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Períodico de Deia
Óscar Freire Tricampeón del mundo

"Las señales que anuncian mi retirada las ven más los de fuera"

El cántabro, que seguirá al menos una temporada más en el pelotón profesional, buscará mañana en el circuito llano de Copenhague el cuarto título Mundial que le permita superar el empate que actualmente mantiene con Binda, Van Steenbergen y Eddy Merckx

Alain Laiseka - Sábado, 24 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:58h

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Óscar Freire, en el podio de Verona cuando ganó su tercer título mundial de fondo en carretera.

Óscar Freire, en el podio de Verona cuando ganó su tercer título mundial de fondo en carretera. (DEIA)

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Torrelavega. No es complicado encontrar la casa de Freire cerca de Torrelavega. Lo difícil es dar con el barrio, uno de casitas desordenadas, caseríos y chalets mezclados en una loma cerca de la entrada a la autopista de Oviedo al que se entra por una estradita estrecha. Luego, no hay pérdida: la casa es la de la veleta plantada en el jardín y coronada por un ciclista de plata. Hay también en la puerta un Porsche negro que apenas utiliza. En cinco años, poco más de 10.000 kilómetros. Lo compró justo antes de que llegase la nueva generación de Freires, sus hijos. "Me equivoqué, ya ves", bromea el tricampeón del mundo, que busca mañana en Copenhague el título que le suba al Olimpo de Binda, Van Steenbergen y Merckx, algo que busca desde hace siete años pero, dice, nunca le ha obsesionado. "Lo gane o no, las cosas no van a cambiar mucho para mí".

Sin contrato firmado para correr el año que viene… Está usted como hace doce años, en 1999.

En la misma situación, pero distinto. Ahora tampoco es que me preocupe excesivamente dónde voy a correr el año que viene.

Pero sigue seguro.

Sí, un año más por lo menos. Si puede ser en Rabobank, en Rabobank.

¿Se lo pide el cuerpo?

Es que me encuentro bien. Ahora mismo, por ejemplo, mis sensaciones son buenas antes del Mundial, pese a que he tenido un pequeño forúnculo al volver de la Vuelta que me está dando guerra. No llega a ser grave, pero, por ejemplo, corrí el pasado miércoles -Gran Premio de Valonia, hace semana y media-, no me dolió y al día siguiente lo tenía bastante inflamado. Eso me ha obligado a entrenar con precaución.

El Mundial y las lesiones vertebran su carrera deportiva. ¿Habría sido usted mejor ciclista aún sin ellas?

Son cosas que pasan pero que yo no puedo controlar. No he tenido buena suerte en ese sentido, pero no es cuestión de lamentarse. Mucha gente ha sufrido problemas, lo que pasa es que yo llevo tanto tiempo en profesionales que parece que he pasado por más cosas.

Abandonó la Vuelta muy pronto y enfermo. ¿Cómo ha suplido esos días de competición para llegar bien al Mundial?

Sinceramente creo que la Vuelta viene bien para preparar el Mundial, pero para una prueba de un día, si uno está motivado y sabe entrenar, vale perfectamente prepararse en casa y descansar. El ritmo de competición no se echa de menos. Al menos, yo no lo eché de menos hace unos días en Valonia, una de las carreras en las que mejor me he sentido esta temporada. No me preocupa la falta de competición porque para llegar bien a una cita importante yo lo que necesito es entrenar bien y recuperar.

¿Y ha entrenado bien?

El otro día hice 200 kilómetros y no se me hizo largo. Al menos, pienso que para este circuito voy a llegar bien. No me va a faltar nada, aunque está claro que no me encuentro como en otras ocasiones subiendo. Pero eso en este Mundial no es importante. Todos los años preparo esta carrera en un circuito, aquí cerca, que tiene una subida, pero este año eso no me sirve para nada. A cambio he hecho mucho llano, mucho tras moto a mucho ritmo. Algún día, por el forúnculo, he entrenado algo menos; me iba a un repecho que hay a 500 metros de aquí y lo subía ocho veces a buen ritmo. Hacía unos 40 minutos casi sin sentarme en el sillín para cuidar la zona del forúnculo.

¿Está motivado?

Precisamente porque no he corrido el Tour y apenas lo he hecho en la Vuelta, siento que tengo ganas de correr. Y de entrenar.

¿No le desmotiva Gilbert, que lo gana todo?

Pero el Mundial va a ser diferente. Va a estar más vigilado que nunca. Y el circuito no es tan duro. Si fuese más duro, Gilbert sería el favorito, con diferencia, pero al ser tan llano… Va a contar mucho la táctica, la experiencia, ese tipo de cosas que puede hacer que al final no gane el que mejores piernas tiene. No sé cuál será su pensamiento en carrera, pero me imagino que Gilbert tratará de endurecer el Mundial.

Usted es uno de los grandes clasicómanos de la historia y, a su vez, ha competido contra algunos de los más grandes. ¿Puede catalogar al belga?

Pues ahora me acuerdo de San Sebastián, cuando atacó en Miracruz. Me contó Barredo que le dijeron por la radio que venía, se giró, le vio a lo lejos y cuando volvió a mirar le estaba pasando como un rayo. La verdad es que nunca he visto nadie tan fuerte como él. Bettini era bueno, pero en una carrera, en dos o tres, porque sabía encontrar ese punto perfecto que le hacía ganar fácil. Pero es que este lleva todo el año ganando muy fácil y en muchas situaciones complicadas. No se lo ponen fácil, está muy vigilado, todo el mundo sabe dónde va a atacar y aún así, ataca y nadie puede con él. Lo ha hecho en la Amstel, la Lieja, la Flecha, el Tour… Si este fuese un Mundial duro, no habría habido un ganador que no fuese Gilbert.

Pero el Mundial, usted lo sabe bien, no es solo cuestión de piernas, de ser el más fuerte.

Yo he ganado tres y ninguno de los tres ha sido igual. Al de 2004, por ejemplo, llegaba muy bien, mejor que nunca. Iba bien para arriba y estaba fuerte. Al primero también llegaba bien, pero entonces era un desconocido y me aproveché de ello. En Lisboa (2001), en cambio, llegué peor que nunca pero en carrera todo me salió perfecto. Luego a otros, como el de Plouay, llegaba perfecto y las cosas no me salieron tan bien.

Hace doce años, en 1999, en Verona, usted logró lo que parecía imposible: abrió los ojos, a nivel estatal, a otro ciclismo, el del Mundial y las clásicas, que vivían a la sombra de las grandes vueltas.

Recuerdo que el día antes de aquel primer Mundial estábamos haciendo el tonto por allí, por Verona, de turismo. Visitamos a Romeo, a Julieta, esto, lo otro y lo de más allá. Íbamos en bicicleta tranquilamente por la ciudad. Eso ahora es impensable. Pero entonces se acudía al Mundial como si fuese una carrera más, o casi. No era tan difícil estar seleccionado y la gente, en España, no se motivaba tanto.

¿Ni siquiera usted sentía entonces esa tensión de los días importantes?

Todo el mundo tiene la tensión previa a una carrera importante, y más aún, siendo joven como lo era yo entonces, pero no tenía nada que perder y mucho que ganar. Lo que ocurrió después no se lo esperaba nadie, ni yo. Sólo Domenico Cavallo (director entonces del Vitalicio Seguros y refuerzo de Euskaltel-Euskadi en el pasado Giro de Italia) apostó por mí y me metió en el podio. Creo que ganó una pasta. ¿Quién iba a imaginar que yo podía estar en el podio de un Mundial?

¿Ha visto muchas veces aquel Mundial en vídeo?

Algunas, pero tampoco muchas.

¿En qué ha cambiado Freire en todo este tiempo?

En la forma de vivir, por supuesto. Entonces era un crío y ahora tengo hijos, familia, vivo fuera de España (Suiza)… Sobre la bicicleta también cambia la mentalidad. Corro con menos presión. Siento que no tengo que demostrar nada a nadie porque tengo la vida resuelta. Cuando llegas a una edad tienes la incógnita de qué vas a hacer una vez haya acabado esta etapa de tu vida, más ahora que las cosas no están bien en España y en Europa. Por eso es importante sentirse tranquilo en ese sentido.

Ganó tres Mundiales en seis años y lleva desde entonces, 2004, buscando el cuarto que le permita superar a Binda, Van Steenbergen y Merckx. ¿Se ha llegado a obsesionar con ello?

No, para nada. En alguna ocasión he tenido la oportunidad pero no ha podido ser. Otras veces, la carrera no ha ido como yo esperaba. Y otras, no estaba bien. Lo que me obsesiona cada año es ganar el Mundial, pero no porque sea el cuarto.

¿Si no gana acabará decepcionado?

Si no lo consigo no va a ser un desastre, ni mucho menos. Yo ya he ganado tres Mundiales. Eso no lo esperaba cuando empecé a andar en bici.

¿Siente que se habla más del cuarto Mundial que no tiene que de los tres que ya ha ganado?

Bueno, hay algunos que me dan ánimos y me dicen que este año sí que cae el quinto (ríe). Otros, al revés; me empujan para que vaya a por el tercero. Yo solo creo que, lo gane o no, mi vida no va a cambiar mucho.

Hace unos días anunció Carlos Sastre, uno de su época, que se retiraba y alguna vez usted ha dicho que cada vez conoce a menos gente en el pelotón.

El otro día estaba mirando unas fotos de cuando empezaron la casa y sacando libros y papeles salieron fotos del año 2000 y esos primeros años en las que yo tenía una cara de crío de la leche. Pensé: 'El tiempo que ha pasado ya'. Quedan muy pocos de los míos, es cierto. Lastras, Txente, Zubeldia… Eso me dice que ya me va tocando a mí también.

¿Y le apena?

No porque, de momento, sigo siendo yo el que decide cuándo se acaba esto. El problema es cuando estás en una situación en la que te dan el alto y tú quieres seguir corriendo.

¿Percibe alguna señal que le anuncia el final?

No, creo que las ven más los de fuera. Está claro que se acabará, pero repito que soy yo el que va a decidir cuándo llega ese momento.

Con la retirada de Indurain, el ciclismo estatal se obsesionó por buscar un sucesor al navarro que, claro, nunca encontró. ¿Después de Freire habrá otro Freire?

No lo sé. Para empezar uno se tiene que ir a correr fuera; si no, no te van a valorar de la misma manera. Luego está la atención a este deporte. Cada vez se habla más de fútbol y menos de ciclismo. La situación no es la misma que cuando yo pasé a profesionales, para nada. Por eso, que salga una estrella en el ciclismo que esté, no ya a mi nivel, sino al de Indurain, es prácticamente imposible. Aunque ganes lo mismo que Indurain o más. Es algo social que no depende de los resultados. El ciclismo está mucho menos valorado que antes. Fíjate, hacer podio en el Tour o en un Mundial ahora mismo no tiene apenas valor.

¿Qué le ha dado a Freire el ciclismo?

Prácticamente todo. Mi vida gira en torno al ciclismo. Se puede decir que todo lo que me rodea va a remolque del ciclismo. Mi familia va enganchada a este deporte. Por eso, hemos tenido que hacer una vida diferente al resto de las personas. Cuando pasé a profesionales no me imaginaba que tuviese que correr en un equipo de fuera, tampoco que tuviese que vivir lejos de mi país. Todo eso lo ha hecho el ciclismo. He querido centrarme en mi trabajo, en hacerlo lo mejor posible, y al final uno se da cuenta de que ha podido hacer muchas cosas que otros han hecho, pero que tampoco es un sacrificio porque no me cuesta hacerlo, no me supone ningún esfuerzo ser ciclista.

¿Quiere decir que ha merecido la pena?

Sí, por supuesto. Aunque unas veces uno se siente un privilegiado y otras, al contrario.

¿Al contrario?

Sí, es cuando pienso en las cosas que no he podido hacer, las otras vidas que no he vivido. A cambio, he tenido acceso a cosas a las que pocos han tenido.

¿Se arrepiente de algo? Dicho de otra manera: ¿ha aprovechado bien sus años de ciclista?

No me quejo. Creo que sí he aprovechado bien lo que he corrido de ciclista.

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