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José L. Artetxe - Domingo, 12 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 08:39h
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El colegiado Teixeira Vitienes expulsa por doble amarilla a Javi Martínez, quien protesta la decisión junto a Iturraspe y Susaeta. (Zigor Alkorta)
Vista:
EL Athletic de Marcelo Bielsa tiene desde anoche su particular bestia negra. Dos partidos contra el Betis, dos derrotas. Si la primera obedeció básicamente a la ausencia de un rodaje propio, pues tuvo lugar en los albores del campeonato, todavía el equipo no era lo que hoy en día es, ni siquiera parecido, y concedió lo que no está en lo escritos en el inicio del encuentro; esta segunda vino propiciada en gran medida por la expulsión de Javi Martínez a falta de media hora para la conclusión. Siendo esto así, debe admitirse que el Betis accedió al triunfo con merecimiento porque el ahínco que exhibió no asomó únicamente una vez estuvo en superioridad numérica. Sin embargo resulta indiscutible que a raíz de esa doble amarilla, el cuadro andaluz dispuso de una ventaja crucial y pudo orientar el choque según le convino.
Otra cuestión es que víctima de una medida drástica, que se antoja exagerada por parte del árbitro, quizás tampoco el Athletic se hiciese acreedor a la derrota. Once contra once es muy probable que el desenlace hubiera sido distinto, puesto que en igualdad tampoco el Betis, pese a disponer de más oportunidades, se mostró superior como para optar al éxito que a la postre obtuvo. Y sin su central titular, el Athletic se mantuvo entero, Iraizoz solo tuvo que realizar una parada, a chut de Beñat.
Que el gol que deshizo el empate se registrase en tiempo añadido podía interpretarse como una pesada broma del destino, no en vano esos minutos que exceden al 90 le están cobrando una factura importante al Athletic. Mucho se ha debatido a este respecto, pero es evidente que ayer no cabe apelar al perfil extremadamente alegre que se ha convertido en santo y seña de este equipo. Al revés, ese gol nació en un córner, con todos los rojiblancos defendiendo su área. Podrá decirse que el remate de Nelson fue el premio a la insistencia del Betis, pero no una consecuencia de la acusada disposición ofensiva del Athletic, cuya presencia en el área de Fabricio descendió y se limitó a la ejecución de varios córners.
demasiado peligroso.
La primera parte deparó un espectáculo muy grato para el espectador, especialmente para quien no fuera con ninguno de los dos equipos, embarcados en un intercambio de golpes que a ratos discurrió fuera de todo control. Un ir y venir provocado por la necesidad vital del Betis y el desmedido afán ofensivo que caracteriza al Athletic. Bonito sí, emocionante también, aunque acaso demasiado peligroso para los rojiblancos, puesto que en ningún momento pudieron pararse a pensar y esto se tradujo en desajustes que el rival explotó al máximo con futbolistas enredadores, casos de Rubén Castro o Montero, rapiditos, muy móviles y amigos de intentar jugadas al límite.
El primer golpe corrió cargo del anfitrión, que salió a tope, con toda la intención de buscar la ventaja que le restara ansiedad, un lastre lógico en un conjunto en plena racha adversa. Y si los de Bielsa se vieron sorprendidos por ese arranque fulgurante, cierto es que poco a poco se rehicieron, salvando la presión decidida que Pepe Mel ordenó realizar a sus puntas.
El empate, fruto de la estrategia, faceta que últimamente y al contrario que en el primer tramo de la temporada, el equipo viene aprovechando con notable asiduidad. Viene bien ese índice de acierto y se agradece aún más en jornadas donde el juego no otorga un dominio claro, como anoche. Tras el inteligente cabezazo de Javi Martínez, el asunto no se calmó, hubo una fase de desconcierto bético, algo pasajero porque entre Beñat y Salva Sevilla continuaron nutriendo a los delanteros locales.
A ráfagas, con la carencia de esa pausa que favorecería la precisión y con algunas pérdidas muy arriba, que daban pie a la contra del Betis, favorecidas por la incorporación masiva de rojiblancos acompañando la jugada, el Athletic se esforzó por tomar la iniciativa, algo que nunca consiguió de forma definitiva. Prueba de ello que sólo dos chuts de Iñigo Pérez inquietaron a Fabricio, mientras que Iraizoz se vio más apurado. La acción que cerró este período fue ilustrativa, con toda la zaga incapaz de frenar al bullicioso Montero, cuyo remate a bocajarro se estampó en el larguero.
no se ve el efecto del cambio Un susto de idéntico calibre sirvió para abrir la reanudación, pero luego regresó el Athletic a su mejor versión, lo que se tradujo en una clara opción de gol a cargo de Llorente. Bielsa modificó el dibujo dando entrada a San José, pero no hubo ocasión de comprobar del todo el efecto de su decisión. No tardó en llegar el exceso de celo del árbitro, pues si bien el contacto existió, mostrar la segunda amarilla a Javi Martínez no pareció una correcta interpretación del juego.
En adelante, el Athletic tuvo que dedicar las fuerzas restantes a defender el punto. Y que conste que las tuvo para neutralizar a un Betis que echó el resto. En esa fase crítica, la intensidad del rival les vino ancha a los delanteros rojiblancos, el balón les quemó tanto que el equipo apenas pudo romper el ritmo y la inercia del partido. Así todo, parecía que el empate compensaría el esfuerzo, pero el Betis halló un resquicio y se erige en el peor enemigo que el Athletic ha encontrado en su camino hasta la fecha.
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