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Tras la irrupción de la quinta del 96, la República vive de los éxitos del pasado
u. muñoz - Lunes, 1 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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La República Checa busca una nueva generación de fútbolistas que recoja el testigo de los idolatrados Nedved y Poborsky. (afp)
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BILBAO. LA expedición del Athletic aterriza mañana en Praga. El Sparta, próximo escollo de los rojiblancos en la Europa League, es el referente de la República Checa. Un fútbol que vive de los éxitos del pasado y que busca una nueva generación de futbolistas que vuelva a ilusionar como hace no muchos años lo hicieron al frente de la selección históricos como Nedved, Poborsky, Kuka o Nemec. Integrantes todos ellos de la quinta del 96 que sorprendieron al Viejo Continente por su desparpajo y soltura con el balón, y que estuvieron a un paso de birlar la Eurocopa al todopoderoso combinado alemán.
Aunque los clubes checos no han tenido grandes actuaciones en las competiciones europeas -la Liga Gambrinus es de un nivel secundario y ocupa actualmente el puesto 18º en el ranking de la UEFA-, como país han sorprendido en más de una ocasión a los grandes. Desde su nacimiento como nueva República tras la separación con Eslovaquia a principios de los noventa, el combinado checo ha protagonizado varios capítulos dignos de David contra Goliat. El más importante, el registrado en 1996 en Inglaterra. Cuando el fútbol regresó a casa, unos desconocidos, con largas melenas y sin presión por hacerlo bien (uno de los jugadores checos tuvo que retrasar la fecha de la boda, que estaba programada para el día de la final de la Eurocopa), estuvieron a punto de lograr el campeonato europeo. Título que se les escapó por el gol de oro que convirtió en la prorroga el alemán Oliver Bierhoff.
Pero pocas veces una derrota fue tan dulce para los perdedores. Encabezados por Nedved, que dejaría el Sparta de Praga para recalar en la Lazio poco después del campeonato, buena parte de los integrantes de la selección checa fueron fichados por los clubes más ilustres del continente. Aunque el fino centrocampista rubio, que gracias a su buena actuación en Italia logró el Balón de Oro, se convirtió en el líder de la generación de las melenas (la prensa checa les adjudicó este nombre porque buena parte de la selección lucía largas cabelleras). Tras un lustro en el equipo romano, Pavel recaló en la Juventus para sustituir a Zinedine Zidane, que había puesto rumbo a Madrid. Una responsabilidad que no le pesó.
Otros referentes de la época como Karel Poborsky -que llegó a jugar en el Manchester United-, Vladimir Smicer o Pavel Kuka también hicieron las Américas lejos de su país. Un camino que han seguido, entre otros, el portero del Chelsea Peter Cech o el delantero Milan Baros, referentes de una disciplina que busca salir del impasse que vive en los últimos años.
panenka para la posteridad Pero si por algo es conocido el fútbol checo es por la locura o genialidad que protagonizó Frantisek Panenka allá por 1976, cuando Checoslovaquia aparecía en los mapas y el telón de acero era una realidad. Después de empatar en el tiempo reglamentario ante Alemania Federal en la final, la Eurocopa se iba a decidir desde el punto de penalti. Y aquí apareció la figura de Panenka, que, pese a tener delante a Maier, tuvo la sangre fría para picar el balón por el centro de la portería ante la sorpresa de todos.
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