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Períodico de Deia
'blancanieves' triunfa

"Mi norte siempre será Bilbao"

Su última película, 'Blancanieves', ha sido aplaudida en Toronto, preseleccionada para los Oscar y opta a la Concha de Oro del Zinemaldia. Sorprendido, agotado... pero feliz. Pablo Berger (Bilbao, 1964) trata de adecuarse a su "nueva realidad". Al cineasta le han crecido los enanos

iñaki mendizabal elordi - Domingo, 16 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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El director bilbaino conversa con Maribel Verdú durante el rodaje de 'Blancanieves'.

El director bilbaino conversa con Maribel Verdú durante el rodaje de 'Blancanieves'. (Wanda)

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BILBAO. En Canadá han llegado a comparar a Berger con "los grandes directores de los años 20" del siglo pasado. El hombre está abrumado. "Estos días han sido terribles y pido disculpas a todos los amigos que me han felicitado o que han querido hacerlo y no han podido, pero tengo el correo saturado y no he parado de recibir llamadas", se excusa.

¿La felicidad agota?

Acabo de llegar de Toronto y estoy k.o. Estoy con la promoción, también estamos haciendo un libro maravilloso de la película... Pero son cosas buenas. No me puedo quejar, aunque mi estilo de vida ha cambiado durante estos últimos días.

Los fotogramas de la película son impactantes. Seguro que mucha gente reclama un álbum con las mejores fotografías del rodaje.

La película merece eso e incluso un álbum de cromos (risas), porque en el aspecto visual se ha trabajado mucho. Las fotografías del álbum son de Yuko Harami, que es mi esposa. La película está llena de personajes iconográficos, con una mezcla de géneros tremenda: es melodrama, es aventura, es terror, es comedia, los escenarios cambian cada dos o tres minutos... Y el director de fotografía es Kiko de la Rico, que estuvo conmigo en Torremolinos 73. Es uno de los grandes directores de fotografía de nuestro país. Todo el trabajo lo complementamos con un storyboard del grosor de un listín de teléfonos, que también me gustaría publicarlo. Los dibujos son de Iñigo Rotaetxe, otro bilbaino. Esa combinación de elementos me ayudó a trasladar mi idea a los profesionales de mi equipo.

La fotografía ha salvado alguna que otra película.

El cine es imágenes en movimiento y un buen guion, claro. Pero a veces los directores se olvidan de que hay que contar la película en imágenes. En el caso de Blancanieves sabíamos que la fotografía iba a ser decisiva, que iba a potenciar la historia.

Igual que la música.

Sí, igual que la música, que es la voz de la película.

Le puede la pasión.

Sí. Hemos apostado fuerte por este film. Ahora, por ejemplo, vamos a hacer dos grandes eventos en Barcelona (Liceo) y Madrid (La Zarzuela), con orquesta en vivo. El primero en septiembre y el segundo en octubre. Queremos hacer una gira, una bilbainada (risas).

Tras ocho años de espera, es normal que ahora quieran sacarle jugo a la película.

Sí, han sido ocho años desde mi último trabajo, Torremolinos 73, y mi sueño era que nuestra película también se proyectase como se veían las películas en los años 20, es decir, con un artista en vivo, etc. De ahí viene lo de hacer varias galas de presentación. Y me encantaría ir también al Kursaal o al Arriaga.

Ha tenido que esperar mucho.

Mi pequeña carrera cinematográfica siempre ha sido así. Con mi primer corto, Mamá, fueron dos o tres años, Torremolinos 73 también fue una película difícil de levantar... Y luego todo eso se ha quedado como fondo de armario.

El origen de 'Blancanieves' se remonta también a 2005.

Mi primera escuela de cine fue el Festival de Cine de Donostia. Iba todos los años, escribía para una revista y conseguía mi pase solo para ver seis películas al día. Creo que fue en el 86, en el Zinemaldia pude ver Avaricia, de Eric von Stroheim, y la proyectaron con una orquesta en directo. Lo que sentí en ese momento fue algo excepcional, sensaciones que no he vuelto a tener nunca ante la pantalla. El síndrome de Stendhal lo entendí ahí mismo. Entonces pensé que algún día haría algo que lograra emocionar a los espectadores de ese modo.

Supongo que tendrá una dificultad añadida rodar una película muda, ¿no?

Hacer una película siempre es difícil. La gente piensa que un guion son diálogos y mi experiencia en el cine me dice que es justo lo contrario: la historia es el pastel y los diálogos son la crema. En el caso de Blancanieves hice un guion de 80 páginas donde yo narraba lo que estaba sucediendo en la pantalla, como si yo fuera al cine con un amigo invidente y le estuviera contando lo que veía. En el film cada frase es un plano, una imagen, de modo que puedas ver la película cerrando los ojos. Ese elemento de soñar despierto es el efecto que quiero conseguir con esta película.

Toda una experiencia.

La experiencia de ver una película muda es muy diferente. Hay algo más onírico, más abstracto, más de soñar despierto en todo ello. Exige mayor atención y tensión por parte del espectador, pero si consigue meterse en ese viaje la experiencia puede ser también muy intensa.

¿Estamos preparados (o educados) para ver este tipo de películas?

A todos nos gusta un buen cuento, y al final lo importante de Blancanieves es que contamos una historia. Lo que yo les pido a los espectadores es que olviden sus vidas y que se metan en la historia, en la vida de los personajes.

Definitivamente, usted va a contracorriente.

Ha sido mi filosofía desde que era chaval. Después de Mamá, que ganó bastantes premios, me ofrecieron hacer algún largometraje en España pero me fui a Nueva York a estudiar cine. Sentía que tenía mucho que aprender. Me fui en los 90 y allí escribí el guion de Torremolinos. Y luego, en vez de hacer una película continuista aposté por Blancanieves, una locura, y me ha costado ocho años sacarla adelante. Todavía estoy inmerso en ese viaje, me siento un aprendiz. Las cosas han ocurrido despacito, pero ya sabes, si tienes prisa coge el camino más largo. Además, no he perdido esa ilusión primigenia, y la única razón por la que hago películas es para contar historias.

Por cierto, ¿le ha felicitado Álex de la Iglesia?

Todavía no, pero él está inmerso en su nuevo rodaje y es normal. Yo a Álex le quiero con locura y somos almas gemelas en muchos aspectos. Nos conocimos en la Universidad de Deusto, con muchas juergas y mucho cine de por medio, y él fue el director artístico de mi primer corto. Su mundo, su imaginario y su capacidad de fascinar es tremenda. Y es otro esteta. Un monstruo.

Y como a él, a usted le interesa mucho el cómic.

Sí, me interesa mucho la forma de narrar del cómic. El cómic y el cine son primo-hermanos. Pero Álex dibuja muy bien y yo no (risas).

Preseleccionado para los Oscar, acompañado de Fernando Trueba y su amigo Alberto Rodríguez... ¿Subidón?

Total. Me encanta comunicar, y con saber que la nuestra es una de las tres preseleccionadas y que eso ocurra justo antes del preestreno, que un montón de gente dirá a ver qué ha hecho Pablo Berger... ¡Uf! Y estar en compañía de Fernando, que es un maestro, y con Alberto, que es un gran amigo, todo eso a la vez es tremendo. Pero no, aún no he tenido tiempo de digerirlo.

Con una trayectoria tan sistemática imagino que ahora tendrá que decir que no a decenas de propuestas, guiones, proyectos...

La película ha sido bien recibida en Toronto, y enseguida se te acercan los agentes, los representantes... Me ocurrió algo parecido con Torremolinos 73, cuando lo estrené en Estados Unidos. Pero a todo el que se me acerca yo siempre le digo que mi precio es un buen guion. Y aunque hasta ahora he escrito todos los guiones de mis trabajos, estoy abierto a leer otras cosas, historias que me fascinen, para ver si puedo aportar algo a esa historia.

¡Y amenaza con otra película en blanco y negro!

No sé dónde ha salido eso, pero cualquier cosa es posible. Siempre he dicho que mi gurú es Jean-Claude Carriere, y él dice que la única regla de oro es sorprender al espectador. Yo lo intento en cada película.

¿Y cree que el Oscar que consiguió 'The Artist' le va a beneficiar o quizá puede ser perjudicial para que la película sea seleccionada?

Creo que es positivo, fue un rompehielos, rompió muchos prejuicios, ha funcionado, y lo ha hecho porque ha conectado con el espectador.

¿Cómo concibe usted el cine?

Me encanta el cine como viaje en el tiempo. Mi primer corto también era una película futurista, el segundo viaja a los años 50, Torremolinos a los 70... Me gusta viajar en el tiempo y cuidar cada detalle, los vestuarios, los gestos, las localizaciones...

¿Y dan ganas de hacer cine con la que está cayendo?

Lo del IVA ha sido un mazazo para nosotros, pero yo siempre veo el vaso medio lleno y lo que importa es hacer buenas películas. La industria cinematográfica estatal nunca ha estado en mejor momento. Hay grandes directores, grandes técnicos, productores que se mueven en el mercado internacional... La marca cine español significa un cine arriesgado, sexy, diferente. A la cabeza está Almodóvar, que es un ejemplo de cómo se puede hacer una cosa universal partiendo de lo local.

¿Le queda tiempo para venir a Bilbao?

Suelo ir a las celebraciones familiares y en verano voy con mi hija a Sopelana, a coger quisquillas. No soy nostálgico, pero Bilbao siempre será mi norte.

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