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Abdellah El Mekaoui es el joven marroquí que el pasado lunes entregó en una fundación de San Francisco 400 décimos de la Lotería de Navidad extraviados
Shaila P. Rodríguez - Jueves, 1 de Diciembre de 2011 - Actualizado a las 05:37h
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Se sabía la cantidad de décimos encontrados, se sabía dónde aparecieron y donde fueron entregados, también era conocido en que administración se adquirieron, solo faltaba saber a quien pertenecía ese gesto de buena voluntad que el pasado lunes sorprendió a la ciudad de Bilbao. Ahora, el desconocido ya tiene nombre, incluso cara. Se trata de Abdellah El Mekaoui, un joven marroquí de 28 años, que con su gesto el pasado lunes devolvió la sonrisa a muchas personas. "Gestos así te recuerdan que todavía hay gente honrada", declaraba Ana Reka, coordinadora de la entidad Bilbao Historiko donde el joven entregó los 400 décimos de la Lotería de Navidad. "Era lo que tenía que hacer. Cuando encuentras una cosa tienes que devolvérsela a su dueño", respondía Abdellah restándole importancia a lo que hizo.
Puede ser por la cercanía de la Navidad, por lo sorprendente de la noticia o porque, al contrario de lo que parece, aún existen personas de buen corazón. Sea por lo que sea, el hecho es que el gesto de este joven causó una gran repercusión mediática. Todos querían saber quien era y reconocerle su actitud. Por eso, ayer, en la sala ExpoGela, se cumplió un doble objetivo. Por un lado, la devolución de los décimos, con el número 35.625 a la delegación de Loterías y Apuestas del Estado (LOAE); y por otro, reconocer el gesto de este joven. Maite Madariaga, delegada y gerente de LOAE en Bizkaia, fue la encargada de recoger el sobre de manos de Abdellah. La gerente explicó que el propietario es un particular "de Bilbao" que se encuentra "fuera de la ciudad" y que a su regreso pasará por la delegación a recogerlos. Además, aclaró que los décimos, si no hubiesen sido encontrados, "nunca podrían haberse cobrado" porque en estos casos los boletos se capan y "no entran en el bombo" el día del sorteo.
Igualmente, la Asociación de Comerciantes del Casco Viejo, de Bilbao La Vieja, San Francisco y Zabala y del Mercado de la Ribera quiso reconocer su gesto y entregaron a Abdellah un cuadro con una inscripción en reconocimiento a su altruismo. "Lo colgaré como recuerdo en mi peluquería", garantizaba el joven.
Justos por pecadores El gesto de Abdellah, le salió de dentro. No estuvo movido por la avaricia o el afán de recibir una recompensa a cambio. "No lo espero y tampoco lo necesito. Mis costumbres me dicen que tengo que devolver a sus dueños lo que encuentro, es así de simple. Hice lo que sentí que debía hacer", reconoce el joven.
Abdellah nació hace 28 años en la localidad de Bine Mellol en Marruecos. Allí, estudió calderería al tiempo que aprendía el oficio de peluquero en la barbería de su cuñado. Hace 10 años se trasladó a Murcia, donde actualmente viven sus hermanos y hace 7 años llegó a Bilbao. "Estoy encantado con Bilbao. Nunca cambiaré de ciudad porque aquí me siento bien. Hay muy buena gente, tengo buenos amigos y nunca he tenido problemas. Aunque siempre hay comentarios que hacen daño", confiesa. "Tenemos mala fama. Se que la mayoría piensa que somos todos iguales, que somos malos, pero no es así. En todas partes hay delitos y en todos sitios hay gente buena y gente mala y, a veces, pagamos unos por los malos actos de otros", opinaba.
Abdellah no tiene nada que ver con la imagen prejuiciada que existe en torno a los inmigrantes. Al poco de llegar a Bilbao este joven trabajó como pintor, recortador, calderero y soldador en diferentes empresas, entre ellas La Naval. Con la llegada de la crisis y debido a las dificultades de encontrar un trabajo en este sector, Abdellah decidió abrir su propio negocio. Así, desde hace casi un año -en diciembre se cumplirá el primer aniversario de la apertura de su negocio-, este joven es el dueño y gerente de la peluquería Salam, situada en el número 3 de la calle Zabala frente a la plaza del doctor Fléming.
"Me siento muy orgulloso de haber tomado esa decisión ya que me permite dedicarme a eso y vivir cómodamente", reconoce.
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