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Arantza Rodríguez - Domingo, 25 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:55h
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Lorena Fernández en el Servicio Informático de Deusto. (Foto: Luis Gómez)
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BILBAO. Las páginas web con contenidos que promueven la anorexia y la bulimia han crecido un 470% en los últimos cinco años. Un dato que para Lorena Fernández, responsable tecnológica del Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación de la Universidad de Deusto, "es igual de alarmante que ver en pasarelas a modelos con unas tallas imposibles o el éxito de libros con dietas milagrosas".
¿Tiene constancia de que haya aumentado la apología de la anorexia y la bulimia en internet?
Como administradora hasta hace poco de una plataforma de creación de blogs, doy fe de la presencia elevada de bitácoras con esta temática. Sin embargo, no es que haya muchos usuarios generando contenidos, sino que un número reducido produce mucho material y en muchas plataformas. Internet es un fiel reflejo de nuestra sociedad. La diferencia es que es más sencillo viralizar la información y llegar a más gente que con el boca-oreja tradicional.
También hay webs y blogs que ayudan a las afectadas.
Al igual que crecen las páginas web con contenidos proanorexia y probulimia, también lo hacen las que luchan contra ellas: stop-obsesion.com, masqueunaimagen.com, 1espejo1000ventanas.com… Incluso en 2008 se lanzó una campaña en la blogosfera para escribir entradas contando los peligros de estas enfermedades y usando palabras clave para posicionar en Google por encima de las que las fomentaban.
¿Es internet un arma de doble filo?
Internet es como un cuchillo. Dependiendo de quién lo blanda, lo usará para cortar alimentos o para clavárselo a otra persona. Las conductas que se dan en un bar, en casa, en el colegio... se reproducirán en internet. Sin embargo, lo que actúa como catalizador en la red es el anonimato, la posibilidad de comunicar este tipo de aberraciones desde un nick [alias]. De hecho, la anorexia y la bulimia se camuflan bajo los nombres de Ana y Mía.
El Ministerio de Sanidad pidió a Twitter que eliminara los perfiles proanorexia, pero estos se negaron en defensa de la libertad de expresión. ¿Comparte su decisión?
"La posibilidad de comunicar aberraciones desde el anonimato actúa como catalizador"
"Lo que pudiera parecer moralmente reprobable en EE.UU. aquí podría verse de forma distinta"
Es una irresponsabilidad por parte de Twitter no actuar ante estos casos. Se escudan en la defensa de la libertad de expresión cuando realmente se trata de miedo a establecer precedentes de borrado de contenidos, lo que les podría conducir a necesitar un extra de personal que analice las diferentes situaciones para valorarlas. Ahora bien, esto no convierte a Twitter en una plataforma protrastornos alimenticios, ni a internet en un lugar oscuro donde tus hijos pueden caer en estas enfermedades.
¿Por qué códigos se rigen las redes sociales, qué censuran y qué no?
Aquí entra en juego la escala de valores de la propia red social, que se cubre las espaldas en las condiciones de uso que firmamos cuando creamos una cuenta. Así, no es de extrañar encontrarnos con casos estrambóticos, como el de la censura de una foto de una mujer amamantando a su bebé por parte de Facebook al considerarla pornográfica. O el cierre de un perfil personal en esta misma red por hablar de Google+, la competencia. Los raseros varían mucho dependiendo de la plataforma. Además, es curioso cómo los lobbys culturales suelen tener más posibilidades de éxito a la hora de eliminar contenidos que el Ministerio de Sanidad.
¿La autorregulación de las propias redes es la única solución?
No creo que esa sea la vía. La autorregulación es más una cuestión moral que legal y está muy mediada por dónde está radicada la red social en cuestión. Por tanto, lo que pudiera parecer moralmente reprobable en EE.UU. aquí podría ser visto de una forma distinta.
¿No es posible actuar legalmente contra estos contenidos?
Publicar este tipo de información no está tipificado como delito, por lo que no se puede solicitar su eliminación por vía judicial. Sin embargo, el artículo 8 de la Ley 34/2002 de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico indica que, en el caso de que un determinado servicio atente contra la "protección de la salud pública" o "la protección de la juventud y de la infancia", se podrá interrumpir la prestación del mismo, pudiéndose así bloquear el acceso a Twitter desde España.
Una medida demasiado drástica.
Igual que no se nos ocurre apagar la emisión de las televisiones porque aparezcan en ellas imágenes que podrían incitar a estas enfermedades, tampoco creo que cortar el acceso a Twitter sea el camino. Mi solución es educar. Aunque en estos tiempos de recortes que vivimos, parece que es la última salida.
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