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Viernes, 28 de Octubre de 2011 - Actualizado a las 05:58h
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A la visita a Mestalla se le atribuyó un carácter referencial, por el calibre del enemigo y del escenario. Tres cuartos de lo mismo cabría decir de la cita de anoche, no en vano el Atlético de Madrid tampoco es cualquiera, como mínimo un rival directo para entrar en Europa, y además cómo obviar su acusada manía de pescar en San Mamés en los últimos años. No estaban Forlán o Agüero para intimidar, pero estas premisas que invitaban a esperar una pelea intensa pronto obtuvieron un reflejo sobre el verde. Desde el mismo arranque el asunto se planteó como un tuteo de lo más tirante, no cabía dudar de que los puntos se cotizaban caros, muy caros.
Y el Athletic volvió a gestionar con eficiencia, supo entrar en el partido y tener la paciencia suficiente para, poco a poco, establecer el ritmo deseado, ese que le permite desarrollar esa combinación de juego templado y verticalidad. No lo tuvo fácil y, como frente a Osasuna, necesitó de Iraizoz para no verse retrasado en el marcador, pero aparte de esa y otra internada de Filipe, no tuvo más sobresaltos hasta que estableció su ley en el marcador.
El paso de los minutos le fue dando la razón, dotando de sentido a su puesta en escena, y la media hora hasta el descanso discurrió siempre en terreno colchonero. Ni siquiera la lesión de Amorebieta alteró una tónica que fue paulatinamente abocando a los de Manzano a emplearse a fondo en la contención, sin opciones a replicar. La laboriosidad de Iturraspe, más entonado que nunca, y el despliegue sin límite de un tal Oscar De Marcos, dinamizaron una propuesta que produjo hasta tres situaciones de gol, dos de ellas resueltas por Courtois, la segunda muy comprometida tras encararle De Marcos.
En este período, la declarada ofensiva estuvo algo coja porque así como Aurtenetxe percutió por su lado, por el opuesto Iraola apenas pudo asomarse, y tampoco Muniain halló su sitio, participó con cuentagotas. No obstante, el orden general palió las deficiencias puntuales y obligó al Atlético a permanecer en su zona, guarecido, pese a que todavía no había roto a llover en San Mamés.
Pero lo mejor, ya todos pasados por agua, estaba por llegar. Y lo más gordo es que la victoria se cimentó sin dos de las consideradas piezas básicas en el once, en una demostración práctica de que el colectivo está por encima de todo cuando se trabaja sobre una propuesta clara y, como es el caso, valiente, plena de ambición.
Iturraspe asumió el papel que el contexto exigía y fue el sostén sólido e inteligente que tenía que terminar apareciendo. Cómo lo agradeció el equipo para lanzarse a degüello, erigiéndose a su lado, cinco metros más arriba, Herrera en el complemento ideal para agilizar la distribución entre líneas y así seguir nutriendo a De Marcos, que no paraba, a un más que bullicioso Susaeta, a Aurtenetxe, que hace kilómetros como si le hubieran dado cuerda...
También aportó lo suyo un Toquero que, no contento con servir un centro de primera categoría, volvió a hacer lo del limpiaparabrisas para deleite del personal. Con Javi Martínez y Muniain reemplazados, el Athletic amasó un triunfo de prestigio explotando al máximo cuanto posee, que es bastante más de lo que muchos creían, pero menos de lo que Bielsa pensó desde que aterrizó en Bilbao.
Y a resaltar el gesto de entereza de Llorente, otro triunfador en una noche de gloria, que se negó a ser relevado cuando un escalofrío recorrió la grada al filo del intermedio mientras él, tendido, se agarraba la rodilla izquierda. Coronó su exhibición de pundonor con dos dedicatorias a su capitán, que ayer iría para casa sin muletas, flotando, al igual que una afición que empieza a saborear un fútbol que no hace falta contrastar en partidos señalados.
Ni Villarreal ni Valencia ni el Atlético son inalcanzables, no lo han sido este año. La Liga y la temporada en su totalidad no pueden tomarse como una sucesión de exámenes en función de la jerarquía de los rivales. No si hablamos, con propiedad, de un equipo que ya ha dejado claro que perseverará en su afán por hacer fútbol con todas las consecuencias en cada actuación. El crédito lo tiene el Athletic, se lo ha ganado a pulso en tan solo un par de meses.
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