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Balmaseda ya tiene Capilla Sixtina

El pintor Roberto Zalbidea está a punto de concluir el mural de 400 m2 en la Avenida Encartaciones

elixane castresana - Lunes, 1 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h

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El pintor Roberto Zalbidea ha plasmado los monumentos más representativos de la villa en una superficie de 400 metros cuadrados

El pintor Roberto Zalbidea ha plasmado los monumentos más representativos de la villa en una superficie de 400 metros cuadrados (E. Castresana)

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dESDE 2010, Roberto Zalbidea se ha acordado muchas veces del gran Miguel Ángel y su obra maestra en la Capilla Sixtina mientras transformaba pincelada a pincelada el gris muro de la Avenida de las Encartaciones de Balmaseda en una película ilustrada de la historia de la villa. Un cálculo erróneo de las proporciones provocó que los primeros dibujos se vieran demasiado pequeños. Exactamente lo mismo que le sucedió al italiano. "Pero a él no le caía un chaparrón encima echando a perder horas de trabajo", bromea el muralista de Santurtzi.

Dos años y cientos de kilos de pintura más tarde, está a punto de dar el último brochazo a un proyecto monumental en el que el Ayuntamiento ha invertido 70.000 euros, 15.000 de los cuales han sido financiados por la Diputación Foral de Bizkaia. Zalbidea ha ideado 16 paneles decorados con motivos muy familiares para los vecinos.

Juntos forman una especie de muro de Berlín que no divide, sino todo lo contrario: condensa la identidad de Balmaseda en 400 m2 de superficie y tres de alto: la Pasión Viviente, el Kolitza, el río Kadagua, la iglesia de San Severino, el pórtico del Ayuntamiento y, cómo no, el Puente Viejo "románico, que no romano", matiza.

Al pasar por el muro, la artista local Paula Betanzos lo imaginaba lleno de colores que dieran una apariencia más amable a la Avenida de las Encartaciones, una de las puertas de entrada a Balmaseda. Tras recibir el visto bueno a su idea por parte del Consistorio se puso en contacto con Roberto Zalbidea, autor del mural La leyenda de Kixmi en el techo de los arcos de la Ribera de Bilbao.

Había participado en concursos de pintura al aire libre y visitado el municipio durante la Semana Santa de niño. Hasta ahí llegaba toda su relación previa con Balmaseda. Después de aceptar el encargo devoró libros y pateó las calles a la búsqueda de inspiración para un trabajo distinto de todos los que había realizado hasta la fecha: "De alguna forma siento que tengo responsabilidad sobre mis obras; el mural va a quedar aquí para siempre. Antes de empezar me empapé de la historia del pueblo, desde el paso de los romanos hasta la actualidad".

efectos especiales La Pasión Viviente sobresale en esa milenaria trayectoria. Su espacio en alguna de las 16 zonas en las que Roberto Zalbidea dividió finalmente el muro -al principio había previsto 30-, estaba más que garantizado. Eligió centrarse en Jesucristo y lo pintó mezclando el estilo de El Greco con los rasgos de uno de los vecinos de Balmaseda que le ha dado vida. "Sí, el Cristo se parece a alguien en concreto, pero prefiero no decir quién es, que lo adivine la gente", reta.

Lo que sí reconocen al momento es el pórtico del Ayuntamiento, que fascinó al artista la primera vez que lo vio. "En mis viajes me impresionó la mezquita de Córdoba y esos arcos me produjeron el mismo efecto. Me han dicho que antes fue una mazmorra", relata. La pintura reserva una sorpresa a los viandantes. Aunque para contemplar el efecto necesitarán gafas de tres dimensiones. Ya preparados, descubrirán una realista sensación de profundidad en la composición.

En el resto de los casos basta con aprovechar la luz solar. "Entre las 14.00 y las 16.00 horas las pinturas se pueden apreciar mejor que nunca", recomienda su autor. Entonces, las aguas del río Kadagua brillan desde el último panel situado en dirección al centro de Balmaseda, engañando a los ojos, así, la cuesta descendente del terreno se esfuma... aparentemente. Y una vidriera de la iglesia de San Severino resplandece. "Normalmente, se contemplan desde dentro de la iglesia y no al revés. Para crear esa sensación he empleado pan de oro y plata", describe.

Se ha permitido alguna licencia. Por ejemplo, "recuperar el campanario desaparecido de la ermita de San Sebastián y San Roque de Kolitza en el dibujo que reproduce la portada gótica". Tampoco ha dudado en subir al monte bocinero para captar al natural todos los matices del paisaje y detenerse en la popular fuente a beber agua. "Me dijeron que la construyeron los propios vecinos y me llamó la atención que hubiera un vaso de acero inoxidable atado con una cadena. Según me explicaron, se hizo para que no robaran el vaso", recuerda. La anécdota le gustó tanto que incluyó la fuente de Kolitza en el mural.

amistades A lo largo de estos dos años su trabajo ha suscitado curiosidad entre los balmasedanos, que ya lo han bendecido. "Una vez, mirando a la puerta de la ermita de Kolitza dibujada me soltaron: ¡No lo pintes tan bien, que vamos a querer entrar dentro!", sonríe. Con las horas que ha pasado a pie de muro, Balmaseda se ha convertido prácticamente en su segunda casa. "No tengo más que buenas palabras. He hecho buenos amigos y me han tratado con una amabilidad... En cuanto caía una gota de lluvia siempre salía alguien a taparme con un paraguas", agradece.

El mal tiempo ha dilatado la conclusión de esta singular obra. Roberto Zalbidea ha empleado una pintura especial que protege los dibujos a la intemperie, pero necesita ocho horas para secarse por completo. La consecuencia: más de una vez el agua arruinaba de un plumazo lo que tanto esfuerzo le había costado. "Se me ha estropeado mucho material", lamenta el artista.

patrimonio escondido Por fin ha podido desplegar su paleta de colores en todo su esplendor. Los símbolos de Balmaseda conviven en el muro reconvertido en cuadro de gran formato con otros monumentos más desconocidos: una fuente ornamentada con dos cabezas de león ubicada en la plaza de San Severino de la que aquí vuelve a manar el agua o la escultura de un ángel que se encuentra en ese mismo lugar.

Un miliario que recuerda la época de gobierno de Julio Vero Máximo hace referencia a la huella que el Imperio Romano dejó en Balmaseda. Sin embargo, pocos reparan en él. "Está justo a la derecha del Puente Viejo", precisa Roberto Zalbidea.

La representación popular del Mercado Medieval ha recuperado la importancia del cultivo de la uva. El mural acerca esas explotaciones de vid al siglo XXI a través de la reproducción de un campo de viñas delimitado por la muralla defensiva que rodeaba la villa. Una fortificación que llegó a contar con cinco puertas de entrada.

Son pinceladas que su autor explicará en un libro. Asimismo, prepara un vídeo documental que recoge la evolución del trabajo: de un talud gris e impersonal al retrato vivo de Balmaseda. Lo presentará cuando haya rematado su obra. Y es que aún resta un toque final: "Voy a rotular por escrito los paneles para identificar qué representan".

Dicen que Miguel Ángel se autorretrató en la Capilla Sixtina. Roberto Zalbidea ha preferido dejar su sello a la manera tradicional. "Lo último será añadir mi firma", anuncia. Además, este templo lo disfrutan todos los vecinos desde el principio, no como en Roma.

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