Saltar al Contenido

Períodico de Deia
el futuro incierto de manu-ene >

"Manu-Ene es igual a vida"

Los residentes de esta comunidad terapéutica para toxicómanos sita en Larrabetzu luchan para que el Gobierno vasco no la convierta en hospital de día

L. Gondra - Domingo, 23 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

  • Mail
  • Meneame
  • Tuenti
Internos en Manu-Ene, antiguos usuarios y familiares de estos, se han unido para defender que este centro de rehabilitación siga siendo una comunidad terapéutica.

Internos en Manu-Ene, antiguos usuarios y familiares de estos, se han unido para defender que este centro de rehabilitación siga siendo una comunidad terapéutica. (José Sampedro)

Galería Noticia

Usuarios de manu-Ene Luis Padre de un antiguo usuario de Manu-Ene Aitor Estuvo interno en Manu-Ene hace un año

Larrabetzu

SI algo valoro de Manu-Ene es que mi madre puede levantarse todos los días sabiendo que estoy bien, que no me ha pasado nada". Las palabras de Ego evidencian lo que supone Manu-Ene para los internos que residen en el centro. Este sólido baserri de Larrabetzu alberga la única comunidad terapéutica para toxicómanos de carácter público de Euskadi. Este centro residencial tiene como objetivo el tratamiento y la rehabilitación de las personas que tienen problemas de dependencias. Lleva 30 años en marcha; tres décadas ayudando a personas con problemas a levantar la cabeza, luchar y salir adelante. Y los testimonios de sus actuales residentes plasman negro sobre blanco que la fuerte piedra que reviste los muros de este caserío es una tabla de salvación a la que aferrarse con fuerza cuando parece que el universo entero se desmorona. Pero ahora la idiosincrasia de Manu-Ene peligra. Desde el departamento de Sanidad del Gobierno vasco pretenden convertir a esta residencia en un hospital de día, de manera que sus usuarios podrían permanecer en las instalaciones mañana y tarde, pero por la noche regresarían a sus casas. Al parecer, la existencia de otras dos comunidades terapéuticas en Bizkaia como son la de Etorkintza de Kortezubi o la de Proyecto Hombre-Gizakia de Gordexola, es lo que empujaría al Gobierno vasco a convertir a Manu-Ene en un hospital de día, para dotar así al territorio de este tipo de servicio. Pero lo cierto es que esto supondría una reducción de plazas y una mayor lista de espera para personas que necesitan estar internas. Y es que, tal y como explican los propios usuarios de Manu-Ene, un centro de día puede ser un buen recurso cuando la terapia está en una fase avanzada, pero al principio, el estar internos, más controlados, alejados de su entorno habitual, es algo muy necesario para una persona con este tipo de dependencias a las que les resulta difícil mantener la abstinencia.

"Un hospital de día no tiene nada que ver con una comunidad terapéutica", explica Josu, uno de los internos de Manu-Ene. "Estar en casa es un peligro inminente. Yo llevo aquí tres meses, voy a casa los fines de semana y he tenido una recaída hace dos semanas", narra. "Si yo tuviera que andar yendo y viniendo todos los días a casa, sería una Yugoslavia en pequeño, siempre a punto de explotar", explica. "Esta es la única residencia pública y la tenemos que defender", añade. "Si me mandan a casa todas las noches tengo mucho peligro", reconoce, firme y con gesto serio.

Los residentes de Manu-Ene hablan con crudeza. Con dureza. Son conscientes de su propia realidad y quieren luchar contra ella con uñas y dientes. Han pasado mucho. Al igual que sus familias. Y todos ellos, internos, personas que han sido usuarias en otros tiempos, y familiares, han hecho piña para lanzar un SOS: para pedir que Manu-Ene siga siendo el hogar sanador que es hoy día.

Luis es el aita de Aitor, un chico que estuvo interno en Manu-Ene hace ya un año. Luis hoy mira hacia atrás y recuerda con dolor las épocas más duras de su hijo. Y hoy afronta la vida bajo el prisma del optimismo. "Hoy en nuestra casa somos una familia. Antes era un caos total. Ahora Aitor lleva un año fuera. Y todo esto no hubiera sido posible sin Manu-Ene", narra serio, afirmando que incluso debería ampliarse el servicio de Manu-Ene a los fines de semana para los casos en los que fuera necesario. "Yo he llegado a estar a las doce de la noche en Manu-Ene para solucionar un problema de mi hijo. ¡A las doce de la noche! Y aquí estaba una persona, un trabajador, para resolver el tema. Si esto se convierte en un hospital de día, nada de nada...", se duele.

Aitor corrobora las palabras de su aita. "Empecé con otros tratamientos en centros de día y me fue fatal. Hasta que llegué aquí", explica. "Aquí trabajas 24 horas al día, física y mentalmente. Conoces otros casos y eso te sirve como apoyo. Sales de aquí completamente nuevo, mejor, con las ideas más claras. Sales fuerte", subraya.

con las elecciones cerca "Manu-Ene es igual a vida", subraya Joseba, un joven residente. Esa es la frase que resume todo este cúmulo de sentimientos, todo este temor a que esta cuerda a la que agarrarse se diluya por el retrete de una decisión institucional errónea. Hace ya un tiempo que se barajaba un cambio en el funcionamiento de este centro residencial, y fue hace una semana cuando se comunicó que comenzaba la cuenta atrás para ir elaborando el nuevo proyecto hacia un modelo de hospital de día. Esta decisión que vendría del departamento de Sanidad del Gobierno vasco y la Red de Salud Mental de Bizkaia, causa extrañeza entre los usuarios de Manu-Ene y sus familias. No comprenden cómo se ha tomado una decisión de este calado a las puertas de las elecciones autonómicas. "Yo espero que haya un cambio de Gobierno que paralice todo esto que nos está pasando", expresaba uno de los residentes.

Joseba, desde su experiencia como interno en Manu-Ene, narra el día a día en este baserri que les ha devuelto la esperanza. Horarios estrictos, normas y más normas, son lo que rigen el devenir cotidiano de este centro. "Nos levantamos, hacemos gimnasia , pasamos por la ducha y después vamos a desayunar", explica. Y luego llega el trabajo cotidiano en el centro. "Unos planchan, otros hacen la comida...", narra. Y se le encienden los ojos cuando habla de la huerta, una generosa huerta de la que pueden presumir este caserío y sus habitantes. "¡Cultivamos nuestra comida!", ríe. "Tenemos lechugas, berzas...", y muestra orgulloso los aromáticos pimientos y los carnosos tomates que han preparado para que se lleven sus familiares.

Son muchos los testimonios que en apenas un rato de charla se pueden recoger entre los usuarios de esta comunidad terapéutica y entre sus familiares. Alguno de ellos expresa su desacuerdo en que se les denomine toxicómanos. Prefiere que se usen otras expresiones, como personas con dependencias, o chicos con problemas... Pero no son más que palabras. La cuestión es que son gente que lucha en firme por salir adelante. Con ilusión. Con esperanza. Y quieren seguir haciéndolo como hasta ahora: al amparo de las piedras amorosas de Manu- Ene.

votos comentarios
  • Mail
  • Meneame
  • Tuenti

Herramientas de Contenido

Cargando comentarios...

Gracias por su comentario


Publicidad


Tu información local

Selecciona tu localidad

Busca las noticias de tu localidad

Twitter-noticiasbizkai
Twiter-athletic+

Publicidad