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Michele Scarponi, quinto clasificado en la clasificación general tras pagar caro en el Etna su respuesta inmediata y visceral al ataque de Alberto Contador, charla con DEIA a las puertas de la gran montaña alpina, que llegará al Giro de Italia a partir de mañana
Enviado especial, Alain Laiseka - Jueves, 19 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:53h
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Scarponi, el único de los favoritos que asomó; tras él Weening. (Foto: efe)
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Castelfidardo. "Yo no me rindo", dice Michele Scarponi (Jesi, Italia, 1979) cuando le sugieren un paralelismo temporal y le convierten en el Claudio Chiappucci de la década de los 90, el azote voluntarioso de Miguel Indurain, en el marco de un Giro de Italia que desde el domingo en el Etna tiene a Alberto Contador como gran patrón. "Si nos rendimos a la primera, ¿por qué seguimos hasta Milán?", se pregunta el italiano, que compartió habitación con el corredor de Pinto en su primera concentración con el Liberty Seguros, en el que corrió durante dos temporadas. "En 2005 ya era considerado como un grandísimo talento en el equipo", recuerda antes de que parta en Tortoreto Lido, junto a un Adriático turquesa y calmo, la jornada de los Apeninos.
Los Apeninos, Castelfidardo, su casa.
Vivo cerca de Castelfidardo, una tierra insidiosa. Aquí me hice ciclista. Y escalador porque no podía ser de otra manera. No hay puertos duros, pero tampoco un metro de llano. Es similar al País Vasco. Aún me pregunto por qué me hice ciclista. La culpa la tuvo mi padre, que en mi primera comunión me regaló una bicicleta de carrera. Empecé a usarla y hasta hoy.
Corrió dos años en el Liberty Seguros y en esa escuadra coincidió con Contador, ¿recuerda a aquel Alberto?
Claro que me acuerdo porque en la primera concentración con el Liberty llegué al hotel y nos pusieron a los dos en la misma habitación. Fue hace seis años, en 2005. No tuve la ocasión de conocer mucho a Alberto porque apenas coincidimos en las carreras, pero recuerdo que ya entonces era muy considerado como un grandísimo talento. Claro, quizás pocos, o nadie, podían imaginar que llegaría hasta donde ha llegado, pero todos en España, en el equipo, el propio Manolo (Saiz) sabían que ese chico tenía algo. Poseía un enorme potencial y ahora es el mejor del mundo con mucha diferencia. Eso nadie lo puede prever.
Era el Liberty de Beloki, Galdeano, David Etxebarria, Marino…
Ah! Grande Marino. Hice muchas carreras con él de director. Era un hombre muy simpático. Todos los corredores estábamos contentos cuando corríamos con él porque era un gran director y una gran persona. En Italia es muy querido. La gente lo recuerda con alegría. Marino ha sido un personaje que ha dejado una enorme huella en el ciclismo, muchas cosas buenas, y la gente lo reconoce.
Su experiencia en el seno del pelotón español duró dos campañas y no acabó de explotar. ¿Qué le ocurrió?
Llegué a España, a un grandísimo equipo, para correr dos años. Todo estaba bien. El ambiente era bueno, las relaciones inmejorables, pero salvo una buena Vuelta en 2005 no obtuve buenos resultados. No sé por qué. Entrenaba bien, me esforzaba… Quizá era demasiado joven para estar en un equipo tan grande. Soñaba con ser un buen profesional y quizás ahora lo sea gracias a aquellos dos años malos. La experiencia con Manolo fue buena. Él era un hombre fuerte, duro, que creaba un vínculo especial con los corredores. Lo estimaba mucho antes y lo sigo estimando ahora.
En su carrera ciclista ha vivido momentos buenos y malos, malísimos. ¿Las crisis le han hecho más duro?
En el ciclismo, como en la vida, hay momentos felices en los que toda va bien, y otros no tan felices. Cuando un ciclista logra salir de un momento difícil encuentra en su interior una fuerza diferente, un coraje mayor que el que tenía antes. Yo diría que el dolor te hace más duro para afrontar momentos difíciles que antes te hundían.
¿Es el caso de Contador?
Por ejemplo. Pero hay muchos.
¿De los errores se aprende?
Siempre.
¿Se equivocó usted el pasado domingo al buscar la rueda de Contador?
No, no lo creo.
Pero reventó.
Ya, pero yo estoy en el Giro de Italia para intentar ganarlo. Es así en mi cabeza. La verdad puede ser que Alberto Contador es el más fuerte del mundo y que yo solo soy el líder de la Lampre-ISD. Dentro de mí, pensé que era justo intentar seguir al corredor más fuerte. Me quedé de su rueda, vale, pero luego tampoco perdí mucho con respecto a los demás líderes. Pude comprobar que Alberto es el más poderoso en este Giro, pero no me arrepiento de haberle seguido.
¿Quiere decir que si vuelve a darse la misma situación repetirá su forma de actuar?
Claro, lo sigo e intento dejarle.
Dice que es usted a Contador lo que Claudio Chiappucci era a Miguel Indurain.
Puede ser. Contador es el más fuerte, como lo era Miguel, pero si nos rendimos a la primera de cambio, ¿por qué seguimos corriendo hasta Milán? Al menos yo combatiré hasta Milán para intentar cambiar la dirección de este Giro. Yo no me rindo.
¿Una alianza italiana puede ser el mayor problema en el camino de Contador?
No existe la alianza italiana. Es un mito. Nunca existió y nunca existirá. Cada uno corre para su equipo. Y lo hace a su manera. Unos son más calculadores y otros más instintivos, como yo.
¿A Igor Antón le tienen en cuenta?
Claro, cómo no. Es un grandísimo escalador y en este Giro hay muchísima montaña. He corrido alguna carrera con él, pero nunca en un momento en el que él y yo estuviésemos en grandes condiciones. Le vi en la Vuelta del año pasado. Estaba fortísimo. Si no se llega a caer podía haber ganado la Vuelta. Si su forma sube como creo que está subiendo, va a disputar un grandísimo Giro.
¿Es un rival para el podio?
Le veo en él si yo no estoy. Solo hay tres sitios y todos no cabemos.
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Gracias por su comentario
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