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Deambular, querer comer a todas horas, sufrir olvidos o delirar son algunos de los trastornos de comportamiento que sufren los mayores con demencias. "Nunca les regañaremos por hacer nada porque realmente es algo que no pueden controlar", aconseja la psicóloga
Arantza Rodríguez - Domingo, 24 de Abril de 2011 - Actualizado a las 05:48h
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Vidaurrazaga en uno de los centros de día donde trabaja. (Foto: Zigor Alkorta)
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BILBAO. Su falta de empatía y su egocentrismo evocan el comportamiento infantil, pero "aunque no recuerden lo que han hecho hace un momento ni su nombre, no se les puede tratar como a niños", afirma Susana Vidaurrazaga, psicóloga de los centros de día de Igurco (Grupo IMQ), quien recientemente ha desgranado en Bilbao las claves para cuidar a los mayores dependientes con trastornos de comportamiento.
¿Qué síntomas indican que un cuidador está sobrepasado?
Estar irritable no solo con la persona a la que cuido, sino también con el resto, el predominio de pensamientos negativos -todo esto es horroroso, no puedo más-, estar nervioso, no poder dormir, entrar en llanto enseguida...
A veces uno no puede reprimir las lágrimas. ¿Hay que evitar llorar delante de quien cuidamos?
Verte llorar puede generar en la persona a la que cuidas una sensación de confusión o alteración. No somos supermanes y hay momentos en los que no podemos evitar sentirnos mal, pero es conveniente respirar hondo, salir de la habitación e intentar desahogarnos.
El primer día en que tu familiar no te reconoce debe ser muy duro. ¿Hay que disimular?
Es muy doloroso porque evidencia que la persona se está yendo y ya nunca va a ser como era, pero aunque no sepa cómo te llamas, sí que es receptivo a tu presencia, porque necesita a alguien que le trate con cariño y que esté con él.
Algunas de estas personas muestran agresividad. ¿Qué la provoca?
A veces se produce por miedo, por ejemplo, a personas desconocidas, porque quieren evitar situaciones que no les gustan o porque no consiguen hacer lo que quieren. El hecho de que haya mucha luz, mucho ruido o personas que estén justo en su camino también hace que tengan una conducta agresiva, que a lo mejor es simplemente de evitación. No pretenden hacer daño a nadie. Lo único que quieren es solucionar su sensación de miedo.
¿Cómo se les puede calmar?
Con el tacto, aunque hay personas a las que, en un principio, les irrita más. Hay que moverse con tranquilidad, hablar con voz pausada y mirarle, porque así sabe que le estamos escuchando. También evitaremos todo lo que le moleste: la luz, el ruido, una mesilla con la que se puede hacer daño, un bastón con el que nos puede golpear... Intentaremos distraerle con algo que le haga sentirse seguro y le iremos reconduciendo hacia donde queremos.
Más de uno se niega a bañarse.
La persona ya no sabe por qué tiene que bañarse o ir a la calle. Lo único que sabe es que no le apetece hacerlo. Se encuentra ante una persona que le está induciendo a hacerlo y, ante la insistencia, al final reacciona agresivamente.
¿Qué puede hacer el cuidador?
Si insistes, se va a negar en banda y ya es imposible. En un estado de agitación, no vas a conseguir nada porque la situación es incomprensible para él. Si esperas a que esté tranquilo puedes intentarlo de nuevo. No debes decirle: ¿Vamos?, sino simplemente guiarle de forma muy tranquila hacia el baño. Hay que intentar que el entorno sea agradable, que no haya mucha luz ni el agua esté fría y que las prendas sean fáciles de quitar y poner. Así quitamos obstáculos al proceso, que ya en sí es muy molesto y cansado y con muy poco sentido para él.
Muchos rotan por las casas de los hijos. ¿Es perjudicial para ellos?
Los cambios en la rutina les afectan mucho. La persona con deterioro no es capaz de adaptarse, no sabe dónde está el baño y la convivencia en cada domicilio es diferente. No tiene las herramientas para seguir el día a día y entonces se vuelve muy pasivo o, por contra, está muy nervioso. Por otra parte, el cuidador necesita ese respiro. Lo que debe hacer es intentar que esos periodos sean lo más largos posibles.
Si se olvidan, por ejemplo, de tomar la medicina, ¿hay que regañarles?
Él puede tener la seguridad de que lo ha hecho. No tiene sentido que yo le confronte con esa realidad porque no lo va a entender. Lo único que generaría eso es una ansiedad y un enfado en los dos. Tenemos que evitar el enfrentamiento, cambiar de actividad e ir analizando qué situaciones le confunden más.
¿Qué hacer cuando sufren delirios?
Un delirio es una idea errónea, pero certera para él. Tampoco podemos confrontarle con la realidad. Tenemos que escucharle, entender qué es lo que le angustia tanto e intentar tranquilizarle siguiendo el razonamiento del delirio si es posible.
¿Podría poner un ejemplo?
Uno de los delirios más típicos es el de que mi madre está enferma y me está esperando. Ahí podemos decir: Vamos a llamar a tu madre para preguntarle cómo está. Ir solucionándolo, pero dentro del delirio, no decir: Tu madre está muerta. Si el delirio es tan fuerte que no hay ningún argumento que podamos utilizar, lo que haremos será distraerle: Me han llamado por teléfono, espera que tengo que hacer no sé qué, para que él cambie de tarea.
A otros les da por deambular por casa. ¿Hay que dejarles?
La deambulación es una expresión de una sensación de malestar y no la podemos anular. Tenemos que tomar todas las medidas necesarias para que la persona no pueda salir sola, desorientarse y perderse, avisar a los vecinos e intentar retirar obstáculos que puedan hacerle caer.
Si por ellos fuera, algunos estarían comiendo a todas horas.
Si tienen necesidad de comer muchas veces, lo mejor es no regañarles y ofrecerles comida hipocalórica. Cuando, por contra, la ingesta es muy escasa, el alimento debe ser lo más atractivo posible -cosas fáciles de masticar o semilíquidas- y hay que darle todo el tiempo del mundo para comer. En casos importantes, probablemente sea necesario un complemento alimenticio.
¿Cómo actuar ante las conductas automáticas, como limpiar?
Decirle que pare a veces funciona, pero otras veces no. Lo mejor es cogerle tranquilamente de la mano para que deje de hacerlo, agradecerle lo mucho que nos ha ayudado y dirigirle hacia otra actividad. Si no es posible, dejamos que se canse.
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