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Los partidos destacan la contribución al restablecimiento de la democracia del histórico líder comunista, fallecido ayer a los 97 años
Pese a su salud deteriorada, se mantuvo lúcido hasta el final
DEIA - Miércoles, 19 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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La viuda de Santiago Carrillo, Carmen Menéndez, besa la frente de su marido, en la capilla ardiente del ex secretario general del PCE. (M.Fernández)
Bilbao. La lucha antifranquista y del restablecimiento de la democracia en el Estado español no hubieran sido lo mismo sin él. Santiago Carrillo, testigo de la historia española desde la República y superviviente a casi todos sus contemporáneos, falleció ayer en su casa de Madrid, a los 97 años de edad. Secretario general del Partido Comunista de España de 1960 a 1982, suya fue la decisión de que el PCE apoyara la incipiente vía democrática que se abrió tras la muerte del dictador Francisco Franco. Tras años de exilio y lucha clandestina contra la dictadura, Carrillo hizo uso del pragmatismo necesario para contribuir a la democracia y a la construcción de la llamada transición política. De cara al exterior, adquirió gran relevancia por ser pionero del eurocomunismo, opuesto a la ortodoxia de la Unión Soviética y defensor de un comunismo democrático.
La práctica totalidad de la clase política española, con independencia de ideologías, lamentó su muerte y reconoció su contribución clave a la democracia.
Empedernido fumador hasta el final, se encontraba enfermo desde hace unos meses y había tenido que ser hospitalizado en un par de ocasiones, la última en julio, cuando fue ingresado en un hospital madrileño por un problema de riego sanguíneo. Su estado de salud se había agravado en la última semana. Falleció, plácidamente, mientras dormía la siesta, según reveló su familia. "Ha muerto tranquilo, sin enterarse". Se mantuvo lúcido hasta el final y el lunes mismo había comentado con su familia las noticias de actualidad.
Pese a su avanzada edad y aunque hacía ya tiempo que se había retirado de la política, sus colaboraciones con medios de comunicación y sus apariciones públicas eran frecuentes hasta hace poco tiempo.
Nacido en Gijón en 1915, ya como dirigente del PCE tuvo responsabilidades en el bando republicano tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Regresó a Madrid clandestinamente del exilio en 1976 y, un año después, el PCE fue legalizado. El partido que mayor peso llevó en la lucha contra Franco no vio sin embargo reconocidos sus esfuerzos en las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977.
Una de las imágenes más recordadas de Carrillo, si no la que más, es la del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Cuando el teniente coronel Antonio Tejero y sus hombres irrumpieron a tiros en el Congreso al grito de "¡Se sienten, coño!", Carrillo, sosegado y con un cigarrillo en la mano, fue el único de los diputados que, junto a Suárez, desafió a los golpistas de pie. "Yo sabía que si querían matar a alguien, yo sería el primero. Así que no tenía sentido esconderme debajo de mi banco", relató después.
El triunfo del PSOE de Felipe González en 1982 selló su ocaso. Y Carrillo dimitió, aunque políticamente se mantuvo activo unos años más.
Ha recibido numerosos reconocimientos por su actuación durante la transición, sobre todo a partir de 2005, fecha de su noventa cumpleaños. En 2008 fue galardonado por la Fundación Sabino Arana, por "su contribución en el restablecimiento de la democracia" en España tras la dictadura de Franco.
La capilla ardiente de Carrillo se instalará hoy en la sede de CC.OO. de Madrid. Sus restos serán incinerados mañana y las cenizas, tal y como era su deseo, serán esparcidas en el mar Cantábrico, en la costa de Gijón que lo vio nacer.
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