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Mirandés 1-2 Athletic

Llorente acerca la final

  • El Athletic supera al Mirandés con un doblete de su ariete que atestigua su superioridad en Anduva
  • Los rojiblancos dejan abierta la semifinal tras un despiste en el descuento que aprovecha Lanbarri

César ortuzar - Miércoles, 1 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:38h

Mirandés 1 - Athletic Club Bilbao 2 Reproducir

El jugador del Athletic Iraola escapa de Raúl García, del Mirandés.

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Siempre Llorente. El doblete del hercúleo ariete, un sobresaliente liquidador, un especialista en resolver asuntos peliagudos, acercó al Athletic a la final de Copa después de impulsar a los bilbainos en Anduva, la mágica guarida del Mirandés, enganchado a la eliminatoria en los estertores, a un segundo de la extrema unción, con el gol de Lanbarri en el descuento. Superado el efecto de Anduva, donde el Mirandés no había caído, San Mamés dictará sentencia en una semana con el viento de cola. Lo cierto es que el equipo de Bielsa se encuentra a un dedo, tal vez menos, de catar el duelo definitivo del torneo si no se despista como hizo ayer cuando caía el telón. Volcánico el corazón del Athletic, un apasionado de la Copa, no tardó en acoplarse a la caldera de Anduva, el lugar donde el Mirandés despacha gigantes. No pudo hacerlo con el titánico Llorente, demasiado grande en lo futbolístico, inabarcable para el abrazo burgalés. Comprendieron los bilbainos que la intensidad se combate con el mismo antídoto y se aplicaron en lo visceral, donde descansan los resortes del juego. El Athletic olvidó el credo que le situó en cabeza y lanzó un salvavidas al Mirandés cuando rebajó el pulsómetro. Fue su único error.

Igualados en lo anímico, donde no caben coartadas ni excusas, el equipo de Bielsa desembaló su fútbol, que luce con guirnaldas cuando se agrupa alrededor de la linterna de Iturraspe, veloz a la hora de tocar las teclas del piano. Ágiles y exactos en la trenza, los rojiblancos, enchufados al máximo desde la descarga inicial, anudaron al Mirandés, que se quedó sin hilo conductor, sin vasos comunicantes que enlazaran con su principal concertista, Pablo Infante. Sin noticias del máximo goleador del torneo, el Athletic contrapuso el protagonismo de su más reputado pistolero, Llorente, un martillo pilón para el Mirandés, que no halló la fórmula para desactivarle ni en horizontal ni en vertical. El impacto del delantero, un rascacielos, resultó demoledor para el macizo central del Mirandés. Enérgico y afilado, dominador del espacio aéreo, Llorente se citó con el gol mediante un cabezazo que acunó en la red de Nauzet después de que De Marcos, un Usain Bolt, desconchara la trinchera burgalesa con su zancada felina y un centro preciso que amortizó Llorente.

segunda diana El vínculo entre ambos, cómplices con una mirada, es un tesoro. El alcance de Llorente, un delantero magnífico en los vuelos acrobáticos y en los bailes de salón, donde se precisa coordinación y buen pie, es tal que cuando no encuentra un diálogo lanza un monólogo. Lo desarrolló de carrerilla, en su segunda diana, cuando descontó a los zagueros recorriendo el corazón del área acariciando la pelota antes de cruzarla al rincón, inalcanzable para la estirada de Nauzet, que no pudo con la basculación del disparo, mordido pero suficiente.

Llorente había congelado al Mirandés, tieso ante el Athletic, un escuadrón de soldados prusianos perfectos en el quite, expansivos en el físico y con el aguijón inyectando veneno. De Marcos, el metrónomo del equipo, funcionaba como un percutor. Óscar era un sputnik, inalcanzable para el radar burgalés, que para cuando le detectaba estaba fuera de plano. Los rojiblancos, firmes en la presión, con el fuelle tenso, agarraron la pelota y no la compartieron. El dique de Martins y Garro fracasó ante el encole de Iturraspe, Herrera y Muniain, fértiles con la pelota a la que siempre le dieron sentido. Herrera garabateó su fútbol entre líneas y Muniain acudió a su fondo de armario para desestabilizar el mecanismo defensivo del Mirandés, que no pudo propulsarse en el frente de ataque porque el Athletic no le dio resuello. Los bilbainos, feroces en el cuerpo a cuerpo, mostraron el perfil severo de los contables, el de los gerentes que no dejan ni las migas en el plato.

El Mirandés no tenía predicamento porque el equipo de Bielsa no se separó ni un milímetro de la hoja de ruta que se precisa en duelos de este calado. El sudoku defensivo lo resolvieron los bilbainos alejándose de los arabescos y del barroquismo. Más que nunca mandó el mensaje de evitar riesgos y lujos innecesarios en las zonas calientes del campo, donde los errores penalizan y más ante un equipo hipervitaminado en lo emocional. Javi Martínez, el mandamás de la defensa, el capo, capitaneó al grupo en esa idea. Entre él y Amorebieta aislaron a Alain mientras el resto, flotando en las proximidades de Iturraspe, alejó a Pablo Infante, el banderín de enganche del Mirandés, del imán del área.

Ordenado en lo táctico, con la defensa empujando en la melé, y el centro del campo manejando el joystick, el Athletic se elevó varios cuerpos sobre los burgaleses, más permeables y porosos que en anteriores episodios coperos. El conjunto de Bielsa, espartano y sólido en cada cuadrícula de Anduva, cortocircuitó al Mirandés, más esforzado y laborioso que brillante. El Athletic le había dejado sin luz, sin la púrpura y el fulgor que había cegado a muchos equipos, hipnotizados por el descaro del Mirandés, un seductor. El Athletic, concentradísimo, pendiente de cada detalle, no se tragó el anzuelo y no dio palique a la escuadra de Pouso, sin relieve.

reacción local Mejoró ostensiblemente el aspecto del Mirandés en la reanudación, toda vez que el Athletic, contemplativo, se aculó algún metro y tuvo menos trato con la pelota. Los rojiblancos son mejores cuando se cosen al cuero y en el segundo acto se dejaron algún hilo suelto. Tiró de ellos Pouso, que dio vuelo a Lanbarri, una torre, para rascar los centros e incomodar a los centrales. No fue, empero, un punta quien exigió la mejor versión de Iraizoz, sino César Caneda en un empalme de gol o gol que Gorka dejó sin efecto. Mujika también había enfocado la portería del Athletic, pero su impacto desde el balcón del área acarició el larguero. Los bilbainos se subieron la cremallera mientras esperaban el paso de las manecillas y el bingo de una contra que arrugara y empaquetara el espíritu del Mirandés. Sucede que la tropa de Pouso no se rinde jamás y Ander Lanbarri, socio de club bilbaino, enganchó a los burgaleses a la eliminatoria en el descuento, aunque el Athletic parte con varios metros de ventaja en el sprint de la final que le concedió el gigantesco Llorente.

MIRANDÉS: Garmendia; César Caneda, Corral, Raúl García; Garro (Min. 53, Lanbarri), Martins; Mujika, Muneta (Min. 70, José Ángel), Pablo Infante; y Alain (Min. 63, Borrel).

ATHLETIC: Iraizoz; Iraola, Javi Martínez, Amorebieta, Aurtenetxe; Iturraspe, De Marcos, Herrera; Susaeta (Min. 76, David López), Llorente y Muniain (Min. 86, Iñigo Pérez).

Goles: 0-1: Min. 17; Llorente. 0-2: Min. 25; Llorente. 1-2: Min. 90; Lanbarri.

Árbitro: Estrada Fernández (Comité Catalán). Amonestó a los locales Raúl García (Min. 44), por protestar, y Corral (Min. 67), por zancadillear a Muniain; y a los visitantes Iturraspe (Min. 55), por agarrar a Infante; Javi Martínez (Min. 61), por manos; David López (Min. 67), por impedir un saque de falta; e Iñigo Pérez (Min. 87), por una falta sobre Borrel.

Incidencias: Anduva, 8.000 espectadores.

1Intensidad El Athletic se enganchó con el voltaje preciso a la eliminatoria y a lo que exigía el entusiasmo del Mirandés, que no hace prisioneros en Anduva. Nivelados en motivación, se impuso el ritmo y la calidad rojiblanca.

2Llorente Toda vez que el Athletic gobernaba con criterio el juego, merced a ese dominio apareció Fernando Llorente, majestuoso nuevamente en la galería de tiro.

3relajación Los rojiblancos se confundieron en la reanudación. Se olvidaron de la pelota, retrocedieron varios metros y perdieron pie, presencia y juego. Achicado el Athletic, el Mirandés, irrespetuoso, convencido, buscó el gol que encontró en el descuento para abrir una vía de esperanza de cara al duelo en San Mamés.

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