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Es uno de los jugadores de moda. Óscar de Marcos se ha asomado como un nuevo futbolista de la mano de Marcelo Bielsa. El de Biasteri asume su rol actual, aunque se pone nervioso ante la posibilidad de que el conjunto rojiblanco llegue a la final de Copa tres años después
Pako Ruiz - Lunes, 6 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:40h
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Óscar de Marcos posa en el interior de las instalaciones de Lezama. (J.M.M.)
Vista:
bilbao. A Óscar de Marcos (Biasteri, 14 de abril de 1989) las pulsaciones le suben a cien cuando se le menciona la posibilidad de jugar una final de Copa, una experiencia única que se la recuerdan día sí y día también sus compañeros del Athletic que sí la vivieron hace tres años, cuando él aún militaba en el Alavés, "con el que me estaba jugando el descenso". De Marcos, una de las revelaciones en el conjunto rojiblanco, tira de silencios cortos cuando se detiene en el escenario de una nueva final de Copa, aunque prefiere centrarse en el choque definitivo de mañana ante el Mirandés en San Mamés. Sin embargo, se le escapa una frase: "Tendré tres meses por delante para imaginarme situaciones de la final".
¿Cómo se recupera de un varapalo como el del sábado ante el Espanyol?
Cambiando el chip. Fue muy doloroso porque llegó en el último minuto. En ocasiones anteriores, hemos perdido el partido, a los tres días hemos tenido que jugar otro y nos hemos recuperado bien. Se trata de una cuestión de mentalidad.
Son ocho puntos los que se han escapado en total en tiempo de descuento. ¿No toca cerrar semejante hemorragia?
Ojalá la hubiéramos cerrado. A veces se pierden puntos en los últimos minutos y en otras se pierden mediada la segunda parte. Intentamos hacer nuestro fútbol, aunque es cierto que en esos finales o nos aprietan más o tenemos ese punto de fortuna necesario.
Bielsa insiste en que no tiene porqué cambiar de ideario por esas causas lacerantes. ¿El instinto del jugador no pide echar el cerrojo en esos minutos finales?
No lo sé. Nuestra mentalidad es la de atacar siempre, ganando 3-2 o 3-0. Nos da igual. Creemos que así el equipo rival defiende más y ataca menos; y en el caso del sábado, fuimos a presionar muchos arriba y hubo alguno menos atrás. Pero eso mismo nos podía haber pasado en el minuto 75.
Queda la pataleta por cómo se produce, pero ¿qué se aprende?
Se aprende a que el fútbol es injusto en ocasiones. Quizá hay que mantener la posesión un poco más en los últimos minutos. Son cosas que te va dando los partidos, como enseñanzas para los siguientes.
Se perdió, además, la opción de entrar en zona Champions.
No me dice nada. ¡Si solo llevamos dos partidos de la segunda vuelta! Quedan un montón de partidos para poder meternos. La dinámica del equipo es muy buena en todas las competiciones y vamos a ir a pelear por todo.
Fue un partido trepidante y en el que usted inauguró el marcador con un gol casi por cabezonería. ¿Cómo gestionó esa acción?
Me cayó un rebote de la nada, vi que tenía poco espacio, me jugué un caño, salí a trompicones, seguí a trompicones, metí la puntera, con la fortuna de que el portero (Kiko Casilla) no estuvo tan acertado y fue para adentro.
O sea, por cabezonería.
Igual sí. Los tres goles que he metido en Liga han sido parecidos. El de Betis fue tras un rebote en el área pequeña; el de Sevilla metí la puntera y me salió un caño al portero; y el del sábado, que fue un poco por insistencia.
Bielsa tiró de rotaciones, con lo que pensaba en el partido definitivo de las semifinales de Copa ante el Mirandés. ¿Cómo se encuentran sus pulsaciones de cara al duelo del martes?
Prefiero no pensar mucho en el partido, porque me pone nervioso. Tengo tantas ganas de que llegue y de conseguir algo bonito, que las pulsaciones de ponen a cien.
Para usted es una experiencia única, porque hace tres años aún militaba en el Alavés.
Me estaba jugando el descenso, cuando el Athletic jugaba una final de Copa.
¿Recuerda el vestuario aquella semifinal ante el Sevilla y la final de Mestalla?
Las dos cosas. Se habla mucho y más cuando estamos a un paso. ¿La final? Se me pone la piel de gallina cuando lo cuentan, ya que me gustaría vivir lo que mis compañeros han vivido; y porqué no, en el caso de la final. Todo el mundo sabe que soy del Athletic desde pequeñito, como mi padre, mis tíos...
Y la Copa se mama en casa.
Jo... si se mama. Por desgracia aún no he podido vivir un título, pero ahora que pertenezco este club y que está en mis manos me encantaría pasar a la historia.
Entonces, tocó remontar al Sevilla y en esta ocasión el Athletic es el gran favorito. ¿Se siente presión?
Presión siempre hay. Tenemos que hacer un partido como si fuera nuevo, ir a por la victoria sin pensar en el resultado, porque si especulamos, nos puede causar algún problema. Debemos ir a por el partido desde el principio con nuestro juego y a ver si se nos pone pronto de cara.
El Mirandés no deja de ser un equipo de Segunda División B, con el respeto que merece. ¿No entrar en la final supondría un batacazo histórico?
A mí, personalmente, me dolería muchísimo no jugar la final cuando la tienes tan cerca. No hay que menospreciar, sin lugar a dudas, a un equipo que ha eliminado a tres Primeras, lo que tiene un gran mérito. Te podía haber eliminado en la primera ronda, como también en la última. Al final es lo mismo aunque se vea con distintos ojos, porque estás a un paso de la final.
¿Sinceramente cree que el tanto de Lanbarri, también en el descuento, dio vidilla a la eliminatoria?
Sí que les dio vidilla... Hay diferencia entre la renta de dos goles y la de un gol. No van a venir con la eliminatoria entregada, por lo que hay que trabajar muchísimo el partido.
¿Al Athletic le debe preocupar el Athletic?
Así es. Debemos pensar en nosotros, en hacer las cosas muy bien, en salir a darlo todo durante los 90 minutos, en no confiarnos, con lo que la eliminatoria debería ser nuestra.
El camino en esta Copa arrancó en Oviedo, donde anotó el tanto de la victoria rojiblanca.
Fue un partido para mí muy bonito, porque me encantó el ambiente de Copa que hubo, además de que pude, por suerte, marcar el gol. Ojalá que podamos llegar a lo más alto gracias a eso.
¿La hoja de ruta en esta edición la ha diseñado alguna persona cercana al Athletic?
Así puede parecer de cara a los equipos que nos han tocado, tres de Segunda División B. A primera vista, el calendario es fácil, pero esos equipos han eliminado a Primeras y, en teoría, te enfrentas a un equipo de Primera. Cuando lo eliminas, la gente dice: cómo no vas a eliminarle si es un equipo de Segunda B. Sí, pero antes han eliminado a conjuntos de primer nivel.
¿Se imagina escenarios ante una posible final?
No, ni quiero. Cuando me viene alguna imagen de la final, intento cambiarla porque sé que el martes es el partido importante para llegar a ella. Ya tendré tres meses por delante para imaginarme situaciones de la final.
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