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Investigadores del Museo de la Minería catalogan 112 nuevos yacimientos de haizeolak
El método empleado en la prospección interesa a los arqueólogos
Emilio Zunzunegi - Lunes, 9 de Enero de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Excavación de la haizeola de Callejaverde, en las faldas del monte Mello (Muskiz), que contaba con dos hornos para reducir el mineral de hierro. (E.Z.)
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Abanto-Zierbena
En la Carta Puebla de la Villa de Portugalete, proclamada en el año 1322, se recoge uno de los primeros testimonios documentales de la actividad de las haizeolak (ferrerías de aire) que se explotaban en los vizcaínos montes de Triano. En este legajo, doña María Díaz de Haro, señora de Bizkaia, incluyó -tras observar las numerosas columnas de humo que salían de las haizeolak de los montes del valle de Somorrostro- una disposición por la que mandaba que "ningún fijodalgo, nin otro ninguno non faga en estos dichos términos de los montes, ferrerías, nin Seles nin pastos, nin otra población alguna".
"Se trata sin duda de una apropiación feudal de una actividad secular en la zona minera en la que los habitantes aprovechaban la abundancia del hierro a cielo abierto a través de estas ferrerías de monte que no pagaban ningún canon o rentaría que si pagarían las posteriores ferrerías hidráulicas", sostiene Javier Franco, director del equipo de Arqueología del Museo de la Minería del País Vasco, autor del más extenso catálogo cartográfico que acoge las huellas de esta actividad paleosiderúrgica en las laderas de los montes de Bizkaia.
Diez años después de que se creará este equipo de investigación (finales de 2001) y tras más de ocho años de arduo trabajo por los montes del territorio, el equipo investigador en el que participan la geóloga Amaia Méndez, el técnico medioambiental, Aitor Uriarte, y los prospectores Nemesio Freije y Miguel Alonso, ha completado la Carta Arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia en la que se reseña la existencia de 161 yacimientos con restos de estas ferrerías, entre los cuales de 112 no se tenía constancia hasta ahora.
"El proyecto surge como una iniciativa de protección patrimonial ya que las variaciones en el terreno durante siglos o actuaciones sobre el monte, fundamentalmente el aprovechamiento forestal y el desconocimiento de los restos, están haciendo desaparecer los escoriales, uno de los elementos arqueológicos que identifican las zonas donde hubo estas instalaciones que eran efímeras -apenas duraba unos días- en función del tamaño del coto minero que explotaban, y luego se abandonaban", explica el arqueólogo Javier Franco.
Metodología El trabajo de investigación ha contado durante estos años con el apoyo de la Diputación foral, al que se sumaron posteriormente el Gobierno vasco y Eusko Tren, y ha supuesto la generación de una metodología de trabajo que ha merecido el reconocimiento académico incluido el del Consejo Superior de Investigaciones Científicas que conoció los pormenores del trabajo catalogador este pasado verano. "Estaban sorprendidos de que un museo pequeño como el de la Minería del País vasco hubiera afrontado un trabajo tan extenso y con unos resultados tan esperanzadores para continuar con esa importante labor de preservación de nuestra historia minera", reseña Javier Franco, quien reconoce que la metodología que ellos han verificado en su trabajo de campo "fue fruto de las propias condiciones del territorio que había que analizar. Aquí no podemos hacer una cuadrícula como en la Llanada alavesa", razona este investigador, por cuyo método se han interesado arqueólogos alaveses y guipuzcoanos.
El sistema combina dos estrategias de prospección de cara a obtener la cobertura máxima posible. La primera, prospección extensiva, comienza con la ascensión a las cotas de mayor altitud de la zona a estudiar "de cara a orientarse sobre el plano real de las dimensiones del área elegida. La segunda estrategia, prospección intensiva, se realizaba básicamente a pie y en zonas favorables a la instalación de las ferrerías de monte. "Son zonas que cuentan, bien con presencia actual de mineral de hierro en la superficie; con presencia pasada o actual de madera como combustible, o bien de agua para ciertas partes del proceso de transformación".
Precisamente, la presencia cercana del agua en más del 91% de los yacimientos localizados -a menos de 100 metros de los hornos- ha dado al agua una importancia novedosa frente a la literatura previa sobre la búsqueda de estos yacimientos.
"Hasta ahora se apuntaban como señal imprescindible la presencia de un coto minero de hierro y la madera, y como secundarias la orientación de los hornos hacia el viento -sobre todo en las ferrerías guipuzcoanas-, la proximidad de las vías agropecuarias y la presencia de agua. Ahora sabemos que el factor disponibilidad de agua, al menos en Bizkaia, deja de ser algo secundario de cara a elegir una ubicación y pasar a ser considerado como un factor primordial en el paisaje actual" destaca Javier Franco.
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