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Final DE LA Liga DE CAMPEONES

El Barça se consagra en Wembley

El equipo azulgrana consigue su cuarta Champions y refuerza su jerarquía en el fútbol mundial

El United claudicó en toda regla: su gol fue fruto de la única vez que tiró contra la portería de Valdés

JULIÁN GOIKOTXETA - Domingo, 29 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:52h

Barcelona celebra su cuarta Champions Reproducir

(EFE)

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BIlbao. El gol del Manchester fue posible porque el trío arbitral no observó el fuera de juego con el que Giggs habilitó a Rooney, protagonista de la acción y de un tiro espléndido desde el balcón del área que batió irremisiblemente a Valdés. De no haber sido por un error arbitral, el ilustrísimo campeón inglés, el gran rival del duelo más esperado para calibrar al equipo hegemónico del fútbol mundial, se habría quedado sin lanzar una sola vez contra la portería blaugrana en noventa minutos, que se dice pronto.

Y eso es mucho decir tratándose de la final de la Liga de Campeones, y es sobre todo muchísimo decir sobre el Barça de Pep Guardiola, que ahora sí entra en la leyenda por derecho, sumando su segunda Copa de Europa en dos años, la cuarta en toda su historia; la tercera Liga consecutiva, tres de tres bajo la batuta de Pep, amén de otra serie de títulos de menor calibre (Copa, Supercopa de España y de Europa, la Copa Mundial de Clubes FIFA...) y con un equipo conformado básicamente con nutrientes de la cantera.

El Barça lo ha conseguido además en Wembley, el gran templo del fútbol internacional, el mismo escenario que consagró al Dream Team de Johan Cruyff en la final disputada ante la Sampdoria de Genova y resuelta con el atinado lanzamiento de falta ejecutado por Koeman en la prórroga del encuentro.

Aquel Barça de ensueño marcó su poderosa impronta, pero sobre todo implantó en el club barcelonés su estilo único que ha germinado bajo la dirección de Pep Guardiola como un árbol bello y frondoso, que desprende aromas de fútbol absolutamente embriagadores. Ganar deleitando tiene un mérito impagable.

Mucho se habló del reencuentro entre el Manchester United y el Barça dos años después de la final de Roma, que venció el conjunto azulgrana con goles de Eto'o y Messi.

El delantero camerunés fue traspasado al Inter por una cuestión de feeling del técnico catalán, que no quiere en el seno de su plantilla tipos que distorsionen el ambiente, algo que no sucede, sino todo lo contrario con Leo Messi, un genio que ha tenido la suerte de coincidir en el Barça, donde ha podido desplegar toda su elocuencia con el balón.

A Messi le aguarda, sin lugar a dudas, su tercer Balón de Oro. Si en la ronda de semifinales descuartizó al Real Madrid en el Santiago Bernabéu anotando dos goles, el segundo absolutamente memorable, ayer volvió a aparecer para distorsionar y finalmente derrumbar el sistema defensivo impuesto por sir Alex Ferguson con sus espectaculares arrancadas, contando además con el amparo del balón de plata y el de bronce, o sea, Xavi e Iniesta, compañeros de juergas futbolísticas para desquicie del más equilibrado rival.

Su gol, el segundo, hacia el minuto 53, sirvió para que el Barça deshiciera el empate y desgarrara el manto de engaño que cubría el partido. No en vano, el Manchester, sin hacer nada del otro mundo; con un planteamiento absolutamente previsible (es decir, presionar la salida del balón del Barça desde su línea defensiva, intentar robarlo lo más arriba posible y lanzar el contragolpe con jugadores rápidos como son el mexicano Chicharito Hernández, Park o Rooney) había acumulado tantos méritos reales que su insigne contrincante.

Porque este invento se trata de eso, de marcar goles, y Rooney, el hombre más brillante del United lo había conseguido siete minutos después de que Pedro adelantara al Barça sorprendiendo a banda cambiada y entrando por la derecha persiguiendo un magistral pase de Andrés Iniesta.

el desconcierto La igualada serenó al equipo inglés, que había afrontado el partido muy concentrado, con el guión fresco y convencido de poder combatir al Barça en tan glorioso día.

Porque en los diez primeros minutos el conjunto azulgrana no se enteró de la fiesta. Tan briosa fue la salida del United que Valdés tuvo que emplearse a fondo saliendo de sus dominios para conjurar las peligrosas cabalgadas de Chicharito. Fueron dos acciones clave. Después apenas se supo del cancerbero catalán, salvo en los fastos de la celebración.

Diez minutos también tardó el Barça en cruzar el centro del campo para amenazar tibiamente los dominios de Van der Sar, el espigado portero holandés que ayer puso punto y final a su dilatada carrera, con un desgarbado disparo de David Villa. El Barça se sacudió el desconcierto, amarró la pelota y ya no la soltó. Comenzaba a sonar la música sinfónica bajo el magisterio de Xavi,. Iniesta y Messi y la fiera se amansó. Y se cansó de correr y correr hacia ninguna parte, y gastó todo su poderío en buscar un fantasma con formas de pelota, y Rooney arrastró su orgullo de campeón gritando su impotencia.

El gol de Messi impuso el orden a las cosas y sin embargo aún flotaba la duda en el aire. El fútbol también da cobijo al capricho, y incluso premia al infame. El Barça necesitaba cerrar el partido para sojuzgar el latente peligro de caer pillado en algún fulgurante contragolpe de un rival con oficio, clase y fundamentos. El Barça fue atornillando al United. No había color. En cuatro minutos (del 62 al 66), Messi por dos veces, Xavi e Iniesta pudieron batir a Van der Sar. Lo hizo Villa poco después en el 69 con un gol tremendo, por la escuadra, que servía de epitafio al partido para más gloria y fama de un equipo divertido y radiante.

1un extraño inicio El partido se ajustó al guión previsto, es decir, el Manchester presionando mucho y arriba, hasta atar de pies y manos al equipo de Pep Guardiola, que no supo por dónde le daba el aire. Durante ese tiempo, el equipo inglés pudo marcar, pero no aprovechó sus oportunidades, el Barça se sobrepuso, agarró la pelota e impuso el ritmo de partido con una autoridad más clara de la prevista.

2fantasía y alternativas Si en la primera temporada el Pep Team sorprendió al mundo con su juego arrebatador y letal, en la segunda más de un contrincante le pilló el tranquillo al tener un delantero centro específico (Ibrahimovic) que condicionó el juego de ataque azulgrana. Ahora, sin el orgulloso sueco en la plantilla y con Messi con libertad plena, Villa y Pedro alternado las bandas, o las torrenciales apariciones rompiendo por la derecha de Alves, su gama de fútbol ofensivo es tan multicolor como fantasioso. El United, por ejemplo, le esperó bien cubierto en defensa, pero el primer gol fue tras un cambio de banda de Pedro, y los otros dos de sendos lanzamientos desde el borde del área, y no entrando en paredes hasta la cocina, opción que el Barça, lógicamente, también intentó.

3el factor messi Messi aparece siempre, pero además, en su condición de número uno, aparece en los momentos excelsos, como es la finalísima europea. Su gol, el segundo, desatascó el partido y lo puso en franquicia para el Barça. Tan importante diana le sirve además para igualar la marca de 53 goles sumados esta temporada por Cristiano Ronaldo.

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