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Juan Ignacio Pérez - Viernes, 14 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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Juan Ignacio Pérez, ex rector de la UPV y Catedrático de Biología Animal (David de Haro)
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las encuestas anticipan que en la próximas elecciones autonómicas el PNV obtendrá la victoria en votos y, probablemente, también en escaños, que EH Bildu será la segunda fuerza, y que a continuación irán PSE y PP. Así las cosas, muchos observadores sostienen que un gobierno de coalición PNV-PSE es el único escenario postelectoral realista, por lo que lo consideran prácticamente inevitable. Descartan cualquier combinación en la que entre el PP porque, consideraciones políticas al margen, la suma difícilmente arrojaría una cifra superior a 37. Y también descartan posibles acuerdos en los que participe EH Bildu; en el caso del PNV porque no tendría lógica un pacto entre rivales directos, y en el del PSE, no se sabe muy bien por qué. Supongamos, aunque sea mucho suponer, que efectivamente, solo el pacto PNV-PSE es realista. ¿Deberían pactar esas dos fuerzas? ¿Es, en verdad, inevitable tal configuración? Doy, a continuación, algunas razones a su favor.
Durante los últimos meses, desde que el PP retirara su apoyo al Gobierno presidido por Patxi López, este ha debido apoyarse en 25 parlamentarios. Y ha sido esa debilidad la que, finalmente, ha conducido a la convocatoria anticipada de elecciones. El resto de fuerzas políticas vascas no han dejado de recordar al lehendakari que no contaba con apoyo suficiente y que lo más lógico era que disolviera el Parlamento para abrir la vía a un nuevo periodo. Dado que, presumiblemente, el PNV no obtendrá más de 25 escaños, el mismo argumento esgrimido para pedir la disolución del Parlamento, valdría para justificar la necesidad de un gobierno de coalición.
La razón más poderosa, quizás, que se esgrime a favor de un pacto es que la situación económica es tan difícil, que solo un gobierno que cuente con mayoría absoluta se encontrará en condiciones de tomar las decisiones que hayan de ser tomadas para capear el temporal. No es mal argumento. Durante la mayor parte de la historia autonómica vasca, el gobierno se ha apoyado en mayorías absolutas, y los gobiernos de coalición presididos por el lehendakari Ardanza son un buen modelo de referencia a favor de ese argumento. En parte, fueron aquellos gobiernos los que implantaron las políticas que permitieron a la Comunidad Autónoma Vasca salir del agujero en el que se encontraba tras la debacle industrial de los años setenta.
Y existe un argumento adicional que, si bien no tan pragmático como el anterior, se refiere a una esfera simbólica también importante. En Euskadi convivimos, como es sabido, personas con sentimientos de pertenencia diferentes. Seguramente no se puede afirmar que esos sentimientos de pertenencia corresponden a dos únicas y monolíticas identidades colectivas, ya que cada persona es poseedora de su único y muy personal perfil. Pero simplificando y en lo relativo a la proyección política de esos perfiles, se puede afirmar que son dos los grandes conjuntos, el que agrupa a quienes se sienten solo o principalmente vascos, y el de quienes se consideran principalmente españoles. Pues bien, son muchos los que piensan que la mejor manera de integrar a esas dos comunidades en un proyecto de país abierto e inclusivo es contar con un gobierno en el que ambas sensibilidades se hallen presentes. Esa es, de hecho, la tecla que quiso tocar el lehendakari hace unos días cuando dijo que "el futuro de Euskadi pasa por la transversalidad". No es un argumento menor, en absoluto.
Y muy probablemente son estas tres razones, y otras que no se me han ocurrido, las que hacen que el gobierno de coalición PNV-PSE sea el que, según las encuestas, manifiestan preferir un mayor número de ciudadanos.
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