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Urkullu se ha ganado el respeto de sus interlocutores en el proceso de paz a base de discreción y palabra
Míriam Vázquez - Domingo, 15 de Enero de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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El presidente del EBB, durante la celebración del último Alderdi Eguna. (Pablo Viñas)
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Bilbao
EL 20 de octubre, Iñigo Urkullu fue uno más. Delante de la pantalla de su ordenador, aguardaba la publicación del comunicado del cese definitivo de ETA. El año 2011 estaba consiguiendo poner a prueba a base de "mucha tensión y trabajo previo" a un burukide conocido por su templanza. A pesar de los altibajos del proceso, no se derrumbó una sola vez ni dejó traslucir su estado de ánimo. "Es muy difícil verle exteriorizar sus emociones. No le he visto nunca abatido en estos meses", zanja uno de sus colaboradores. Sin embargo, en el momento en que apareció en la pantalla el documento de la organización armada, el presidente del PNV dejó de ser presidente y pasó a ser sencillamente un vasco más. Se emocionó. "Estaba entusiasmado", añade quien le acompañaba en ese momento. Lo primero que hizo fue llamar a su familia para transmitir la buena noticia a su mujer y a sus tres hijos.
El momento histórico del cese de la violencia arrojó una imagen atípica del burukide entre las paredes de Sabin Etxea. Un líder "meticuloso, con una capacidad de trabajo impresionante y muy discreto", que acababa de recibir la mejor noticia de su mandato tras haber volcado sus esfuerzos en el proceso de paz. De hecho, a Iñigo Urkullu le precede su dedicación en cuerpo y alma al partido, en el que comenzó a militar con quince años para, tres años después, pasar a ingresar en el Consejo Regional de EGI, las juventudes jeltzales.
De la misma generación que José Luis Bilbao, Andoni Ortuzar o Koldo Mediavilla, fue insumiso al servicio militar y un joven comprometido en el efervescente periodo de la Transición que le tocó vivir. Pronunció su primer discurso con 22 años, en el Alderdi Eguna.
Presidió la Junta Municipal de Durango, fue director de Juventud de la Diputación de Bizkaia, desempeñó cargos en la Mesa de la Asamblea Nacional, fue parlamentario vasco durante varias legislaturas y presidente de la comisión de Derechos Humanos, y lideró el BBB desde el año 2000 -previamente había sido miembro del BBB presidido por Jesús Insausti, Uzturre, en la época de la escisión de EA- hasta su salto al EBB en 2007, pero su amplia trayectoria no ha cambiado un ápice el carácter de Urkullu. Quienes lo conocen lo describen como a alguien "muy exigente consigo mismo, pero también con los demás". Cuentan de él que posee más de veinte cuadernos de grandes dimensiones repletos de anotaciones a mano sobre las impresiones y conclusiones extraídas de cada una de sus entrevistas y encuentros.
El año pasado se tomó una sola semana de vacaciones. Lo hizo a principios de agosto, pero no logró desconectar. "Enviaba una media de siete correos electrónicos diarios recordando tareas", desvelan desde el partido. No consiguió desembarazarse de su sentido de la responsabilidad -a veces excesivo, según aquellos que le conocen-, aunque no sorprendió a sus compañeros: dicen que "le gusta estar encima de todo".
A pesar de su carácter reservado, las reuniones con otros representantes políticos han sido una constante en los últimos e intensos meses de trabajo para abonar un nuevo tiempo. Mucho se ha escrito sobre su sintonía con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, aunque la relación no comenzó con buen pie y ambos mantenían una actitud marcadamente distante. A base de conversaciones telefónicas y nuevos encuentros, el jeltzale y el socialista recondujeron la situación hasta que su interlocución "se fue llenando de complicidades".
Los compañeros de Urkullu destacan su franqueza y lo consideran una persona de palabra, lo que le habría ayudado a forjar una buena relación personal con Zapatero, el miembro de la izquierda abertzale histórica Rufi Etxeberria o el presidente español Mariano Rajoy. Con todos ellos ha hablado sobre paz y normalización -ejerció de correo entre el socialista y la izquierda abertzale aprovechando su perfil negociador y su contacto con ambos sectores-, y habría dado muestras de cumplir lo que promete hasta ganarse el reconocimiento de sus interlocutores. El mismo que el jeltzale les profesa a ellos. "Él los respeta y ellos le respetan a él porque es claro y saben que no habla por boca de ganso", recalcan desde la formación. Entre las cualidades del burukide destacan el perfeccionismo y su tendencia a rumiar todas las alternativas posibles antes de tomar una decisión definitiva, particularmente cuando toca asuntos espinosos o determinantes para Euskadi. Una tarea para la que busca un buen asesoramiento, así como el concurso de otros jeltzales. Su dedicación al trabajo y su discreción terminan de perfilar la semblanza de un líder que huye de los protagonismos.
jornadas maratonianas El presidente del EBB, acostumbrado a hacer horas extra, ha llegado a batir su propio récord en los últimos meses. En las jornadas que, a priori, se prevén más tranquilas, acude a su despacho de Sabin Etxea a las 8.00 de la mañana -siempre después de haber leído los periódicos y escuchado la radio-, y abandona su puesto a las 22.00 horas. Sin embargo, mientras su partido trabajaba para arrancar al PSOE el traspaso de todas las competencias pendientes, optó por no dejar su despacho hasta pasada la medianoche. No es de los que se cruzan de brazos. Incluso después de la traumática pérdida de la Lehendakaritza tras las elecciones de 2009, y pese a que la del PNV fuera la lista más votada, optó por activar sin demora un proceso de reflexión. "No se quedó parado", recuerdan sus colaboradores más cercanos.
Para desconectar de esas maratonianas jornadas de trabajo, se decanta por los paseos en bicicleta y por subir al monte. La lectura se cuenta entre sus pasiones, y siempre que puede le hinca el diente a alguna novela histórica, su género predilecto. El último libro que ha tenido entre manos es Una historia de Europa desde 1945, de Tony Judt, aunque disfruta con la misma intensidad de las novelas de Toti Martínez de Lezea. Las ha devorado todas. Las reflexiones del sociólogo Anthony Giddens también tienen sitio en su biblioteca.
Entre los intereses del presidente del PNV se cuela la música. El propio Zapatero le obsequió con dos libros sobre la materia durante la reunión que ambos sostuvieron el pasado mes de octubre. Es conocida su afición al txistu, que comenzó a tocar con destreza en su juventud. Una época en la que barajó llegar a convertirse en misionero, dada su vocación de servicio.
No obstante, terminó volcando ese afán en su carrera como profesor, en el PNV y en su familia. No duda a la hora de participar en las tareas del hogar, que se distribuye con su mujer Lucía Arieta-Araunabeña, mientras comparte con sus hijos Kerman, Malen y Carlos su afición al deporte. Quizás añorando sus patadas al balón durante su juventud, en la que llegó a destacar como jugador del Larramendi en diferentes categorías.
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