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ROJO SOBRE BLANCO

De la inflexión a la reflexión

Jose L. Artetxe - Lunes, 1 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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El entrenador argentino del Athletic Marcelo Bielsa  saluda al técnico francés de la Real Sociedad Philippe Montanier.

El entrenador argentino del Athletic Marcelo Bielsa saluda al técnico francés de la Real Sociedad Philippe Montanier. (EFE)

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LOS próximos partidos desentrañarán el significado que Marcelo Bielsa da al término "reconstrucción", pero quién duda de que implicará cambios respecto a lo que ha sido la composición del equipo hasta la fecha. Al técnico se le vio apesadumbrado tras el derbi de Anoeta, le dolió el modo en que su equipo se deshizo ante una Real más enérgica y también mejor dispuesta para ganar la batalla táctica. Admitió incluso que debería haber reaccionado antes porque en el tramo previo al descanso ya percibió (no fue el único) que su equipo empezaba a ceder y erraba más de la cuenta. Solo durante la primera media hora se asistió a un tuteo, a una pelea equilibrada, ese fue el tiempo en que el Athletic estuvo entero y ello sin practicar el fútbol con balón que necesita para optar a un buen resultado.

El derbi ratificó que el equipo, tal cual está dispuesto en este comienzo liguero, no ofrece garantías. Se observan déficits evidentes, que además se vienen repitiendo. Defensivamente ha habido una mejoría, a la que esta vez se agregó la importante aportación del portero, impecable en ocho intervenciones a remates directos, dos de ellos ejecutados dentro del área. Iraizoz se vio superado en una acción que pilló a toda la zaga al garete y en un penalti, nada más. El rendimiento en la contención bajó tras la sustitución de Iturraspe y fue muy deficiente después del 2-0, si bien aquí pesó la inferioridad numérica y el marcador, que obligaban a desprotegerse.

Lo que no funcionó nunca a satisfacción fue la transición. La salida del equipo de su terreno es con diferencia el mayor problema que tiene el Athletic este año y sufrirá mientras no lo resuelva. Bielsa ha montado un equipo para atacar y ser agresivo con la pelota, continúa eligiendo a una mayoría de jugadores de corte ofensivo en sus onces, pero no le cunde. La principal pega está en la falta de conexión entre las líneas para desplegarse, faltan engarces, hombres que colaboren en esos primeros pases que antes se hacían con precisión y ponían en marcha una ofensiva constante. Ahora no se progresa con el balón, la presión de los rivales se vuelve un obstáculo casi insalvable y cuando se salta la primera línea de oposición, afloran la imprecisión, la precipitación y, en algunos casos, los excesos en la conducción que imposibilitan profundizar y, por tanto, tener el mando de las operaciones.

El Athletic no es el protagonista, ha dejado de serlo, no suma combinaciones y buenos despliegues en número y frecuencia suficiente para controlar el juego. Lo que preside sus evoluciones es la premiosidad y los errores, que se producen en un número insoportable porque ello se traduce en pérdidas continúas y más carga de trabajo en defensa. El equipo llega poco arriba, el área le queda muy lejos y el principal perjudicado es el ariete, cuya contrastada puntería más que una baza se convierte en una suerte esporádica. Precisamente por ello, recurrir a Llorente, con o sin Aduriz al lado, no resuelve nada. Si encima están los dos en el campo, se acentúan las limitaciones en la construcción al restar un elemento para actuar entre líneas.

Iturraspe pide a gritos más apoyos y apoyos más fiables. No lo es Muniain, que no sabe seleccionar sus intervenciones y genera desequilibrios fatales al tirar de repertorio donde no debe. Es bueno driblando y conduciendo, pero en la zona ancha lo que debe correr es la pelota. Su propuesta gana enteros cerca del área, más atrás asume unos riesgos innecesarios y en vez de agilizar la distribución, obliga al conjunto a esfuerzos tremendos para recular porque él es uno de los que más posesiones derrocha y sus compañeros, instintivamente, se están proyectando en vano hacia el ataque.

La banda izquierda también pide una revisión. Ismael López no ha acabado ninguno de los últimos cuatro partidos, el salto de categoría le está pasando factura y su participación es muy escasa. El lateral tampoco le facilita las cosas. Iñigo Pérez si le surtía, pero la banda se le hace muy larga; mientras que Castillo, aunque tapa mejor, no se siente seguro para desdoblarse, comprensible con tan pocos partidos. Anda justo para desarrollar toda la labor que la demarcación exige en este esquema.

Hasta que Aurtenetxe esté disponible, acaso convenga apostar por De Marcos, que siempre vuelve y ofrece una alternativa para progresar, algo que la banda izquierda de momento no favorece. Se carga mucho el juego por la derecha, pero ni Susaeta, el que mejor está físicamente, ni De Marcos, que tiende a escorarse a ese lado, ni Iraola, remiso a ganar metros acaso porque sin balón le cuesta, muestran acierto para asociarse.

Amorebieta, de momento, no es ni sombra del central que fue el año pasado. Cumple en el juego aéreo, pero se vence fácilmente con espacios (el pasillo que le abrió a Illarramendi le retrató) y si recurre al exceso de agresividad es a causa de su inseguridad. Gurpegi está pagando el estatismo y las dudas de otros porque no es veloz, salvo cuando recurre a la anticipación. Es posible que las piernas de Ekiza sean necesarias hasta que el equipo se asiente. La dinámica de partidos, dos esta semana, aboca a probar los retoques en la competición. Así tendrá que ser, hace falta cambiar algo para que todo cambie. Después del pretendido derbi de la inflexión, Bielsa ha de gestionar el derbi de la reflexión. Las respuestas, en el banquillo: Ekiza, Galarreta, Ibai, Aurtenetxe si ya está,…

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