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José Luis Artetxe - Sábado, 22 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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José Ángel Iribar posa en Lezama con un balón y ante su fotografía más famosa. (Juan Lazkano)
Vista:
Toda una vida vinculado al Athletic concede a José Ángel Iribar una perspectiva única para analizar su evolución y el momento presente. Los cambios que observa le inducen a aferrarse más si cabe a los rasgos distintivos del club, de los que se empapó en su etapa como jugador
BILBAO. Se muestra optimista de cara a la temporada recién iniciada. El listón se puso muy alto y el equipo ya no cuenta con el factor sorpresa, pero está convencido de que acabará mejor que hace un año y le seduce especialmente la Europa League.
Lleva cincuenta años en el Athletic desempeñando diferentes responsabilidades.
Sí, llevó ese tiempo en el Athletic, como jugador primero, luego como técnico y ahora ocupándome de otros aspectos más relacionados con lo institucional. Si tengo que elegir me quedo con la etapa de jugador, es la más bonita de todas. También disfruté mucho como entrenador, pero porque tenía vocación y me gustaba estar en contacto con las categorías inferiores. Me encargaba de los porteros, pero llevaba siempre un equipo de abajo y luego hice cuatro años en el Bilbao Athletic. Me gustaba mucho enseñar a los chavales, ver cómo se iban haciendo personas y futbolistas. Es algo muy enriquecedor.
Es el secreto que hace posible el Athletic, esa transmisión de experiencias y valores a las generaciones que vienen por detrás.
Es la base de la existencia del Athletic. Da felicidad, te llena ver el fruto de Lezama, cómo los chavales que has tenido contigo llegan arriba y se asientan en el primer equipo, pero no por tu aportación sino por la aportación que han hecho entre todos los técnicos de las categorías por las que han pasado esos jugadores.
Un año dirigió al primer equipo.
Eso ya es distinto. A ese nivel todo se mide de otra manera, lo que cuenta es el resultado y el día. Mi experiencia fue dulce al principio, pero amarga al final, el equipo acabó la temporada muy justo. Fue como un paréntesis porque luego volví al Bilbao Athletic y a la preparación de los porteros. Así hasta que vino Jupp Heynckes, que trajo su equipo de colaboradores.
¿Cómo asimiló lo de dejar de entrenar?
Bien. Fue Javier Uria el que me propuso que me dedicase a otras cosas y me nombró su adjunto. En el momento, tal y como me lo expuso, me pareció adecuado dar el paso y ahí me he mantenido. Creo que soy una persona que tengo una buena forma de relacionarme con la gente, tanto la nuestra como la de fuera del entorno del Athletic, y también me veo con capacidad para dar una opinión cuando se me solicita.
Es testigo privilegiado de la evolución que ha experimentado el Athletic a lo largo de 50 años.
Todo ha cambiado mucho, empezando por la visión que se tiene del deporte por parte de todo el mundo. La sociedad ha evolucionado y el Athletic tampoco es ajeno a las nuevas corrientes, a los cambios en la educación y en el estilo de vivir.
El futbolista actual quizás no tiene mucho que ver con el futbolista de la década de los 60, cuando usted empezó.
Siempre he sido tímido y entonces seguro que más que ahora, pero para mí entrar en el Athletic fue un sueño y me dio la oportunidad de compartir vivencias con los jugadores que había coleccionado en los cromos. Entré al vestuario con los ojos bien abiertos y las orejas tiesas para empaparme de cuanto allí se vivía. Querías aprender cómo comportarte, cómo trabajar, cómo jugar, para luego poder ser transmisor de unos valores que nos distinguían como jugadores del Athletic. Lo que yo conocí como jugador no lo he olvidado. Éramos ejemplares en todo. Se trataba de jugar y ganar limpiamente y tratábamos de hacerlo todo bien, se podía decir que éramos unos perfeccionistas. Cuando perdíamos sentíamos vergüenza y cuando ganábamos una tremenda alegría, pero teniendo claro que había que seguir trabajando a diario, con humildad.
Posiblemente no estaban tan protegidos como los de ahora.
Nosotros nos hicimos a nosotros mismos, veníamos de jugar en la calle, en la playa, en el frontón. No teníamos nadie detrás, en la familia nadie te hacía demasiado caso por jugar al fútbol. Solo teníamos un entrenador y salías adelante o no salías, pero tú solo. Ahora hay agentes, técnicos, asesores, las familias pendientes de los chavales... Y tampoco digo que no haga falta un amparo, un apoyo, pero lo nuestro era distinto. Nosotros no sabíamos lo que eran los problemas psicológicos, tan presentes hoy en el fútbol de categorías inferiores y entre los profesionales. Si no salías jugador, pues te ponías a trabajar en la fábrica, en el caserío o en la oficina, dejar el fútbol no era ningún trauma. Ahora todo se enfoca de forma muy diferente. Y desde luego, no teníamos agente.
El fútbol se ha complicado, se ha sofisticado.
La mayoría de nosotros sólo teníamos como objetivo disfrutar del hecho de jugar. También había gente que lo pasaba mal, que sufría, pero la mayoría no. Y claro que sabías que se podía ganar algún dinero, para vivir bien mientras estabas en activo, pero no para vivir toda la vida. Teníamos asumido que una vez que colgabas las botas tenías que ponerte a buscar un trabajo, había que tener una ocupación.
Lo que dice no se asemeja mucho al planteamiento del profesional de hoy en día.
Los jugadores actuales no son los culpables de esta transformación. La culpa es un poco de todos: del entorno, de la familia, de los medios de comunicación… La sociedad es la que va marcando pautas que afectan al fútbol como a los demás ámbitos de la vida.
Todo evoluciona, nadie permanece ajeno a los cambios, pero seguimos diciendo que el Athletic es distinto, al menos en algunos aspectos.
La filosofía del club es lo que dice, que somos distintos. Yo, a pesar de los pesares, no metería al Athletic en el mismo saco que al resto de los equipos. Pienso que sigue siendo distinto. Y además queremos que siga así.
Pese a los acontecimientos recientes.
No voy a pronunciarme sobre esto. Sólo diré que comparto la postura que defiende Josu Urrutia.
Acaba de empezar la competición y es inevitable fijarse en la trayectoria del año anterior.
Si miramos lo que se hizo el año pasado, de entrada pienso que nos va a costar repetir algo así, pero luego también me preguntó ¿y por qué no?. Siguiendo con el análisis de la temporada anterior, yo pondría la final europea como objetivo. Para mí no fue casualidad los partidos que el Athletic hizo en Europa, partidos que fueron diferentes a los de la Liga, más atractivos desde todos los puntos de vista, y eso me sirve como referencia. La UEFA tiene un encanto especial, quizás porque los equipos juegan y orientan más sus recursos tácticos a buscar la victoria, en vez de hacerlo para obstaculizar al rival. Cada cual va a intentar ganar tratando de jugar bien al fútbol.
El Athletic fue la sorpresa agradable de la anterior edición de la Europa League, pero este año todos estarán prevenidos.
El año pasado el Athletic era como un recién llegado y habrá que ver cómo plantean los rivales cada partido contra nosotros. Ya saben lo que podemos hacer, nos conocen, pero tengo esperanzas, creo que el equipo lo va a hacer bien.
El equipo llegó seco al último mes y pico, fue patente en las dos finales.
Se llegó un poco justo, pero creo que eso no va a suceder este año.
Mañana el Málaga, que viene pisando fuerte.
Está funcionando bien, parece que cada partido que pasa está mejor. En los últimos años los partidos contra el Málaga en San Mamés han sido interesantes para el espectador porque ellos son un buen equipo y nosotros hemos sabido hacerles frente y ganar. Mañana se puede repetir.
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Gracias por su comentario
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