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Un estudio realizado por varias universidades asegura que las mujeres que leen las etiquetas de los alimentos pesan cuatro kilos menos que las que no lo hacen
Aitzol García - Viernes, 14 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Dos mujeres leen la etiqueta con el valor nutricional de unos cereales en el supermercado de Eroski en Artea. (Foto: juan lazkano)
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Bilbao
LA lectura adelgaza. Y no porque el ejercicio de leer aumente el gasto calórico, sino porque leyendo, el consumidor puede conocer precisamente el contenido en calorías de aquello que va a comer. No vale cualquier lectura, claro está; la lectura que adelgaza es la de las etiquetas de los alimentos. Según un estudio efectuado por centros de investigación de varios países, incluida la Universidad de Santiago de Compostela (USC), las mujeres que leen las etiquetas de los productos alimentarios para conocer sus componentes nutricionales están más delgadas.
Ese trabajo, divulgado por la USC, apunta que la diferencia de peso entre las mujeres que leen o no las etiquetas es de cerca de cuatro kilogramos. La investigación ha sido llevada a cabo también por las universidades estadounidenses de Tennessee y Arkansas y por el Instituto de Investigación de Economía Agrícola de Noruega, señala la USC en un comunicado. Asimismo, el informe indica que las personas que viven en zonas urbanas y las que tienen estudios universitarios son más proclives a leer las etiquetas, y mucho más las mujeres que los hombres. El 58% de los hombres encuestados afirma leer habitualmente o siempre la información sobre el contenido nutricional, pero entre las mujeres la tasa alcanza el 74%, según el estudio. La profesora de la USC María Loureiro, autora principal del estudio, que ha sido publicado por la revista Agricultural Economics, indica que las mujeres que leen las etiquetas tienen un índice de masa corporal 1,48 puntos menor, mientras que esta diferencia es de solo 0,12 puntos en hombres. Según la USC, el estudio concluye también que las personas fumadoras, que generalmente tienen un estilo de vida menos saludable y se despreocupan más de lo que comen, suelen leer menos las etiquetas.
una hamburguesa, 550 calorías Quienes también tendrán la posibilidad de adelgazar, o al menos de ser conscientes de lo que pueden engordar, son los clientes norteamericanos de la cadena de comida rápida McDonald's, que ayer anunció que la información sobre el valor nutricional y calórico de sus productos se incluirá en el menú, con el objetivo de ayudar a los consumidores "a elegir lo que comen". Como pocas marcas son tan globales como McDonald's, la medida no tardará en llegar también a Europa. "Sabemos que los clientes quieren saber más sobre el contenido nutricional que proponemos", indicó el presidente de McDonald's Estados Unidos, Jan Fields, en un comunicado. Los consumidores conocerán así que una Big Mac suma 550 calorías; una hamburguesa sencilla, 250; diez trozos de pollo, 470; una ensalada con pollo, 190; una porción grande de papas fritas, 500, y una Coca Cola mediana, 210. McDonald's anunció igualmente una serie de iniciativas que piensa adoptar próximamente como la realización de cursos de nutrición para sus empleados y la elaboración de nuevos menús "con más frutas y verduras", así como el lanzamiento de un sandwich McWrap "inspirado por McDonald's Europa", con vegetales frescos. McDonald's Estados Unidos afirma servir a alrededor de 25 millones de clientes por día en sus 14.000 restaurantes en el país.
guerra a los refrescos Y para cerrar el círculo de la guerra a las calorías, la Junta de Salud de Nueva York aprobó ayer la propuesta del alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, de prohibir la venta de refrescos y bebidas azucaradas de gran tamaño en restaurantes, cines, carritos callejeros y otros establecimientos para luchar contra la obesidad. Los responsables de sanidad de la ciudad aprobaron, por ocho votos a favor y una abstención, el veto a la comercialización de los refrescos en envases superiores a las 16 onzas (464 mililitros) en la Gran Manzana, un plan que desveló Bloomberg hace menos de cuatro meses y que entrará en vigor en marzo del año que viene. "Las pruebas dejan muy claro que las bebidas azucaradas están contribuyendo a una epidemia de obesidad", dijo uno de los miembros de la Junta de Salud de Nueva York, Sandro Galea.
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