde el principio por la marca Guggenheim.
Valiente porque no es fácil apostar por obras de esta envergadura, y persuasiva porque los montajes inundan del todo el iris del ojo del visitante, que se queda pasmado ante estas estructuras mastodónticas. Es el caso de Exhumando la glotonería: otro réquiem, por ejemplo, obra en la que Wangechi Mutu refleja la gula de la sociedad actual; o de Chrysler Imperial, en la que Mathew Barney proyecta una película sobre la demolición del edificio Chrysler de Nueva York e inmortaliza en cinco unidades escultóricas un momento de ese derrumbe.
En otros casos, en lugar de una instalación los autores están representados por un grupo de obras representativas de su trayectoria, como es el caso de Robert Gober, que a través de seis de sus trabajos muestra su interés por la vida, por el cuerpo humano y por objetos cotidianos que moldea hasta convertirlos en representaciones del cuerpo humano. También muestran su interés por el cuerpo humano Kiki Smith, una de las artistas más conocidas de la muestra, que exhibe en sus obras entrañas o materia fecal; Paul McCarthy, cuya escultura Cabeza de tomate se ha convertido, según Nancy Spector, en la "mascota" de la exposición; y Marina Abramovic, quien, mediante una proyección de vídeo en cinco monitores, muestra el proceso de limpieza de un esqueleto.
La muestra incluye "cameos de artistas", como el de Paul Pfeiffer, que en Los Santos se hace eco de la victoria de Inglaterra sobre Alemania en el Mundial de Fútbol de 1966 mediante la reproducción del sonido de las gradas durante el partido y la proyección del propio partido, entre otras imágenes. Otro "cameo" es el de Rivane Neuenschwander, quien para crear Contingente pintó un globo terráqueo utilizando miel y después filmó cómo los mosquitos se comían poco a poco todos los países hasta su desaparición, como símbolo de la erosión del planeta.
Y finalmente está el siempre polémico Damien Hirst, que comparece con dos montajes que no dejarán indiferente a nadie.
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