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Por Paul Ortega, * Director de Programas de Innobasque y Coordinador del Seminario 'Europa y los Retos del Desarrollo: Más allá de los Objetivos de Desarrollo del Milenio' - Martes, 15 de Noviembre de 2011 - Actualizado a las 06:03h
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COMO es bien sabido, la Asamblea del Milenio de las Naciones Unidas del cambio de siglo logró convocar la reunión más grande de jefes de Estado y/o gobierno llevada a cabo en el mundo. Así, el 8 de septiembre de 2000, representantes de 189 estados aprobaron la Declaración del Milenio en la que además de "reafirmar su fe" en la propia Organización de las Naciones Unidas y su Carta, deciden fijar lo que posteriormente se conocerían como los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por primera vez, existió un auténtico consenso entre los países ricos y pobres de que la pobreza es un problema mundial y que se debe trabajar conjuntamente para su erradicación.
Pero esta Declaración respondía todavía a un tiempo optimista, en el que aún se esperaba que en un mundo ya sin bloques los grandes problemas mundiales pudieran entrar en vías de solución. Todo cambió con los atentados del 11 de septiembre, exactamente un año después de la Cumbre del Milenio. La agenda internacional se transformó completamente. La "guerra global contra el terror" acaparó toda la atención de las principales potencias e influyó en todo el mundo. Además, se dieron importantes cambios en la lógica de la cooperación al desarrollo como consecuencia de las nuevas prioridades en materia de seguridad posteriores al 11-S.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ocho objetivos y 18 metas, cuantificables mediante 48 indicadores concretos a cumplir para el año 2015) se constituyeron como la agenda de globalización social y punto de referencia esencial para el progreso, basado en el modelo de desarrollo humano, pese a importantes limitaciones en su planteamiento e implementación en un contexto internacional con otras prioridades.
Actualmente, once años después de la Cumbre del Milenio, los organismos internacionales involucrados, especialmente las Naciones Unidas y el Banco Mundial, subrayan los avances realizados (a pesar del importante revés que ha supuesto la reciente crisis económica, energética y alimenticia): "Dos tercios de los países en desarrollo están bien encaminados o próximos a lograr metas importantes para erradicar la extrema pobreza y aliviar el hambre"; pero constatan también que "los sectores más vulnerables siguen quedándose atrás y no van a poder alcanzar todas las metas antes del plazo fijado para 2015" (los países más pobres siguen necesitando ayuda urgente). Los avances en realidad se encuentran muy mal distribuidos y muy concentrados geográficamente.
Es difícil decantarse por interpretar si la "botella está medio llena o medio vacía". Se hace necesario un análisis sosegado sobre el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio a fecha de hoy y de proyección al 2015. Es verdad que ha habido una notable reducción de la pobreza en el mundo en estos años pero el balance arroja aún una realidad muy dura, intolerable. Paradójicamente, aumentan las desigualdades tanto a nivel mundial como dentro de muchos países, y una gran parte de la humanidad vive aún a espaldas del progreso y no tiene acceso a un mínimo de desarrollo que le permitiría llevar una vida digna.
Pero además hay que tener en cuenta que la razón fundamental del pronóstico optimista, en números absolutos globales, sobre la reducción de la pobreza (especialmente la extrema) es la alta tasa de crecimiento económico registrada en los países menos desarrollados entre 2007 y 2010 (6,6% anual comparada con 3,2% para toda la economía mundial) y proyectada para 2011-2014 (6,3% anual comparada con 4,6% para la economía mundial). Gran parte de estos avances son atribuibles al rápido crecimiento de China e India (las grandes economías emergentes) y otros países asiáticos, mientras que muchos países africanos están especialmente rezagados. Es decir, resulta duro decirlo pero en muchos los casos no hay una relación causal entre lo realizado por la Campaña del Milenio y los resultados en desarrollo en estos últimos once años.
Sería necesario un esfuerzo mayor para abordar los retos del desarrollo, no únicamente desde la perspectiva de los mecanismos de transferencia de dinero (hace tiempo que se constata que la pobreza del mundo no se va a solucionar con la ayuda al desarrollo; aunque esta sea aún imprescindible), sino sobre todo para remover los obstáculos y dificultades que sufren los países pobres para avanzar y propiciar que las propias sociedades de estos países puedan ser de verdad los sujetos activos de su desarrollo. En este sentido, se hace necesario tanto una revisión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y una actualización de la agenda del desarrollo, las políticas de cooperación y las reglas de comercio internacional.
Si los Objetivos de Desarrollo del Milenio sufrieron en su arranque las consecuencias de un contexto post 11-S, en el momento actual padecen los efectos de un escenario post Lehman Brothers, ahora que sería necesario el sprint final para intentar lograr su mayor consecución posible en 2015 y abordar seriamente su replanteamiento y la reformulación de la agenda global de desarrollo.
Pese a encontrarnos inmersos en Europa en un momento de extrema inquietud por la crisis económica, abrumados por nuestros problemas internos, aún tiene sentido preocuparnos por los más pobres y seguir corresponsabilizarnos de los problemas del resto del mundo. La Unión Europea y sus miembros, a la vez que no deben renunciar a sus valores (y a su apuesta por el estado de bienestar y las sociedades democráticas e inclusivas) no deben abandonar tampoco sus compromisos con el desarrollo a nivel global.
Así lo entienden también el Instituto de Demócratas Europeos y Sabino Arana Fundazioa, que los días 17 y 18 de noviembre han convocado en Bilbao el Seminario sobre Europa y los Retos del Desarrollo: Más allá de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para abordar estas cuestiones y generar un paquete de propuestas que trasladar en el marco de la Unión Europea.
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