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w Numerosos municipios de Bizkaia comparten párroco con otras localidades w La escasez de sacerdotes hace que en casi 90 parroquias los propios feligreses dirijan reuniones dominicales sustituyendo la misa
L. Gondra - Domingo, 23 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Martín Orbe es un sacerdote que trabaja en diez parroquias de Mungialdea. (José Sampedro)
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Bilbao. Es una consecuencia de la crisis. No de la económica, tan en boga hoy día, sino de la crisis de vocaciones sacerdotales que atraviesa en general la Iglesia cristiana. Ya no hay curas. No como antes, cuando el País Vasco era una relevante cuna de religiosos. Hoy el seno de esta institución adolece a nivel global de jóvenes que apuesten por este tipo de vida consagrada a Dios y a la comunidad cristiana. Y eso es algo que está afectando también al día a día de muchas parroquias vizcainas. En Bizkaia hay algo más de 300 parroquias, y de estas, muchas pertenecientes, sobre todo, a municipios pequeños ya no tienen párroco propio asignado en exclusiva. La escasez de curas ha provocado que un mismo sacerdote tenga encomendadas a la vez varias parroquias de diversos pueblos, de manera que es imposible que este dirija la misa cada domingo en cada una de ellas y lo que hace es ir turnándose. Por ello, en cerca de 90 parroquias de Bizkaia han adoptado una manera alternativa para seguir reuniéndose en torno a la fe cada domingo. Y lo hacen sin sacerdote y en encuentros dirigidos por los propios feligreses.
Las cifras evidencian la realidad de esta crisis de sacerdotes: en Bizkaia en este momento hay 320 curas y de estos, 112 son jubilados de más de 75 años. Muchos de estos últimos, a pesar de su edad, siguen en activo ayudando y colaborando en las parroquias. La cuestión es que no hay savia nueva, y aunque también hay religiosos, monjes y frailes de congregaciones, que se hacen cargo de dar misa en determinadas parroquias y templos, lo cierto es que la situación obliga a que sean muchos los presbíteros que tienen que multiplicarse e ir de pueblo en pueblo de manera que algunos en una mañana dominical deben oficiar misa en tres o cuatro municipios diferentes. Así que, estas comunidades cristianas se ven en la necesidad de celebrar muchos domingos las llamadas ADAP, las Asambleas Dominicales en Ausencia de Presbítero, de modo que los feligreses acuden a la iglesia como siempre han hecho, pero asisten a una celebración dirigida por un laico, un feligrés habitual de la parroquia, y en la que comulgan con pan que ha dejado consagrado previamente el sacerdote. Esta es una situación muy extendida en Bizkaia y que viven pueblos de pequeñas dimensiones ubicados sobre todo en zonas rurales. Enkarterri, Txorierri, Mungialdea, Gernikaldea, Durangaldea y la zona minera concentran la inmensa mayoría de estos municipios que han visto cómo sus curas de toda la vida se han jubilado o han ido falleciendo siendo harto complicado encontrarles un relevo.
un párroco 'nómada' "A ver, apunta: Gamiz, Fika, Fruiz, Arrieta, Jainko, Meñaka, Larrauri, Gatika, Laukiz y Maruri-Jatabe". Con sonrisa suave y mirada curtida, Martín Orbe enumera las diez parroquias que dirige junto con otro cura, Xabier Ikobaltzeta. Este sacerdote cada domingo coge su coche y en una mañana oficia misa en tres municipios diferentes de Mungialdea. Orbe a lo largo de su trayectoria ha estado destinado en Zeanuri, Erandiogoikoa, Bilbao y Basauri, y ahora, que le toca repartirse, echa en falta aquel contacto directo y cotidiano que tiene un cura afincado en un solo pueblo, que convive día a día con sus feligresía. "El párroco que está fijo en un pueblo supone muchas ventajas, tanto para los feligreses como para él mismo. Facilita la cercanía, que es algo más importante que todas las teorías", explica. "Esa cercanía, teniendo que atender a tantos pueblos, no es fácil. Lo intentamos pero no siempre llegamos", añade. Así, se duele de que, por ejemplo, cuando se celebra un funeral, no siempre puede preparar un sermón personal, centrado en la vida y características del difunto, ya que no se llega a conocer bien a todos los vecinos.
Orbe afirma que la fórmula de las ADAP quizá "no sea la mejor solución", pero también destaca que "de la necesidad ha habido que hacer virtud" y pone en valor la labor que hacen los feligreses de los pueblos que dirigen estas celebraciones, que en la zona de Mungialdea, son en su mayoría mujeres. "Tenemos a gente buenísima, gente muy responsable, que se preocupan, que se preparan, se implican...", explica. Y añade que realmente es difícil conseguir unas reuniones participativas por parte de los asistentes. "Mucha gente que acude a misa es ya mayor y son personas que en su juventud han ido a misas en latín y con el cura oficiando mirando a la pared. Entonces, su asistencia es pasiva, solo escuchan", añade. Ante la crisis de curas, Orbe pone el acento en que hoy día hay teólogos que apuntan a la necesidad de otros modelos de sacerdocio.
La Diócesis de Bizkaia ha aplicado la formula de las ADAP para dar respuesta a esta carencia de sacerdotes. Esta es una fórmula que se ha aplicado de forma habitual en tierras de misión, en comunidades de países africanos, sudamericanos, o del sudeste asiático, donde no había religiosos suficientes para las comunidades cristianas que iban surgiendo. "Lo que hemos hecho es aplicar un modelo de reunión que la Iglesia la tiene contemplada desde hace mucho", explica Ana Berrizbeita, que es la responsable del proceso de implantación de las ADAP en la Diócesis de Bilbao. Es ella la que coordina a los feligreses que dirigen las celebraciones dominicales en sus respectivas parroquias y la que les imparte la formación necesaria para que estén preparados para esta labor.
"Reunirse los domingos es un elemento identitario muy importante para los cristianos", explica. "Ante la falta de sacerdotes, se establece que la comunidad se siga reuniendo para celebrar la fe, para organizarse, para dar gracias por la vida...", añade. "Pero un cristiano debe reunirse. Si no, es como si eres del Athletic y no vas nunca a San Mamés... Algo no casa", subraya sonriendo. Y explica que en este fenómeno de despoblamiento de curas en las zonas rurales de Bizkaia influyen las peculiaridades del territorio. "Las ciudades acaparan más gente, y al final se garantiza la eucaristía en los núcleos grandes", plantea. "Además influye el idioma, ya que hay zonas en las que la liturgia es en euskera", añade, explicando que muchos sacerdotes no dominan esta lengua.
La crisis de sacerdotes no es un fenómeno exclusivo de Bizkaia. "Vivimos una secularización donde el tema de Dios , de la trascendencia, no tiene la relevancia que ha tenido en otros momentos. Y es un proceso parejo al que se está viviendo en otras sociedades del bienestar", plantea. Dentro de las desventajas que tiene para una comunidad el carecer de párroco propio, Berizbeita destaca que las ADAP han aportado cosas positivas. "Lo que en un principio no era deseable ha provocado un sentimiento mayor de pertenencia a la comunidad", concluye.
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