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La estabilidad del euro, en juego

España e Italia, contra las cuerdas

La desconfianza dispara la prima de riesgo española a 339 puntos, su récord histórico, y la italiana supera por primera vez los 300
Vuelve el fantasma de la intervención y la inestabilidad a la zona euro

Silvia Martínez - Martes, 12 de Julio de 2011 - Actualizado a las 05:51h

La ministra de Economía española, Elena Salgado, conversa con su homólogo alemán, Wolfgang Schaeuble (izda), y el griego George Papakonstantinou, durante una reunión extraordinaria del Eurogrupo.

La ministra de Economía española, Elena Salgado, conversa con su homólogo alemán, Wolfgang Schaeuble (izda), y el griego George Papakonstantinou, durante una reunión extraordinaria del Eurogrupo. (Efe)

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La presión de los mercados y el riesgo al contagio de la crisis de deuda soberana griega están más vivos que nunca en la zona euro. Lo vivió ayer Italia pero especialmente España, cuya prima de riesgo llegó a superar los 340 puntos básicos, el nivel más elevado desde la llegada del euro. También el Ibex 35 se vio lastrado en su segunda mayor caída del año al alejarse de los 10.000 puntos, -se dejó un 2,69%-, mientras que la rentabilidad del bono español a 10 años rozó el 6%, el nivel más elevado desde 1997, muy por encima del 2,7% alemán. Así que un lunes negro que se vivió muy pendiente de la reunión extraordinaria convocada por el núcleo duro de la Eurozona y el encuentro posterior del Eurogrupo. Los 17 ministros de finanzas de la Eurozona se reunieron largas horas buscando una fórmula para que bancos y aseguradoras privadas también participen en la factura del segundo plan de rescate para Grecia y devuelvan la tranquilidad perdida a los mercados.

Y es que las turbulencias financieras empiezan a cruzar el Mediterráneo y a acosar con insistencia a otras economías periféricas. Los inversores no se fían de la solvencia de algunos países y cada vez exigen mayores rentabilidades. Y prueba de ello es el varapalo que recibieron ayer economías como la española. La bolsa registró su segunda mayor caída del año, hasta los 9.670 puntos. También la prima de riesgo a diez años, el diferencial de España con el bono alemán, llegó ayer a cotas históricas al cerrar en los 339 puntos básicos.

Las dudas también se cebaron con Italia, a quien las agencias de calificación amenazaron el viernes con rebajar la nota de su deuda, que asciende nada menos que al 120% de su producto interior bruto, por el limitado crecimiento de su economía. La bolsa de Milán se dejó un 3,96% mientras que su prima de riesgo superó la barrera psicológica de los 300 puntos. Una particular situación que llevó a la canciller Angela Merkel a saltar a escena. Lo hizo para pedir públicamente al gobierno de Silvio Berlusconi un "gesto" que evite el contagio. "Debe enviar una señal importante como es la adopción de un presupuesto que responda a las exigencias de ahorro y de consolidación", advirtió. Pero no solo Italia y España sufrieron la voracidad de los acreedores. La mayoría de las plazas europeas se tiñeron de rojo, especialmente la portuguesa que retrocedió ayer un 4,28%.

Mientras esto ocurría en los mercados europeos, en Bruselas el presidente permanente de la UE, Herman van Rompuy, presidía una reunión extraordinaria a la que asistieron el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, su comisario de economía, Olli Rehn, y los presidentes del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, y del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet. Un encuentro revestido por van Rompuy con un halo de normalidad que se saldó sin ninguna conclusión y preludio del encuentro que iniciaban poco después en formato Eurogrupo los 17 ministros de finanzas.

En la agenda un único punto: negociar la participación de las entidades bancarias, aseguradoras y fondos de pensiones privados en la factura del segundo plan de rescate para Grecia. Y es que el visto bueno hace poco más de una semana de los 12.000 millones de euros del quinto tramo del primer rescate de 110.000 millones concedido el año pasado al gobierno griego no ha servido para tranquilizar a los mercados. El ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, aseguró entonces que el acuerdo sobre el segundo plan de rescate podía esperar a septiembre pero el acoso y derribo a España e Italia pone de manifiesto que la negociación es urgente.

Pese a la gravedad de la situación, las discrepancias sobre cómo debe ser la contribución de las entidades privadas dominaron la negociación. El plan francés, cuyos bancos son los más expuestos a la deuda soberana griega, de implicar voluntariamente al sector de forma que reinvierta el 70% de los bonos griegos que venzan en los próximos años en deuda nueva a 30 años sigue sin cuajar. Las agencias de calificación de riesgos ya han anunciado que cualquier reestructuración de la deuda de este tipo lo entenderán como una suspensión de pagos mientras que la postura del BCE es no aceptar obligaciones de deuda griegas si el país está en quiebra. Aún así, países como Alemania, Holanda o Austria insisten en que la banca debe hacerse cargo de una parte de la factura. "Una participación sustancial del sector privado es una condición previa para Holanda y Alemania", insistió ayer el ministro de finanzas holandés, Jan De Jager.

Mucho más prudente a su llegada, la ministra española, Elena Salgado, insistía en que la participación debe ser voluntaria para no añadir más inestabilidad. Pese a las divergencias de opinión, son muchos los dirigentes europeos preocupados por la escalada de las turbulencias. La canciller Angela Merkel advertía ayer desde Berlín que Atenas necesita un nuevo plan de rescate a muy corto plazo mientras que en Bruselas el titular de economía belga, Didier Reynders, reconocía tensiones en los mercados financieros en diferentes países, "quizás en Italia algo más que en otros, pero hay tensiones en el conjunto de la zona euro y por tanto debemos encontrar una solución". "Debemos encontrar las líneas directrices para un implicación del sector privado. Ese es el quid de la cuestión", añadió a su llegada.

Para la ministra española de Economía, Elena Salgado no hay que señalar con el dedo ni a Italia ni a España porque la Eurozona se enfrenta a una situación "más sistemática" y no debe hablarse de uno u otro país. "Aunque haya países que están siendo más afectados por las turbulencias de los mercados creo que estamos hablando de algo más. Estamos hablando de la estabilidad del euro en su conjunto que es lo que tenemos que preservar", aseguró.

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