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Se han celebrado 18 exposiciones con obras en su mayoría procedentes de Euskadi
m. redondo - Domingo, 30 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:40h
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bilbao. Darío Urzay (Bilbao, 1958) comenzó su carrera pintando lienzos hiperrealistas antes de decantarse por la pintura abstracta y, más tarde, desarrolló el lenguaje personal que ha caracterizado su obra desde la década de 1990. Cuando se anunció que se iba a construir un Guggenheim en Bilbao, Urzay vivía precisamente en Nueva York, a solo unos metros del Guggenheim del Soho. En 1996, ya en la capital vizcaina, recibió en su estudio una visita muy especial: la de los curators del Guggenheim que querían conocer su trabajo para encargarle una obra para el nuevo museo: "Recuerdo que visité las obras del edificio un día de lluvia y entre la niebla, parecía que saltaban chispas. Era como un escenario de película. Decidí que tenía que hacer una pieza que flotara, que no estuviera pegada en la pared, como si estuviera proyectada en una pantalla, y me vino a la cabeza la película 2001, que había visto en el cine con mi padre cuando era niño". Así surgió En una (Microverso I) fracción, una obra monumental compuesta por cinco paneles que forman una suerte de pantalla cinematográfica.
El pintor bilbaino tenía 39 años cuando su obra llegó al Guggenheim; ahora, a sus 54 años, está considerado como uno de los creadores vascos con mayor proyección internacional. "¿Qué ha supuesto para mí tener obra en la colección del Guggenheim? Muchísimo. Personalmente, fue un gran reto y profesionalmente, un gran espaldarazo, un aval artístico de primer nivel".
apuesta Darío Urzay es uno de los artistas vascos a los que el museo ha adquirido obra para incluirlas en su colección, entre los que se encuentran una nutrida representación de creadores de varias generaciones, como Oteiza y Chillida a la cabeza, junto a Cristina Iglesias, Ibon Aranberri, Pello Irazu, Koldobika Jauregi, Jesus Mari Lazkano, Maider López, Itziar Okariz, Juan Pérez Agirregoikoa, Sergio Prego o Asier Mendizabal, entre otros. Una de las principales críticas que ha recibido el museo es que ha adquirido poco arte vasco y español. Pero la realidad es que un tercio de los artistas que configuran los fondos de la pinacoteca son vascos. Además, el museo ha incluido en su programación 18 exposiciones con obras mayoritamente de artistas vascos, concretamente ocho fueron monográficas dedicadas en exclusiva a ellos, que fueron vistas por 5,5 millones de personas, de las que el 60% fueron extranjeros. Cinco de estas exposiciones se han podido ver en otros centros expositivos estatales e internacionales.
Aitor Ortiz (Bilbao, 1971) es también otro de los creadores vascos que cuenta con obra en el museo. Su relación con el Guggenheim viene de lejos, cuando en 1995 recibió el encargo profesional de documentar fotográficamente la construcción del edificio de Gehry. Intervino también en la exposición Chacun à son goût (Cada uno a su gusto), comisariada por Rosa Martínez, que presentaba una selección de artistas vascos contemporáneos; y en 2008, el museo adquirió su obra Muros de luz 011 (2005), el resultado de una transformación de las imágenes obtenidas en la cantera de mármol negro de Markina-Xemen. "El Guggenheim ha familiarizado a la sociedad vasca con el arte contemporáneo. Ha tenido la gran capacidad de atraer grandes exposiciones, que unidas a las que se han hecho en el Bellas Artes, en la Sala Rekalde, Artium o en el Koldo Mitxelena, han conseguido que este tipo de arte ya no sea algo elitista, sino que esté al alcance de todos".
No hay muchas personas en el estado que conozcan tan bien como Kosme Barañano el mundo del arte actual. Barañano (Bilbao, 1952) ha compaginado su tarea docente con la dirección de museos y ha comisariado exposiciones estatales e internacionales. Estuvo, como subdirector, en el equipo que puso en marcha el Reina Sofía de Madrid a finales de los años 80 y dirigió el IVAM. También comisarió algunas de las exposiciones de arte vasco más relevantes en el Guggenheim Bilbao, como Homenaje a Chillida, en la que se mostraban las obras realizadas por 45 artistas en homenaje al escultor donostiarra. Barañano lo tiene claro: "Creo que tras 15 anos, los beneficios del Guggenheim son perceptibles para todos los que tienen ojos y no prejuicios. Beneficios económicos para la ciudad y para el país y culturales en el sentido mas amplio. Tanto en cultura antropológica (la ciudad está en el mapa internacional, también por ejemplo con su gastronomía) como cultura visual, los bilbainos han podido disfrutar de exposiciones de calibre internacional".
Con respecto al tema del arte vasco o de los artistas vascos, Barañano está convencido de que estos han podido aprovecharse mas que nadie "ya que tienen la capacidad de entender mejor todo lo plástico. Pero hemos de repetir lo de siempre: los museos o las instituciones públicas de artes visuales no son una exclusiva para los artistas - como los hospitales no son para el cuidado de los médicos- sino para todos los ciudadanos".
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