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JUan Ignacio Pérez - Miércoles, 19 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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EL pasado fin de semana analicé pros y contras de un posible gobierno de coalición entre PNV y PSE tras las próximas elecciones autonómicas. Pero los escenarios posibles son más. Si las encuestas publicadas hasta la fecha se aproximan a los resultados reales del 21 de octubre, el juego no se limita a esa posible configuración bipartita.
En caso de que fuera inevitable un gobierno de coalición, una parte significativa, y no precisamente pequeña, del electorado nacionalista desearía que PNV y EH Bildu (EHB) pactasen. Pero ese pacto no sería sencillo, porque el que resultase segundo se vería obligado a encarecer mucho su participación para poderlo justificar. La disputa por la hegemonía dentro del nacionalismo -o patriotismo vasco, si se quiere- entre esas dos fuerzas constituye, en ese sentido, un serio obstáculo. En todo caso, esa opción está abierta. Lo que parece más improbable es que PNV y PP puedan llegar a un acuerdo de gobierno porque, aparte de la distancia ideológica, las cifras seguramente no dejarían margen, y lo mismo cabría decir de un pacto entre EHB y PP.
No hay razones para descartar que PSE y PP se conviertan en la minoría mayoritaria del próximo Parlamento
Hay dos opciones adicionales que no deben descartarse a priori. Una es la del acuerdo entre EHB y PSE. Los números seguramente lo permitirían, y se nos presentaría como una especie de govern de progrés a la vasca, con la misma justificación que se le dio en su día en Cataluña. Se trataría de una opción en principio estable, y contaría con el apoyo de una parte importante del espectro sindical. Pero tendría también sus dificultades; la opinión pública española ejercería una fuerte presión sobre el PSOE en contra de esa fórmula, máxime en este momento, con la repercusión y reacciones que ha provocado la marea catalana en España. Y seguramente, tampoco faltaría alguna opinión discrepante dentro de la coalición EHB. Por otro lado, en un gobierno como ése también el partido con menos representación plantearía exigencias de difícil satisfacción por el más votado de los dos. Pero dificultades al margen, conviene tener claro que se trata de una posibilidad más, y no tan lejana como se quiere dar a entender.
La otra opción puede parecer lejana, pero dependiendo de los resultados que arrojen las urnas, quizás acabe estando mucho más próxima de lo que pensamos. Consistiría en una reedición del gobierno del PSE apoyado, de nuevo, por los votos del PP. Si PSE y PP suman sus parlamentarios, como hicieron en 2009, se constituirían en la minoría mayoritaria del parlamento vasco. Serían minoría, sí, y quizás no podrían gobernar con comodidad, pero eso no implica que no vaya a producirse tal eventualidad. Aunque PSE y PP han acabado tirándose los tratos a la cabeza, no hay razones para descartar que si Patxi López (u otro socialista) formaliza su candidatura a lehendakari en el parlamento, el PP no vaya a darle su apoyo. La justificación, -o venta-, en España de esa actitud sería sencilla: una actualización de la calvosoteliana "antes roja que rota", máxime en un contexto ambiental enrarecido por la situación catalana. Está claro, por otro lado, que si PNV y EHB, con o sin gobierno de coalición de por medio, llegan a un acuerdo para votar al candidato más votado, esa circunstancia no se produciría. Lo que ocurre es que, como he señalado antes y por las razones expuestas, un acuerdo de esa naturaleza no sería sencillo.
A todo lo anterior hay que añadir que pequeñas variaciones arriba o debajo de los votos que reciba cada candidatura el próximo 21 de octubre pueden ocasionar configuraciones muy dispares en el nuevo parlamento vasco. La situación resultante puede, por tanto, ser de una extraordinaria complejidad, lo más parecido a una madeja muy enmarañada, demasiado enmarañada, quizás.
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