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José L. Artetxe - Martes, 18 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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EL domingo coincidieron en la alineación Aritz Aduriz y Fernando Llorente durante algo más de veinte minutos. En este tiempo logró el Athletic hacer dos goles que finalmente sirvieron para arañar un punto frente al Espanyol, el que metió el recién incorporado Llorente y uno que corrió a cargo de Aduriz, quien a su vez había firmado otro antes. La suma de sus aportaciones resultó muy llamativa por la influencia directa que tuvo en el marcador, tanto que de inmediato brotaron las cábalas sobre el gran potencial rematador que tendría el Athletic juntando a esta pareja con asiduidad. Sin embargo, no es probable que esa situación se dé en el futuro, salvo en condiciones muy concretas y siempre de carácter adverso, del tipo que estaba teniendo lugar cuando Marcelo Bielsa se decidió a reunir a ambos: resultado de 2-1 y el equipo con graves problemas de equilibrio, incapaz de controlar el juego.
A Bielsa le salió bien la jugada, pero como le pudo salir mal. Para empezar, la presencia de Aduriz y Llorente en el frente de ataque contribuyó a romper más al equipo, que incluía además a dos extremos, Susaeta e Ibai, y a Muniain, ubicado como centrocampista de enlace, pero echado hacia adelante y sin vocación de retorno. El Athletic quedó partido en dos, que ya lo estaba, pero de forma más acusada, como se comprobó en dos o tres acciones del rival, una que acabó en gol y otras dos que pudieron serlo. Este problema se compensó parcialmente gracias a que el Espanyol gestionó con un hombre menos los últimos diez minutos y el tiempo añadido. Sólo porque se trataba de remontar el resultado como fuera, ante la evidencia de que el juego dejaba mucho que desear y no quedaba mucho margen para reaccionar, se puede entender la medida que adoptó el entrenador.
O Bielsa renuncia a cuanto ha predicado o la pareja de arietes es impensable como parte de su planteamiento futbolístico, puesto que no cabe hablar de jugadores complementarios, ambos son delanteros puros. Forzando la cosa cabría quizás pedir a Aduriz que se retrasase unos metros, un experimento que ya se ha hecho con Toquero sin demasiado éxito. Y eso que Toquero no es un rematador consumado, como ha acreditado Aduriz desde siempre, sino más bien un peón que se amolda por carácter y despliegue físico a lo que le echen.
El Athletic no puede afrontar de salida sus encuentros con Aduriz y Llorente en ataque, salvo que el técnico introduzca una corrección que afectaría al resto del dibujo táctico. Es cierto que Aduriz, durante su primera temporada en el Valencia, jugó muchos partidos al lado de Soldado, pero Unai Emery se lo podía permitir porque luego colocaba dos medios centros y al menos uno de ellos de contención, normalmente Albelda, cuando no los dos. El esquema rojiblanco es distinto, hay un único medio centro y otros dos centrocampistas escalonados por dentro, con vía libre para incorporarse a posiciones ofensivas, además de dos extremos que tienen la obligación de recular en ayuda del resto de las líneas.
Y Bielsa coloca a sus hombres de este modo porque así lo demanda el estilo de juego que quiere. No necesita dos finalizadores, dado que todos los miembros del equipo tienen permiso para convertirse en finalizadores salvo el medio centro y los centrales. La forma en que el Athletic se desdobla, apoyado en el dinamismo colectivo y con el balón por abajo, aprovechando toda la anchura del terreno, invita a que laterales y centrocampistas se desdoblen y así es común ver hasta a seis elementos en situación de remate con frecuencia.
Cuando la salida de campo propio es limpia, la pelota se mueve con precisión y agilidad, las opciones de profundizar y rematar se multiplican. Cuando no es así, se asiste al desbarajuste y los apuros defensivos que están presidiendo las actuaciones recientes en Liga. Si se restase una pieza de esta disposición habitual por tener a Aduriz y Llorente en la delantera, a la espera de suministro, sería preciso retocar algo, seguro que en detrimento de la idea que importó Bielsa hace ahora más de un año, la misma que ha aplicado en el resto de sus destinos profesionales.
El mayor beneficio que se derivaría de contar con estos dos arietes al mismo tiempo se obtendría en la estrategia y en ambas áreas además, pero con el balón en juego es una alternativa que, más que sumar, restaría, a no ser que se apueste por otro fútbol, uno diferente al que el Athletic de Bielsa nos ha acostumbrado.
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