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La capital vizcaina se consolida como uno de los principales referentes estatales en escultura urbana
Miguel A. Pardo - Lunes, 24 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Escultura de Chillida, junto al Museo de Bellas Artes. (J.R.)
Vista:
BILBAO. Bilbao es una villa escultural. Así lo atestiguan las 150 esculturas que hay a lo largo y ancho de la capital vizcaina y que otorgan al botxo un toque característico, ya que a través de éstas obras se puede dar un paseo por la historia de la ciudad. Personajes históricos como Don Diego López de Haro, Miguel de Unamuno o Sabino Arana tienen su espacio en la villa en forma de obra de arte. Al igual que estos mitos bilbainos, el tigre de Lucarini otea desde lo alto del edificio el cambio que está experimentando la villa y que ha hecho que el guardián del Museo Guggenheim, el perro Puppy, sea una escultura florida y que varíe de aspecto en cada cambio de temporada. Puppy es una excepción dentro de la tendencia de las esculturas de la villa, ya que, por las condiciones climatológicas que presenta la capital vizcaina, estas obras suelen ser de mármol, acero, bronce y piedra.
Todas estas obras forman uno de los mejores parques escultóricos del Estado y que, además, cuentan con el valor de estar plenamente integrados en la ciudad, hecho que hace que, muchas veces, los bilbainos no reparen en estas obras como un elemento artístico, sino como una construcción más englobada en un ambiente armónico y ordenado. Las huellas del parque escultórico de la villa se pueden ver muy cerca de la Gran Vía. Allí se alza la gran escultura del Sagrado Corazón de Jesús, una obra que lleva vislumbrando el pasar del tiempo y los cambios que ha experimentado la villa desde 1927, cuando sus autores Pedro Muguruza y Lorenzo Coullaut finalizaron esta imagen. Desde allí, el Sagrado Corazón se ha convertido en uno de los referentes de la villa y en un testigo de excepción del progreso de la misma. Desde su privilegiada atalaya, tiene una perfecta vista del parque de Doña Casilda, una zona en la que la escultura adquiere una gran importancia: Chillida, Lucarini, o Nestor Basterretxea entre otros han dejado su huella imborrable en forma de escultura en este pulmón verde de la villa.
En uno de los espacios de este parque hay una niña que lleva 10 años leyendo un libro, mientras los demás niños juegan y corren. Es la escultura Leyendo de Joaquín Lucarini, esta obra creada en 1932, pretende animar a los más pequeños a que se acerquen al mundo de la lectura. Otros que hacían las delicias de los niños eran los hermanos Tonetti, por ello, en 1985, Luis Larrañaga realizó una escultura para recordar al genial dúo de payasos cántabros. La integración en el panorama urbano no es solo estética sino también en el aspecto temático ya que estos referentes infantiles se sitúan en una zona muy frecuentada por menores.
CUNA DE LA MODERNIDAD Por este mismo motivo, la modernidad en el parque escultórico bilbaino se centra en el Paseo de laMemoria, una ruta de tres kilómetros de longitud que empieza en el Euskalduna y finaliza en Abandoibarra. Justo frente al palacio de congresos bilbaino se sitúa una de estas vanguardistas formas de entender el arte. Fanal (Garden Off The Lights) de Juan Luis Moraza utiliza las farolas como elemento artístico.
Estas, ubicadas en diferentes posiciones y proyectando diferentes puntos de luz, realizan una peculiar composición lumínica que hace de este espacio un lugar digno de admirar. Esta obra es solo el inicio de una ruta en la que se pueden ver diferentes formas, colores y percepciones del arte.
Ejemplo de ello son los kaikus de la obra Sitios y Lugares de Ángel Garraza, una escultura que se mimetiza perfectamente con el entorno que la rodea, ya que las dos tazas, una naranja y otra negra, conjuntan perfectamente con los tonos de la fachada del hotel Meliá, edificio que se levanta frente a esta escultura que trata de mezclar la tradición y la antigüedad de los kaikus con el modernismo del entorno en el que se encuentra ubicado donde asoma el nuevo Bilbao.
Un poco más adelante, ya con la ría como espectacular telón de fondo, aparece entre las losas que forman el pavimento del paseo de Abandoibarra, como si de una prolongación del suelo se tratase, la obra Bleau de Vire del escultor alemán Ulrich Ruckriem. El granito es el principal protagonista de esta composición en la que las losas se van dividiendo hasta formar una estructura que surge del suelo. El autor persigue en esta composición que los diversos materiales se itineren entre sí.
Tras Bleau de Vire, el Paseo de la Memoria sigue su curso hasta llegar poco a poco a su desembocadura, el Museo Guggenheim. Con la poderosa figura de titanio de fondo, aparece una estructura de acero y hormigón de 1,90x2,05 metros. Esta fisonomía es la de la escultura Explorer’s Book del artista británico Anthony Caro. Esta figura representa un gigantesco libro que se engarza con un ancla y que puede simbolizar la tradición marinera de Abandoibarra y su enlace con la historia de la villa.
EXPLOSIÓN DE ARTE El Paseo de la Memoria acaba en las inmediaciones del Museo Guggenheim. En esa zona se produce una auténtica explosión de arte. No solo por las obras que contiene el edificio de titanio en su interior, ni por las sinuosas y originales formas de la fachada del edificio sino que todo ello está acompañado de una notable variedad de esculturas. La más visible para el gran público es Puppy, el conocido guardián del museo de titanio, pero lo que mucha gente desconoce es que este perro es una escultura. Y es que su figura floreada no le delata como tal pero esta obra de Jeff Koons se ha convertido en uno de los perros más famosos del universo. Una de las principales estampas que puede dejar el nuevo Bilbao es la de miles de turistas fotografiándose con la figura de Puppy de fondo. Tal ha sido su éxito en la villa, que, pese a los planes iniciales de trasladarlo a Sidney con motivo de los Juegos Olímpicos del año 2000, ha seguido en Bilbao. El original can, por tanto, se quedó sin Juegos Olímpicos, pero, a cambio, sus 12 metros de ancho, cuatro de altura y 15 toneladas de peso han cautivado a bilbainos y turistas.De esta forma, Puppy se ha convertido junto al museo que custodia, en uno de los principales iconos del Bilbao moderno.
El arco rojo del puente de La Salve ha sido testigo de las millones de fotos que se ha hecho Puppy. Grandes y pequeños, bilbainos y turistas se han inmortalizado con el florido y colorista perro ante la atenta mirada de La Salve, un puente que, recientemente, ha celebrado su 40 aniversario. De hecho, el gran éxito del can ha sido parte importante en que el arco del mítico viaducto se haya teñido de rojo. Esto sucedió en 2007, con motivo del décimo aniversario del Guggenheim, cuando el artista galo Daniel Buren cambió el verde tradicional del viaducto por un rojo pasión que realza más el arco del puente. La transformación requirió de la instalación de más de 1.000 metros cuadrados de laminado compacto de formica roja y, de esta forma, La Salve se ha convertido en una obra de arte más de este idílico entorno.
LOS ANIMALES PIDEN PASO En la parte anterior del museo, eje central de toda la explosión escultórica que ha vivido este entorno, otro animal se ha hecho su espacio. En mitad del paseo de Abandoibarra una gran araña ha tejido su tela y ha hecho su hogar de esta zona de paseo. Su nombre es Mama y es imposible que pase desapercibida, por una parte por estar justo en medio de la acera y, por otra por sus diez metros de altura.
Al otro lado de la ría, desde lo más alto del edificio de los antiguos talleres LópezMendizabal, un tigre creado por Joaquín Lucarini, contempla día tras día la evolución de la zona desde lo más alto de un edificio que destaca por ser una auténtica joya arquitectónica. El tigre de Lucarini primero vio cómo se apagaba la zona donde la producción aeronáutica caía y también ha podido contemplar el despertar de las orillas de la ría para convertirse en el epicentro del nuevo Bilbao, cuya última muestra es la Torre Iberdrola.
Siguiendo el camino que marca la orilla de la ría se puede seguir contemplando la importancia de las escultura pública en la villa. El rastro del parque escultórico bilbaino ha dejado su huella hasta justo en frente del Ayuntamiento, allí está desde 2002 Variante Ovoide. Con la casa consistorial al frente y la ría a sus espaldas, esta creación del guipuzcoano Jorge Oteiza intenta explicar el concepto del vacío, paradójicamente, con sus seis metros de diámetro y ocho de altura.
Subiendo por el puente del Ayuntamiento, al llegar a la plaza Circular, acaba esta particular ruta que muestra el lado más escultural de la villa. Allí se levanta la escultura en honor a Don Diego López de Haro, el creador de una ciudad que, cuando él la fundó hace 712 años, quizá no imaginó la magnitud que alcanzaría Bilbao. Tampoco lo pensaría Mariano Benlliure, creador de esta obra, cuando en 1890 esta se convirtió en la primera escultura pública en levantarse en el botxo.
Hanpasado ya 122 años, un tiempo en el que el número de esculturas ha llegado a las 150. Sirven para dar un paseo por la historia de la villa, sus personajes más conocidos, y contemplar los diferentes estilos que se concentran en una ciudad que mantiene la esencia de Don Diego y que, obra a obra, posee uno de los mejores parques escultóricos del Estado.
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