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Sábado, 11 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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definitivamente vivimos en un mundo completamente loco y el mejor ejemplo es el anuncio de lo que ya se conoce como la próxima guerra, esto es, el ataque israelí al emporio de uranio enriquecido de los iraníes comandados por ese tío de aspecto lúgubre -como de eterno estreñido- de apellido difícil llamado Ahmadineyad. Desde que el mundo es mundo, todas las guerras se han hecho sin previo aviso y por sorpresa, sin avisar al enemigo para intentar pillarle lo más desprevenido posible. El único caso de pacto previo al ataque lo tenemos en el cabo Gila que siempre intentaba salvar de la guerra al fútbol de los domingos para que ambos bandos pudieran disfrutar de la Liga antes de volver a atacarse pero casi nunca lo conseguía por mucha voluntad que pusiese con sus llamadas telefónicas al enemigo.
Lo que nos faltaba, una guerrita más que encarecería como nunca el precio del barril de petróleo
Y hete aquí que los judíos no solo anuncian la próxima guerra sino que también le ponen fecha y anuncian que es posible que, en la próxima primavera, ataquen a Irán. Solo les faltaba enviar un tarjetón al palacio presidencial del eterno estreñido de apellido difícil para anunciarle -formalmente- que van a atacar sus bases. Parafraseando al gran García Márquez podríamos concluir que se trata de la crónica de una guerra anunciada. Se les podrá llamar de todo a los militares israelíes pero nunca felones ni traidores ya que -con varios meses de antelación- se portaron como un duelo de caballeros anunciando a su enemigo la fecha aproximada de su ataque militar.
Pues es lo que nos faltaba en estos momentos, una guerrita más que encarecería como nunca el precio del barril de petróleo, unas consecuencias imprevisibles porque nadie tiene claro quien sería el ganador del enfrentamiento y -sobre todo- una ignorancia de quienes serían los contendientes porque ahí pueden empezar solamente dos -Irán e Israel- y puede acabar medio mundo detrás como si se tratara de la tercera guerra mundial. Imagínense los informativos del día después: Israel enviando aviones y misiles a donde cree que se ocultan las fábricas de uranio enriquecido de Irán, los iraníes -ni cortos ni perezosos- devolviendo más misiles sobre territorio judío, los iraníes cerrando el estrecho de Ormuz con todo el petróleo paralizado en las bodegas de los petroleros anclados en el Golfo Pérsico. El precio de la gasolina y de todos los derivados del petróleo -que son muchos- por las nubes, todos los islamistas del mundo -que también son muchos- con ganas de juerga, los yanquis obligados a participar en el cachondeo por el cierre del estrecho de Ormuz, los europeos -como siempre- a rebufo de los americanos entrando en la guerra un poco más tarde. Chinos y rusos profundamente cabreados por el ataque a su amigo el eterno estreñido iraní. En definitiva, un desastre y este desastre no va a obedecer a un calentón de gobierno alguno ni a alguna noticia de última hora sino que los israelíes lo han anunciado ya y casi, casi le han puesto fecha. Sabemos en que estación va a ser que es la primavera, solo nos falta conocer el día y el mes pero a tanta precisión no van a llegar porque hay que dejar algo -aunque sea poco- al factor sorpresa.
En definitiva, que nos van a jorobar la existencia una vez más. Yo ya me he construido un megadepósito de almacenamiento de gas-oil para aguantar dos años con el coche y la calefacción porque el mundo puede que no sea el mismo antes y después de este enfrentamiento. El que avisa no es traidor.
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Gracias por su comentario
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