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El paso del tiempo de los aplazamientos, un dedo roto y un componente emocional enorme labrarán a fuego en la mente de Aimar Olaizola (Goizueta, 13-XI-1979) la txapela, su quinto entorchado en la 'jaula', que logró el domingo ante Juan Martínez de Irujo en el Bizkaia
igor g. vico - Martes, 13 de Diciembre de 2011 - Actualizado a las 07:47h
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Aimar Olaizola levanta el trofeo que le acredita como campeón del campeonato del Cuatro y Medio. (J.M.M.)
Vista:
Bilbao. Aimar Olaizola recuperaba las sensaciones ayer sin calibrar aún la magnitud de la txapela, con la que supera a Julián Retegi en la jaula, distancia en la que se convierte en el rey.
¿Qué tal la celebración?
Estuvimos mucha gente cenando en una sidrería en Astigarraga. Cien o ciento y pico personas comiendo juntos. En principio estábamos con dudas de si hacerla o no, porque con el tema de nuestro padre, no estábamos seguros. Pero, al final, decidimos que sí, porque había mucha gente del pueblo en el frontón. Además, al público le gusta comer con nosotros. Estuvimos bien, con un ambiente muy bonito y muy a gusto.
Con esas dudas a la hora de organizar la celebración, ¿fue un acierto o un error?
Fue un acierto. Tampoco la familia tenía muchas ganas de hacerlo, pero ha sido una txapela muy especial. Lo pasamos bien y quedamos todos conformes.
¿Qué tal lo pasaron?
Bien. Lo único que, cuando llego de una final de este estilo, en la que hay mucha tensión, yo me vengo un poco abajo. La gente está muy animada, pero con toda la paliza del frontón llego con un poco de bajón y un poco cansado. Pero daba igual, todos estaban contentos y la familia, también. Eso era lo importante.
¿Qué se cena después de llevarse uno una txapela?
Teníamos concertado un menú de sidrería. Lo típico: tortilla, ensalada, chuleta y los postres típicos, queso, nueces y membrillo. Luego, sidra, agua, vino... De todo.
Una buena chuleta para retomar fuerzas...
Normalmente, después de un partido de estos, con tanta presión, llego a la cena casi sin ganas de comer nada. Sin embargo, me entraba todo. Después de una victoria así me como cualquier cosa y, si es una buena chuleta, mejor.
Además, indudablemente, la final tuvo un componente emocional muy grande.
Claro. Excepto en los últimos partidos, en los que se encontraba mal, mi padre ha venido siempre a verme con mi madre y a la cena también. Aunque gane o pierda siempre solemos ir a cenar y él siempre venía. Como es normal, solo ha pasado una semana y se nota el vacío. Mi madre también tenía dudas, pero con la txapela estaba más contenta.
¿Qué recuerda del enfrentamiento con Juan Martínez de Irujo del domingo?
Este tipo de partidos con lo que te quedas es con el último tanto. Lo que está claro es que hasta llegar a 22 tienes que seguir. Te quedas con eso último. Ese tanto es un momento muy bonito, muy especial y es algo que siempre vas a recordar.
¿Tuvo claro en algún momento, con esa última tacada, que la txapela se iba para Goizueta?
Hasta el último momento seguí haciendo lo mío. Se está viendo cada vez más en el mano a mano que con el saque hay tacadas, con la pelota que se juega hoy en día se hace mucho daño con el saque y hay que seguir sin confiarse.
Con la tacada de Juan mediado el duelo se le notaba cansado, ¿de dónde sacó las fuerzas?
El partido fue de mucho ritmo. Hubo un momento que, con el 13-8, fallé unas pelotas un poco tontas. Erré pelotazos pero luego me recuperaba bien. Hay que tener en cuenta que, al ritmo que jugamos, es lo normal. Hasta el tanto 14 jugamos a un ritmo increíble y es difícil que no te canses. Me recuperé y seguí para adelante, acerté con el saque y me llevé el partido.
¿Fue su mejor momento físico en toda la semana?
De toda la semana sí. Está claro que de hace un mes, antes de los aplazamientos, quizás estaba mejor. El lunes cuando entrené ya dije que estaba mal, porque llevaba tres o cuatro días sin entrenarme y eso se nota. El miércoles ya noté un poco de mejoría y aun así no me veía con ese ritmo.
¿Se imaginaba a Martínez de Irujo jugando de esa manera?
Con lo mío tengo bastante. Yo ya sabía que tenía que salir a hacer lo mío y sabía que, haciendo mi juego contra Juan, tenía opciones de ganar.
Cuando acabó el duelo, levantó rápidamente la mirada al cielo en un momento muy emotivo.
Era un momento especial y quería ganar esta txapela por mi padre, que seguro que estaba lo viendo o, por lo menos sufriendo, desde arriba.
¿Qué se le pasó por la cabeza en esos momentos?
Se me pasaron un montón de cosas, pero en esos momentos no eres capaz de calibrar todo. Termina el partido y te viene un montón de gente encima, los fotógrafos, los periodistas... Y andas un poco loco. Después, una vez pasan las horas y los días, te das cuenta de lo que has conseguido.
¿Ya ha podido hacer un balance más sosegado?
No creas. Aparte de eso, ando loco todo el día con el teléfono y no he tenido tiempo. No me he parado a pensar cómo jugué la final del Cuatro y Medio. Estoy muy contento porque me he llevado la txapela y en este tipo de partidos lo que importa es llegar a 22.
Su hermano Asier también se emocionó.
Para él también era algo importante y algo bonito. Para toda la familia. Cuando pasa algo así en casa, todo el mundo sufre y para él también era especial.
Y supera a Julián Retegi.
Siempre es importante tener un récord. Teniendo en cuenta que Julián Retegi ha sido el mejor pelotari de la historia siempre es importante romper esa marca. Pero no le doy mucha importancia a eso. Tengo que seguir igual que hasta ahora, trabajando. El récord está ahí, pero es una txapela más y eso es lo que vale.
La zurda le respondió bien.
Hice una prueba buena el miércoles y decidí jugar el partido y que no había excusa. Me aguantó bien, el médico, Íñigo Simón, también ha hecho un gran trabajo y al final todo ha salido bien.
El tiempo le ha dado la razón, necesitaba esa semana más para recuperarse.
Ya dije que el dedo iba mejorando, pero iba justo de tiempo, creo que no si me hubieran dado una semana más no habría jugado en buenas condiciones porque andaba muy justo de tiempo y todavía me faltaba confianza y la semana pasada hice un par de entrenamientos y me ha venido muy bien.
Además, en los vestuarios, se vio a su hijo Irai de apenas tres meses con una camiseta de Asegarce y una txapela de campeón.
Fue un momento muy bonito. Yo no sabía nada. Sabía desde el principio que no iba a bajar él, porque a la mujer tampoco le gusta. Pero por lo que me han dicho, la prima le hizo una txapela y desde Asegarce le dieron una camiseta pequeña. Fue una sorpresa muy bonita, sacamos unas cuantas fotos. El crío, como es normal, andaba un poco asustado entre tanta gente, pero fue un momento para recordar.
A su hermano Asier se le caía la baba.
Asier anda muy contento con el chaval. Como es normal, es su tío y estaba también con muchas ganas de estar con él.
¡Olaizola III!
El nombre ya lo tendrá. Pero todavía hace falta que le guste la pelota. Si tiene afición, lógicamente, yo le animaré; pero si a él no le tira, tampoco le voy a obligar.
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Gracias por su comentario
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