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Períodico de Deia
espanyol 3-3 athletic

Aduriz evita otro drama

Su actuación y un gran detalle de Llorente ahuyentan una derrota a la que se opositó con ahínco

El Athletic ofrece preocupantes signos de desconcierto al acusar los cambios tácticos de Bielsa

josé l. artetxe - Lunes, 17 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:37h

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Llorente, que volvió a jugar después de conocerse que no renovará, celebra con rabia el gol que anotó en el primer balón que tocó.

Llorente, que volvió a jugar después de conocerse que no renovará, celebra con rabia el gol que anotó en el primer balón que tocó. (OSKAR MARTÍNEZ, ENVIADO ESPECIAL A BARCELONA)

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BILBAO. Como en el circo, el Athletic hizo el más difícil todavía ayer en Cornellà-El Prat al sumar un punto después de empeñarse en salir derrotado con una actuación desconcertante, a ratos desquiciante, donde casi lo único rescatable fue el detalle que dejó Llorente y, sobre todo, el alarde de un Aritz Aduriz que pudo haber ganado el partido él solo. Sus cinco intentos contra la portería de Cristian Alvarez merecieron subir al marcador, pero hubiese sido exagerado que tal aportación compensase el inusitado catálogo de despropósitos del que participaron el resto de los rojiblancos, incluido Marcelo Bielsa, quien pareció contagiado por el errático comportamiento de sus jugadores.

Frente a un Espanyol muy justito, que echó el resto de salida, bregó lo indecible durante una hora y escuchó aliviado el pitido final, el Athletic compareció con una caraja importante. Entró sin nervio al partido y la primera decisión que tomó su entrenador le terminó por descolocar del todo. Menos mal que habían previsto durante la semana la posibilidad de recurrir a la defensa de tres centrales porque cuando se optó por esta fórmula el equipo se partió, pero no en dos, sino en mil pedazos, quedó manga por hombro, expuesto a todo tipo de vicisitudes, algo que sería una constante hasta la conclusión. En el descanso no se podía dar un euro por el Athletic, superado por un anfitrión que se aplicó al máximo en la presión, especialmente sobre la defensa rival. Pochettino acertó en la disposición táctica de su gente, que mordió espoleado por sus urgencias y disimuló carencias hurgando en las miserias ajenas.

Dos goles y un tercero que se marchó al limbo, rozando la madera con Iraizoz fuera del marco, fue cuanto se cobró el Espanyol en ataque. Pivotando sobre Verdú, al que nadie prestaba la atención que reclamaba, el conjunto catalán alcanzó el intermedio sin más rasguño que el enorme gasto físico invertido para despersonalizar a un Athletic que se retiró sin hilvanar una combinación decente. Salvo Aduriz, perfecto en las ayudas y las dejadas y que estrelló un cabezazo en el larguero, los demás no estaban en lo que celebraban. La presencia de Rui Fonte y Longo, un pipiolo al que entre todos los centrales hicieron hombre, indujo a Bielsa a modificar la ubicación de la mayoría de sus piezas para el cuarto de hora, iniciativa que nadie asimiló.

MENUDO LÍO El Athletic pasó de repente a verse por detrás en el marcador y sin centro del campo, donde se juntaron De Marcos e Iñigo Pérez, que no sabían si ir o si venir, mientras que Iturraspe era desterrado al costado derecho de la zaga que completaban Gurpegi, centrado, y Amorebieta, a quien el partido se le hizo larguísimo. No había quién sacara la pelota, Muniain flotaba, intrascendente, y las bandas quedaron vírgenes. El panorama invitaba a llevarse las manos a la cabeza. Con la previsible dosis de tesón y las dos o tres paredes que trazaba Verdú, los periquitos controlaban la situación con una pasmosa facilidad. Un envío sobre el movimiento en carrera de Longo fue la antesala del segundo gol. Al italiano se le escapó el balón con el que había burlado la salida a la desesperada de Iraizoz, pero en la siguiente apuntó mejor y el apurado despeje del portero quedó muerto a los pies de Verdú, que no pasaba por allí sino que siguió la jugada, pero no con la mirada, como los defensas.

Minutos antes había salido San José por el lesionado Iñigo Pérez, pero la circunstancia no trajo aparejado un retoque que se antojaba lógico, pues se colocó por delante de la zaga e Iturraspe siguió ejerciendo de nada a su espalda. Bielsa rectificó parcialmente en la caseta e intercambió los puestos de Iturraspe y Gurpegi. También quitó a Ismael López, dormido en el 1-0 y a quien le había dejado el encargo de cubrir los ochenta metros de la banda izquierda en solitario. Enseguida se apreció una pizca más de intención en las evoluciones del equipo, nada llamativo, pero es que el Espanyol adoptó la lógica actitud de quedarse a verlas venir, con dos goles en el bolsillo se lo podía permitir.

Entonces volvió a emerger Aduriz con un cabezazo picado que retrataba la fragilidad de sus marcadores. Ibai templó con gusto y el ariete metió al Athletic en la pelea. Un defensa que cubría el palo corto evitó que Aduriz anotase seguido el segundo y Cristian empezó a hacer gala de su instinto para repeler un buen empalme de Ibai, todo en la misma acción. Sin juego, pero a base de empuje y explotando a fondo la estrategia, el equipo amenazaba a un Espanyol que emitía signos de cansancio.

A LA CARGA Bielsa tiró la casa por la ventana forzando la reaparición de Llorente. Era obvio que el juego directo se le atragantaba al Espanyol y la primera que tocó el rubio acabó en la red. El zurdazo en carrera fue perfecto, no como el control con el pecho tras nuevo servicio de Muniain, que le dio a Iraola la opción de volear a bocajarro. Cristian se apuntó la parada de la matinal. El encuentro se había inclinado decididamente hacia un lado del campo y el tufo a remontada revolvía las tripas de la afición catalana.

Iturraspe, frívolo en algún lance, volvía a dirigir, apoyado en un San José, cuya aplicación defensiva continúa siendo deficiente, Muniain enredaba y recibía leña, Iraola rememoraba su etapa con Mané y el Athletic cargaba con una delantera de cuatro elementos: Susaeta, Aduriz, Llorente e Ibai. El riesgo de tal disposición se plasmó tras un tropiezo de Susaeta que originó una contra de área a área. Wakaso condujo y sirvió sobre el tal Longo, que con una diagonal muy básica dejó con el culo al aire a San José, Gurpegi y Amorebieta. Impresionante.

A diez del final, el Athletic perdía, como el Espanyol perdió a Longo por dar rienda suelta a su justificada alegría. Los de Pochettino trataban de protegerse en inferioridad con un par de refrescos, pero Aduriz aún estaba allí para encender la última bombilla que alumbrase un empate que cualquiera sabe si hace o no justicia a cuanto sucedió bajo el pesado sol de Barcelona. Su volea transformó en sainete, porque entretenido sí que fue, un guion redactado en clave de drama. Así salvó el Athletic el pescuezo, gracias a su delantero, pero el 3-3 yendo siempre por detrás confirmaría que ayer era el día propicio para zanjar una cuenta pendiente desde hace década y media. La asequibilidad del Espanyol fue patente y sin embargo siempre estuvo más cerca del triunfo, al que malamente se puede optar si Bielsa y los que van de corto hacen tantas cosas al revés.

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