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Otro error de estrategia de Ferrari arruina a Alonso en una carrera que tras dos horas parada se llevó Button, bajo investigación por sus incidentes con Hamilton y con el asturiano, y que fortalece a Vettel
Igor Santamaría - Lunes, 13 de Junio de 2011 - Actualizado a las 05:50h
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Vettel en un parada (eFE)
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BILBAO. Aparte de algún fallo matemático y de su túnel del viento obsoleto, Ferrari debió de toparse con una manada de gatos negros, cruzar bajo una fila de escaleras o reclutar a su peor enemigo para su equipo de peritos en la materia. Otro grave error estratégico, el enésimo en dos años, –al colocar neumáticos intermedios aFernando Alonso instantes antes de que volviera a diluviar y ello obligara al asturiano a entrar nuevamente para relevarlos por los de lluvia extrema– arruinó cualquier posibilidad de podio del doble campeón delmundoen una carrera que, justo después de este incidente, se detuvo en la vuelta 25 –15 de ellas se habían disputado hasta entonces bajo bandera amarilla– durante poco más de dos horas. Pero no quedó ahí la cosa: reiniciada la prueba y después de un innecesario paso por boxes, Button golpeó al bólido rojo y mandó definitivamente a Alonso a descansar. Tras unos entrenamientos y una cronometrada sobresaliente, este enloquecido Gran Premio no pudo terminar peor para los intereses de la escudería italiana. Bueno sí,Massa iba para podio y acabó con el morro hecho añicos. Para más inri, quien cruzó primero la línea de meta y bajo investigación fue el de McLaren pese a estar implicado en más de un percance, al tiempo que Vettel vecómotiene el Mundial prácticamente en su mano. Y es que Canadá, donde la aerodinámica no es crucial, era de los pocos sitios donde poder recortar distancias con el de Red Bull. Para echar la persiana.
Había amagado el cielo durante el fin de semana pero hasta la hora de la verdad no quiso descargar. Como si la tormenta perfecta hubiese estado diseñada para anegar el circuito Gilles Villeneuve a modo de contubernio.
Como el trompo inesperado que en la última vuelta privó a Sebastian de un nuevo éxito. Era como si el agua tuviese la misión de atolondrar a todos en un carrusel de decisiones circenses. Empezando por los comisarios de la FIA, que se decantaron por suspender la salida lanzada para colocar de entrada el safety-car, que se convirtió en un invitado constante. Ahí, Alonso perdió la posibilidad de adelantar en las curvas iniciales a Vettel, jugándosela cuando el Mercedes plateado se marchó tras cinco vueltas de vana caravana. Apretó pero el alemán tapó sin demasiados problemas y dejó atrás a la pareja ferrarista, siendo él quien fue marcando diferencias paulatinamente mientras sus perseguidores caían en una y otra trampa.
Los díscolos de McLaren fueron los primeros en tirarse los trastos a la cabeza en la recta de meta, donde ambos se rozaron cuando Lewis trató de adelantar a Jenson. Lo que este curso parecía un matrimonio que al menos se consentía las trastadas derivó en divorcio, y esta vez quizás no tuvo la culpa el excompañero de Alonso, condenado a irse a casa aunque antes ya las había tenido consigo con Webber y Schumacher.
Fue un sutil cierre que no venía mucho a cuento el que le llevó al desguace. El primer patinazo de Alonso se produjo en la vuelta 18, cuando acudió a cambiar sus ruedas extremas por unas intermedias, tras comprobar que aButton le iban de miedo. En la escudería transalpina quizás no tenían el parte climatológico con que sí contaban en otras, o prefirieron hacer caso solo de su intuición. La decisión era más que arriesgada porque el líquido elemento podía hacer acto de aparición en cualquier momento. Las nuevas gomas echaron todo por la borda. Volver y perder. Se desató el mayor vendaval que la Fórmula 1 ha visto desde aquel Gran Premio de Malasia de 2009.
FUE PEOR EL REMEDIO... El coche de seguridad retornó al ruedo para regular la circulación y el astur se encontró más que perdido en mitad de un desierto. Así, acto seguido Vettel anunció por su radio que la visibilidad era nula y la bandera roja suspendió la prueba... hasta dos horas después. Tiempo en que reinó la incertidumbre, multiplicándose las apuestas sobre si iba a ser posible darle al on, y afanándose los comisarios en achicar agua por un rincón y otro del trazado. Y en esas, para Ferrari fue peor el remedio, o sea, el regreso, que toda su enfermedad. Únicamente se habían consumido un par de vueltas cuando Alonso volvió a probar con los neumáticos intermedios y, en su intento de superar a Button por el exterior para recuperar la octava plaza, acabó con el bólido encallado en el piano. Jenson siguió con una rueda pinchada y llegó al taller. “Íbamos a la par y se me llevó por delante. Las condiciones eran muy difíciles pero ha medido mal”, comentó taciturno el ovetense.
Nueva bandera amarilla y tercer safety car en pista. Las sorpresas no habían terminado. El anticipo de la resolución del podio tuvo un invitado sorpresa: Michael Schumacher, que trató de pescar en río revuelto mientras el citado morro de Massa se rompía en su encarnizada lucha con Kobayashi y los restos del monoplaza deHeidfeld sacaban de nuevo el coche de seguridad a pista, convirtiendo la victoria en una ruleta rusa entre los Red Bull, el McLaren de Button y el Mercedes del heptacampeón, cuyo último buen recuerdo databa de China 2006.
Pero su sueño se detuvo ahí, hasta que aguantó su motor. Lo mismo que Vettel resistió hasta que también el infortunio se cebó con él y un trompo relanzó a Button, inmerso en dos investigaciones al cierre de esta edición, con posible sanción, pero feliz en lo más alto. Pese a todo, el premio era fruto de su osadía y de un alarde de concentración destacable.
En verdad, nada ha cambiado en el planeta Red Bull. Ayer era el día propicio para que Alonso y su Ferrari le metieran el miedo en el cuerpo. La lluvia y sus errores ahogaron sus expectativas.
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