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carlos zárate - Sábado, 24 de Diciembre de 2011 - Actualizado a las 05:39h
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Denis ha pedido a Olentzero unos legos para jugar. (Foto: david de haro)
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BILBAO. No le gustaba que le mojasen la cabeza, su madre nos los avisó por carta la primera vez que vino". De esta forma explica Estibaliz Iriarte su experiencia solidaria como madre de acogida junto a su marido, Alberto Ibarrondo. Hace nueve años decidieron realizar una acogida y así es como entró en sus vidas Denis Kuleshov Yurievich (Zamishevo, 12-XII-2001), un niño ruso de diez años, procedente de la región de Briansk, una zona afectada por la radiación nuclear.
El trágico suceso de la central nuclear de Chernóbil, aquel fatídico 26 de abril de 1986 consternó a todo el mundo y dejó marcadas a varias generaciones que aún hoy en día, poco a poco, tratan de recuperar la normalidad. Gracias a la generosidad de numerosas familias en Euskadi y a la excelente labor de asociaciones como Bikarte, cientos de jóvenes rusos de familias desfavorecidas pueden olvidar sus problemas y disfrutar de dos de las mejores épocas del año: las vacaciones de verano y las de Navidad.
En este sentido, el pasado 19 de diciembre llegaron a Bilbao un total de 37 niños y niñas procedentes de orfanatos y familias desfavorecidas de la Federación Rusa, además de otros dos territorios con clima extremo y duras condiciones de vida: Nizhnevartousk y Krasnoyarks. En cambio, otros treinta menores no pudieron disfrutar de este programa de acogida por cambios legales en Rusia. "Con los orfanatos suele haber problemas legales pero en nuestro caso, siempre que la madre firme la autorización no hay problema", explica Iriarte. Por territorios, Bizkaia acoge en esta ocasión quince niños y Gipuzkoa once, los mismos que Araba. Los menores permanecerán en Euskadi un mes.
En la familia Ibarrondo-Iriarte están muy contentos con Denis. "Al principio quería una niña para que fuese amiga de mis dos hijas -Arrate y Leire, de 14 y 15 años de edad- pero al final, ha resultado un éxito, estamos muy contentos con él", señala Iriarte. Después de cinco años viniendo en verano y Navidad a Bilbao, ya nada queda de aquel Denis que llegó en 2006 sin saber "ni una sola palabra de castellano". "Lo primero que le preguntamos nada más llegar fue a ver si le gustaban los perros porque tenemos uno que se llama Oker", explica una de las hermanas.
Quienes conviven con Denis afirman que es muy "inquieto y bailarín, le gusta mucho la música y en Rusia suele ir a las discotecas los viernes por la tarde". Sin embargo, "las videoconsolas y los juegos de coches" son su mayor pasión. De Bilbao, le sorprendieron "los edificios y la cantidad de coches y gente", porque según afirma, su localidad de origen Zamishevo, "es más tranquila, más pueblo". "La primera vez que vino, salir a la calle y tener que esperar el semáforo fue lo que más le costó aprender", destaca Iriarte. El clima también le es extraño. "Aquí hace más calor, en Rusia hace mucho frío", señala.
Calidad de vida En el plano físico esta experiencia supone mejorar su calidad de vida, aire limpio, sol, buena alimentación, vitaminas..., y en el plano afectivo se establecen unos lazos familiares imprescindibles para su desarrollo como seres humanos, según explican en la asociación. "Aquí ha aprendido a nadar", indica orgullosa Iriarte. "Antes no se metía ni en la piscina y ahora le encanta la playa", afirma Arrate. "Me gusta tener dos familias", agrega Denis.
Por último, Estibaliz Iriarte hace especial hincapié en la importancia de las acogidas para el desarrollo de estos menores y recuerda que "siempre se necesitan más familias". "Estamos muy orgullosos de poder tenerle cada año con nosotros", concluye.
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