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Bandrés, por sus palabras

Reflexiones sobre ETA, la violencia, Euskadi o la fusión entre EE y PSOE

i.c. - Sábado, 29 de Octubre de 2011 - Actualizado a las 06:08h

LA hemeroteca de DEIA retrata a Juan María Bandrés como un apasionado. Por Euskadi, por su profesión, por la política y, sobre todo, por el ser humano y sus derechos. Quienes le trataron sabían cómo era y cómo pensaba. Quienes no le conocieron tienen en sus palabras una forma, limitada, de acercarse al abogado donostiarra, fallecido ayer a los 79 años.

Por la coyuntura, y por lo mucho que ETA entró y salió de su vida, resulta inevitable iniciar el repaso por la banda. "Con ETA y su entorno no se debe negociar políticamente nunca -aseveraba el 3 septiembre de 1993-, porque hacerlo significaría renunciar a nuestra condición de demócratas, lo que no quiere decir que no se tenga que hablar con ETA para solucionar sus problemas. Cómo dejar la violencia, dónde echar las armas y qué hacer con los exiliados y los presos deben ser tratados con ETA porque el valor de la paz, de que nadie vuelva a ser secuestrado ni asesinado, es tan grande que merece algún sacrificio". El 13 de noviembre de 1995, añadía: "No me repugna sentarme en una mesa con gente de ETA para hablar. Me preocuparía que el Estado de Derecho quebrara y que le dijera a ETA para que deje de matar ahí está Navarra integrada en el País Vasco, cuando yo defiendo desde la fuerza del voto esta integración. Si el Estado de Derecho tiene que doblegarse de rodillas es un precio excesivo. No estoy de acuerdo con que la paz sea tan importante que no importa el precio. Tengo mis reservas. Y uno es romper el equilibrio democrático".

Interesante y polémico el duelo escrito que mantuvo con Xabier Arzalluz en 1985. "Quienes conocen el quehacer político de Arzalluz me han asegurado que Maquiavelo fue un niño de coro comparado con él. Seguro que exageran. Si es así, yo retiro mi comparación con el célebre florentino, y todos en paz. No quiero nuevas polémicas". En ese mismo artículo, Bandrés opinaba sobre la violencia: "... Es notorio que muchos militantes de EE pertenecieron a ETA durante la lucha contra la dictadura. Considero hoy un honor tenerles como compañeros de partido como consideré ayer un honor defenderles ante los tribunales especiales en aquellos tiempos. Jamás me ha consultado nadie sobre si debía disparar o no. Si me lo hubieran preguntado, hubiera contestado, entonces y ahora, que no. He dicho y repito que existen muchas razones por las que estaría dispuesto a morir, pero ninguna por la que pudiera matar. Mis únicas armas han sido mi toga y los códigos. Mis manos, puedo decirlo muy alto, no están ensombrecidas por la muerte, y sí, en cambio, enriquecidas por las vidas a cuya salvación contribuí con mi trabajo político y profesional. Pero comprendí entonces y comprendo ahora que el recurso a la violencia es legítimo cuando a una comunidad (clase social, pueblo o minoría de cualquier signo) se le niegan sistemáticamente los derechos que son las señas de identidad de su condición humana. Por eso EE encontró justificación política a la lucha de ETA hasta el día en que a Euskadi llegó la democracia, que no fue el 15 de junio de 1977 ni el 6 de diciembre de 1978, como en el resto del Estado, sino el 25 de octubre de 1979, cuando el pueblo vasco aceptó mayoritariamente, en referéndum, el Estatuto de Guernica y concretó el grado de autogobierno deseado y posible en tal momento histórico".

El letrado fue uno de los artífices de la fusión de Euskadiko Ezkerra y el PSOE. "Confío mucho en que consigamos hacer del PSE-EE un partido verdaderamente socialista y auténticamente vasco", anhelaba el 12 julio de 1993. La unión no salió como esperaba. Así lo explicitaba el 31 enero de 1994: "La pérdida de escaños en el Parlamento ha sido debida a la corrupción y las divisiones en el partido. Si EE no hubiera estado ahí, aún habría sido más dura la caída, porque hubieran faltado más votos. Uno de ellos el mío".

El tiempo y los hechos convirtieron su optimismo en una crítica severa, que no arrepentimiento: "Era absurdo mantener en Euskadi dos socialismos democráticos. Lo decepcionante fue ver que muchos compañeros de EE se rebelaron ante la fusión. Estaban más en la prehistoria y en Sabino Arana que en los valores de la izquierda. Luego, todo hay que decirlo, yo echo de menos en el PSE la prevalencia de la ética y una apuesta espontánea por los más desvalidos, por los más pobres. En EE nunca hubiese ocurrido la falsificación de exámenes en Osakidetza. No estoy arrepentido de la fusión, pero sí creo que ese nuevo partido no ha recogido lo mejor de cada uno". Y pese a dejar la política, advertía: "Yo seguiré votando al PSE, no voy a hacer lo de Damborenea".

Presidió la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR): "Yo defiendo ahora a los negros, árabes, sudamericanos… Un tipo de gentes desgraciadas y desprotegidas porque no abandono nunca mis obligaciones de defensa de los derechos humanos". Y aquí, en DEIA, desnudaba un 5 de noviembre de 1993, su gran deseo: "El único cargo en la vida y en el mundo que me haría tilín sería el de Defensor del Pueblo".

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