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La Euskal Denda de Durango muestra el trabajo de 56 artesanos y exhibe diferentes antiguo oficios
Leire Gómez/Jon Baraja - Martes, 6 de Diciembre de 2011 - Actualizado a las 05:39h
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Cestas de toda clase. (Foto: J. Baraja)
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DURANGO. Ya han pasado dieciséis años, pero los ánimos y la ilusión siguen como el primer día. La Euskal Denda que durante estos días se celebra en Durango, considerada como la feria de artesanía más importante de Euskal Herria, ha convertido un año más el recinto de la plaza del mercado durangarra en escaparate de la artesanía como forma de vida y también como herramienta para la transmisión de valores culturales. Y es que bajo el lema Nire tailerra, nire ogibidea, nire bizimodua, la Euskal Denda ha vuelto a reunir a la flor y nata del sector artesano vasco, poniendo en valor, una vez más, la pervivencia de antiguos oficios, así como la exhibición y venta de auténticas piezas maestras.
Alimentación, vidrio, metal, cerámica, madera, textil y cuero, arte, piedra y cosmética son algunos de los sectores que este año se muestran en la feria, de la mano de medio centenar de artesanos vascos procedentes de Araba, Nafarroa Beherea, Bizkaia, Gipuzkoa, Lapurdi y Nafarroa a los que, en esta ocasión, se suman seis artesanos gallegos, que es, precisamente, la cultura invitada en la Euskal Denda de este año. Todo un abanico de productos y oficios, de los que algunos visitantes tendrán la ocasión de ver su producción in situ con demostraciones en directo, por ejemplo, el vidrio soplado, la talla en madera y la alfarería. "Estamos acostumbrados a ir a los comercios y comprar, sin pararnos a pensar en el proceso de elaboración que llevan las cosas, así que es impresionante cuando ves cómo se siguen realizando este tipo de productos por parte de los artesanos", apunta un vecino de Durango durante su visita por la feria.
PRODUCTOS ÚNICOS Uno de los motivos que hace especiales a los productos artesanos como los que durante estos días se exhiben en Durango es su originalidad, puesto que ninguno es igual a otro. "Son todo piezas únicas, aunque se puedan parecer nunca van a ser exactamente iguales", manifiesta una pareja de trabajadoras de la cerámica, quienes no dudan en contar a los visitantes cuál es el proceso que han seguido sus productos hasta ser lo que son. "Primero, se hace un boceto y luego se empieza a esculpir el barro. Se deja secar, se lima y se mete en el horno, donde se hace una primera cocción a mil grados. Después, se saca, se la da el esmalte y se vuelve a meter al horno a mil doscientos grados. El color depende del horno y de los productos que haya al lado, así que cuando sale te llevas una sorpresa", explican.
En este sentido, los artesanos reivindican el valor añadido de sus productos por la manera en la que han sido elaborados. "Son productos mimados, cercanos, porque la artesanía permite estar muy cerca del producto y pasar por todas las etapas. Esto le da un valor añadido con respecto a un producto seriado", apunta un trabajador del vidrio.
La Euskal Denda recibe las visitas de numerosos grupos de jóvenes escolares, que aprovechan la coincidencia en fechas con la Feria del Libro y Disco Vasco para hacer una excursión a la villa y acudir a ambos eventos. Uno de los puestos que más logra acaparar su atención es uno en el que hay cientos de muñecos y marionetas de gomaespuma. "Están tallados en un solo bloque, que se va cortando con tijeras hasta lograr la forma del muñeco. Después se le hacen las rajas por detrás para poder meter la mano y hacerles mover la boca", detalla la artesana. Los jóvenes visitantes tampoco faltan a su cita con los talleres infantiles, en los que aprenden a confeccionar caramelos, pañuelos o productos hechos con lana. "También es una forma de aprender, además lo hacen contentos porque es algo diferente y al ver que están lejos de la clase le ponen más entusiasmo", reconoce un profesor.
Al igual que la gran mayoría de los sectores, la artesanía no se ha librado de los efectos de la crisis. Por ello, eventos como la Euskal Denda sirven a los participantes para coger un pequeño impulso. "En estos momentos de crisis este tipo de ferias nos vienen de maravilla para poder exponer nuestras obras", apunta una artesana, rodeada de cestas de mimbre. Además, explica que "esta es una buena fecha, porque está justo antes de la Navidad".
Como comer es un placer, y sobre todo si son alimentos de calidad, no son pocos los que se acercan a los puestos de artesanía para comprar pan, mermelada, queso o yogur. "No hay más que ver los productos para darse cuenta de la diferencia que tienen con los que se pueden comprar en los supermercados. Luego ya cuando los pruebas la diferencia es todavía más grande", reconoce un durangarra que aprovecha para comprar pan artesano.
En esta edición de la Euskal Denda se quiere reivindicar el papel de los artesanos, demostrar que detrás de un producto hay una persona que ha trabajado con empeño, y muchas veces en soledad, para llevarlo a cabo. "Se pueden encontrar productos que ha hecho una persona, por una causa, por una inquietud, y que además ha usado una técnica u otra dependiendo de lo que quiera conseguir", señala uno de los participantes en la Euskal Denda, una actividad que tras 16 años ya se ha convertido en uno de los eventos más esperados del calendario de la villa.
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