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Cientos de personas disfrutan de las actividades organizadas por Hirukide en el parque de Doña Casilda
Sandra Atutxa - Domingo, 16 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Un grupo de niños juega a pescar barcos de colores en una de las actividades de ayer. (Oskar Martínez)
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Bilbao
MIKEL, Ane y Julene juegan a pescar barquitos de madera en una charca de colores. "Yo quiero el azul pero no puedo cogerlo", decía uno de los pequeños, mientras que con una caña intentaba hacerse con el preciado premio. Pero se le resistía. Ese era uno de los múltiples juegos que ayer hicieron las delicias del público más joven en los alrededores del parque de Doña Casilda. Pero hubo más, muchos más.
Hirukide, Federación de Asociaciones de Familias Numerosas de Euskadi, organizó un año más la fiesta para la familia con infinidad de juegos, actividades y actuaciones que se desarrollaron a lo largo de todo el día en la capital vizcaina. El sol no quiso faltar a esta cita que se ha convertido para muchas familias en un encuentro entre amigos que marcan en su particular calendario. "Un grupo de amigos venimos con los niños todos los años, pasamos el día juntos y lo pasamos genial", explicaba Esther Gómez de Bilbao.
La fiesta cuenta con los ingredientes necesarios para convertirse en el plan perfecto en familia. "Venimos todos los años. Hay juegos para todas las edades y los pequeños se lo pasan bomba", comentaba Ángel.
Y es que lo importante es que los niños disfruten, que se lo pasen muy bien. "Aquí está garantizada la diversión para todas las edades. Lo mismo te encuentras hinchables, que juegos de madera, que una ludoteca infantil, que un rocódromo", cuenta Ander. Su hijo, Iban, de siete años, fue uno de los niños que sin miedo y mucha destreza se animó a ascender por la pared vertical que se instaló en el parque. "No me da miedo, me parece divertido. Yo me aburro en los hinchables", apuntaba el joven escalador ante la atenta mirada de su madre. Hubo también los que esperaron sin rechistar colas de hasta 15 minutos para brincar como canguros en unas camas elásticas. "¿Jo, aita, queda mucho para que nos toque?", preguntaba tímidamente Jorge mientras esperaba llegar a la zona de jumping. Pero no todos los niños son tan atrevidos, los hay que prefieren jugar un partido de fútbol sin gastar energía. En una de las zonas instalaron diferentes pantallas con videojuegos. "Los videojuegos son guays", comentaba Javier, de cinco años.
A partir de las once de la mañana se empezaron a ver las primeras familias dispuestas a divertirse. "Hemos venido para las once y media porque luego es imposible jugar a nada. Esto se llena de gente", explicaba Aitor que se acercó hasta el parque doña Casilda con sus tres trillizos de cuatro años, Ander, Jon y Gaizka. "Los niños no tienen paciencia y quieren llegar y montarse en todo y con mucha gente es imposible", aclaraba Amaia, que esperaba su turno para los hinchables.
El tren chu-chu también recorrió el parque sin parar. Grandes y pequeños se pasearon en la locomotora por debajo del arbolado que adorna este pulmón verde de la villa con globos de colores y canciones. Entre las actividades los más pequeños también pudieron elaborar flores y figuras con esponjas de colores y colorear dibujos. En otro de los stand los monitores pintaban las caras a los pequeños: "Mira ama, tengo la cara pintada de gatita", describía una niña su nueva imagen.
éxito garantizado No cabe duda que la fiesta organizada por Hirukide volvió a ser ayer todo un éxito. Un punto de encuentro en el que las familias hallan actividades diseñadas acorde a las necesidades de sus hijos. "Este tipo de fiestas tienen mucho éxito. Hay un poco de todo. Afortunadamente en Bilbao casi todos los fines de semana hay alguna actividad dirigida a los más pequeños, en carnavales, en navidades", explicaba Koldo.
No faltaron payasas que sacaron la sonrisa a los más txikis, ni el espectáculo de magia que asombró a más de uno. Sin lugar a dudas, la jornada de ayer estuvo repleta de emociones, de tantas emociones que hubo quien no resistió y cayó rendido en brazos de su madre. "Desde que hemos llegado a las doce no ha parado y, ahora, a las dos está agotado. Ni ha comido aún", decía Helena en referencia a su niño, Jokin, de 3 años. Es el feliz sueño tras una mañana activa, llena de divertidos juegos que ilusionan y hacen felices a los más pequeños de la casa.
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