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La ciclista de Abadiño anuncia hoy su retirada tras más de una década en la élite del pelotón femenino
aner gondra - Jueves, 27 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Eneritz Iturriaga. (Iban Gorriti)
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HAN pasado más de dos décadas desde que una baserritarra de Axpe preparase el primer avituallamiento para Eneritz Iturriaga cuando se escondía del pelotón de cien chicos de su escuela de Durango. Con poco más de 10 años, Eneritz trataba de evitar una cuesta que le hacía rezagarse de sus compañeros vuelta tras vuelta, por lo que esperaba al siguiente pase del resto de chicos escondida junto a un caserío.
Al verla allí todas las semanas, la señora del caserío cogió la costumbre de sacarle un bocadillo.Ese es el primer recuerdo que tiene Eneritz Iturriaga sobre una bicicleta. Así empezó una sacrificada relación con el ciclismo que hoy llega a su fin. La deportista abadiñarra explicará hoy los motivos por los que se aleja de los pedales tras más de 12 años en la élite que le han llevado a cosechar un Campeonato de España en línea, cuatro de contrarreloj, dos Copas de España sub’23 y multitud de trofeos en diferentes modalidades y competiciones. Unacapacidad de sacrificio sin límites y una fuerza mental fuera de lo común le han hecho superar con éxito todo tipo de dificultades y contratiempos.
Nada más llegar a la categoría sub’23, en 1999, Eneritz tuvo la oportunidad de conocer de primera mano las diferencias entre el ciclismo femenino de Euskadi y el que se gastaba en Holanda: “Allí descubrí otro mundo.Había carreras en martes, jueves, viernes, sábado y domingo... ¡y a qué velocidad! Veía sus entrenamientos y flipaba. Hoy en día no ha cambiado nada. Sigue igual. Hace un año, cuando volví a Euskadi lo pensé: sigue todo igual que cuando empezaba con 19 años”.
En 2002 se enroló en el DEIA-Pragma, donde ganó su primer título estatal de contrarreloj. Pero quizás le catapultómása la élite su manera de ayudar a Joane Somarriba a ganar elTour deFrancia. La italianaFabiana Luperini la reclamó como gregaria: “Luperini es la que me ha enseñado a ser ciclista. Ir a Italia fuemuy duro. Estar en una casa con ucranianas, rusas... Yo era muy jovencita y ellas eran mujeres hechas y derechas.
Entrenábamos todas juntas y en esa semana se sabía quién corría. Había putadas por todos sitios. Fabiana se dio cuenta de esto y, sin conocernos de nada, me llevó a su casa. Éramos compañeras, pero nos convertimos en buenas amigas. Yo corría para el equipo, pero corría para Fabiana. Fabiana me decía: ‘Piensaunpocomásen ti, eres demasiado buena encima de la bicicleta”.
En Italia Eneritz se encontró en primera línea de la élite y saboreó los triunfos, los suyos y los de su líder: “Los sientes tuyos si esa persona te los hace sentir”. En 2004, poco después de recibir 50 puntos en la cara tras una caída, disfrutó de los Juegos de Atenas: “Estuve un mes entrenando en altura y llegué aAtenas, el sueño de todo deportista. A partir de aquello se me empezaron a abrir las puertas en casa”. Pero Eneritz ha tenido que superar trances más duros incluso que sus graves caídas. En 2006 sufre complicaciones por una infección en su estómago por un parásito.
Tras infinidad de pruebas, consiguen diagnosticarle una intolerancia al trigo y a la lactosa que cambia totalmente su alimentación.
Si alguien quería poner a prueba la fuerza de voluntad de Eneritz, en los siguientes años se llevaría una sorpresa. En2007 un gato se lanzó sobre la rueda de la vizcaina, lo que supuso tres operaciones de clavícula. En 2008 otra caída le rompió los tendones sacroilíacos y en 2010, en elTour de l’Aude, su clavícula volvió a terminar contra el suelo, rompiéndose por tres sitios diferentes.
Pero todo eso no pudo impedir que Eneritz volviese a disfrutar en el Safi-Pasta, donde correría para otra campeona, Diana Ziliute, o que ganase la etapa final del Trophée d’Or, o que descubriese los velódromos, donde se proclamaría campeona de España de persecución por equipos, o que fuese tercera en la Route de France en 2009. Hace falta mucho más que un gato, o que una clavícula destrozada para hacer que Eneritz bajase de la bici: “No se me ha quedado ninguna espina. Siempre di el 100%. Las lesiones me han mermadomucho, pero son cosas que pasan. Sin ellas hubiese sido otra cosa, pero los hubiese no existen”.
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