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w De Siria, refugio durante años del líder de la formación, los islamistas han virado su atención hacia Egipto, antiguo líder de Al Fatah w Pese a los cambios, la facción sigue necesitando al régimen iraní
E. Jara - Domingo, 19 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:40h
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Ismail Haniye es recibido en Gaza tras una gira por los países de la región. (Foto: EFe)
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erika jara
En una Palestina dividida en dos facciones, cada una de las cuales está apoyada por diferentes bandos de países vecinos, la Primavera Árabe ha cambiado las tornas, especialmente las de Hamás. Desde 2006, la formación islámica se aisló poco a poco en la franja de Gaza. El boicot internacional al que fue sometido su gobierno tras ganar las elecciones legislativas de ese año fue reforzado por la guerra civil que mantuvo con Al Fatah al año siguiente, tras la cual Hamás tomó por la fuerza el gobierno de la franja, rematada con el bloqueo impuesto por Israel sobre Gaza.
Este aislamiento convertía a Hamás en el cliente perfecto de Irán; la formación islamista necesitaba su ayuda y Teherán incrementaba una influencia en el conflicto que ya había comenzado con el alojamiento desde 2001 del líder de Hamás en el exilio, Jaled Meshal, en la capital de su aliada Siria. Pero la Primavera Árabe ha obligado a Hamás a redefinirse.
En abril de 2011, un mes después del comienzo de la violenta represión siria, Meshal hizo público un comunicado de apoyo al presidente sirio Bashar al Assad. Fue un grave paso en falso que derivó en rumores de que Hamás estaba pensando en trasladar sus oficinas a Qatar. La facción islamista trató entonces de mantenerse al margen de la revuelta, pero en agosto y septiembre Irán y Siria presionaron a Meshal para que organizase manifestaciones pro Assad en los campos de refugiados palestinos en el país.
El líder islamista se vio obligado a elegir: enfrentarse a sus hermanos suníes, que lideraban la revuelta en siria contra un gobierno chií que nunca había tolerado la presencia de sus mentores, los Hermanos Musulmanes, en su territorio -el padre del actual presidente sirio, Hafez Al Assad, asesinó a más de 10.000 de ellos en la provincia de Hama en el año 1982- o cambiar de estrategia para no perder credibilidad. Meshal comenzó a pensar seriamente en la segunda opción, por lo que llegó el momento de hacer las maletas.
Hamás viró su atención hacia Egipto, irónicamente antiguo aliado de Al Fatah, donde los Hermanos Musulmanes comenzaban a tener auge. Y tanto él como el primer ministro de facto en la franja de Gaza, Ismail Haniye, comenzaron a hacer viajes por toda la región a países árabes enemigos de Irán en busca de nuevas sedes para sus oficinas en el exilio y nuevos fondos que sustituyesen los del país islámico. Muchos los acogieron, deseosos como estaban de demostrar su preocupación por los Hermanos Musulmanes ante su población y de influir en la balanza de poder contra Israel. Incluso el Gobierno jordano, en medio de crecientes protestas lideradas por la Hermandad Musulmana, quiso aprovechar la circunstancia para recibir al líder de Hamás en una visita diplomática tras haberlo expulsado a él y a su facción en 1999.
Egipto, y especialmente su Parlamento, liderado por los Hermanos Musulmanes, también desean dar muestras de buena voluntad a la formación palestina, que ya comenzaron con la apertura del paso de Rafah que conecta Gaza con Egipto. Sin embargo, se esfuerzan en mantener estas relaciones bajo control, pues Hamás podría utilizar la libertad de movimiento en la península del Sinaí para instigar un conflicto entre Egipto e Israel, algo que ni la Junta Militar egipcia ni la Hermandad Musulmana desean.
TEherán Así las cosas, tanto Egipto como los líderes de los países árabes quieren asegurarse el compromiso de Hamás antes de correr riesgos y piden una demostración que la facción islamista aún no está dispuesta a proporcionar; Hamás no puede desligarse de Irán sin asegurarse un claro sustituto financiero.
Además, la facción necesita la ayuda de Irán para mantener controlada en la franja a la cada vez más fuerte Yihad Islámica, que no acepta ayuda alguna de los países árabes al considerarlos hipócritas con respecto al conflicto palestino. Esta podría convertirse en la nueva cliente de Irán. Las luchas internas dentro de Hamás tampoco facilitan las cosas; el reciente pacto de reconciliación firmado en Qatar fue muy criticado por la línea dura de la facción en Gaza, que condiciona a un Ismail Haniye que podría ser el próximo líder de Hamás, ya que Meshal ya ha cumplido dos términos al frente de la formación y no puede presentarse de nuevo a las elecciones del partido este año.
Recientemente Kuwait, Bahréin y Qatar pidieron a Haniye que cancelase su viaje a Irán como muestra de compromiso, pero este vistió el país lo cual demuestra la dependencia y voluntad de Hamás de no cerrar todas las opciones con Irán.
Jerusalén. Cuando Israel ha querido distraer a su población de crisis internas, rentabilizar su miedo para captar votos o simplemente hacer una demostración de fuerza ante sus enemigos, uno de sus recursos más comunes ha sido atacar Gaza bajo la premisa de que Hamás es una organización terrorista. Sin embargo, el giro en la actitud del movimiento, además de su reconciliación con Al Fatah, podría dificultar el uso de la franja por parte de Israel como chivo expiatorio. Jaled Meshal expresó en diciembre su voluntad de abandonar la violencia y de integrarse en la OLP, lo cual implicaría aceptar los acuerdos de Oslo y las fronteras de 1967, lo cual eliminaría el argumento israelí de que Hamás quiere destruir el Estado hebreo. Hamás intenta alejarse de Irán y ser aceptado en la comunidad internacional como un actor político en la región, e incluso ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones presidenciales palestinas, allanando el camino para el candidato de Al Fatah.
Como respuesta, Israel arrestó a uno de sus líderes y portavoz del parlamento palestino Aziz Dweik, que se sumó a la lista de 25 legisladores encarcelados por Israel, en un intento de desbaratar la reconciliación de facciones palestinas. Por otro lado, Israel sabe que Hamás teme que su alineación con Al Fatah y los países árabes vecinos le reste prestigio y pase a ser visto como una facción corrupta, al igual que Fatah.
Por ello, y aprovechando la rivalidad entre los sectores moderados y más radicales de Hamás en la franja, Israel podría lanzar un último ataque contra Gaza, antes de que sea tarde, con la esperanza de que Hamás se vea forzado a regresar a su radicalismo.
Los líderes de los países árabes quieren asegurarse el compromiso de Hamás de desligarse de Irán
La facción necesita la ayuda de Teherán para mantener controlada a la cada vez más fuerte Yihad Islámica
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