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La maldición de nunca acabar

El Bilbao Basket mantiene su gafe en 'La Roca' y pierde en el estreno liguero tras una actuación errática en la que solo mostró a cuentagotas las que tienen que ser sus nuevas señas de identidad

Jon Larrauri - Lunes, 1 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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El base griego Nikos Zisis intenta penetrar a canasta rodeado por cuatro jugadores del Gran Canaria.

El base griego Nikos Zisis intenta penetrar a canasta rodeado por cuatro jugadores del Gran Canaria. (REPORTAJE FOTOGRÁFICO: ACB PHOTO Y EFE)

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bilbao. La costumbre del Bilbao Basket de hincar la rodilla en el Centro Insular de Deportes va camino de convertirse en una de esas leyes no escritas del mundo del deporte y en objeto de estudio para los teóricos de la canasta, para aquellos que con cifras y teoremas tratan de explicar lo absolutamente inexplicable. Poco importan los factores, su orden y su puesta en escena, porque el producto siempre es el mismo, la derrota. Así ha acontecido en las nueve visitas a la cancha del Gran Canaria. Da igual qué condicionantes comparezcan sobre el parqué, el momento de la temporada, el horario de juego, los momentos de forma de los contendientes e incluso el propio desarrollo del partido pues el cuadro visitante siempre acaba encaminándose a las duchas con la cabeza baja y masticando el amargo sabor de la derrota. Allí cayeron los pioneros del Bilbao Basket en la máxima categoría del baloncesto estatal, también los que encaminaron al club hacia su fulgurante crecimiento y, ayer, los protagonistas del renovado proyecto de los hombres de negro. Habrá que esperar, por lo tanto, un curso más para intentar poner fin a una maldición tan enraizada que merece ya el calificativo de perenne.

Comparecían en el estreno liguero los de Fotis Katsikaris envueltos por el optimismo que siempre generan las caras nuevas y las ilusiones renovadas, pero las buenas sensaciones pasaron de puntillas por el Centro Insular de Deportes debido a que los hombres de negro apenas mostraron con cuentagotas las que deben ser sus nuevas señas de identidad, desperdiciando prácticamente 30 minutos de partido antes de colocarse a la par de su adversario y pasar a estar en disposición de luchar por el partido, aunque posteriormente una serie de malas decisiones en ataque y un par de regalos en la retaguardia sirvieron la victoria en bandeja de plata a los de Pedro Martínez cuando parecía que lo más difícil -pasar a dominar el luminoso después de haber tenido una desventaja de 12 puntos- estaba ya hecho.

Durante las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el hecho de que el equipo había ganado en control de juego, dinamismo y fiabilidad con su nueva estructura. Así quedó patente hace siete días en la semifinal de la Euskal Kopa ante el Caja Laboral Baskonia, pero ayer esas líneas maestras no hicieron acto de presencia. Al Bilbao Basket le faltó un patrón de juego definido, constancia en la elaboración de los esquemas y todo ello hizo que apenas pudiera maniobrar con frescura sobre la cancha durante un puñado de minutos. No hubo noticias de los pick and roll entre los bases y Milovan Rakovic, arma llamada a ser muy utilizada por la tropa vizcaina y que tanto había ilusionado en pretemporada, los artilleros exteriores apenas gozaron de situaciones de tiro debido a la activa defensa de los insulares -únicamente cuatro triples lanzados durante los dos primeros cuartos sin que ninguna besara la red- y ninguna pieza de la tropa de Katsikaris fue capaz de erigirse en un referente constante y fiable, cayendo así en vicios y errores del pasado. Juego trabado e inconexo, perdidas de balón y lanzamientos forzados, aislamiento del juego interior... Demasiados regalos ante un rival con las ideas claras que, además, encontró facilidades a la hora de acometer contra la canasta bilbaina, siendo la muñeca de Ryan Toolson y, sobre todo, la clarividencia de Spencer Nelson para jugar situaciones de uno contra uno o para recibir solo bajo el aro sus armas más mortíferas.

Así las cosas, las luces de alarma no tardaron en encenderse. Sin lanzamiento exterior ni conexión con el juego interior poco se podía esperar de un Bilbao Basket que en el arranque del segundo cuarto únicamente anotó dos puntos en seis minutos para verse 12 por debajo en el luminoso (30-18). Con los visitantes sin brújula ni filo, sumando solo mediante los tiros libres de Kostas Vasileiadis, los de Pedro Martínez jugaron sobre una tupida alfombra roja y cuando vieron acercarse por el retrovisor a su rival una antideportiva de Rakovic, totalmente desdibujado ayer, volvió a darles aire para llegar al ecuador del choque con un cómodo colchón de nueve puntos (38-29).

Reacción y resbalón Tampoco mejoraron demasiado las cosas en la reanudación. Aunque el Bilbao Basket ganó algo de frescura ofensiva con Zisis ejerciendo de timón -el de ayer no fue el día de Raúl López, fuera del partido tras cometer dos faltas en el primer minuto-, Pilepic tirando de descaro y Mumbrú acaparando galones, los regalos defensivos en forma de sencillas bandejas encajadas postergaron el intento de remontada. Tuvo que ser la inconsciencia y la efervescencia de Vasileiadis la que sacara al equipo de su tediosa actuación. Un triple suyo absolutamente desequilibrado y sobre la bocina de la posesión a 1:30 del final del tercer acto, el primero que enchufaban en el partido los hombres de negro, sirvió de rampa de despegue hacia la remontada. Moerman engatilló también acto seguido desde la línea de 6,75, Kostas siguió inspirado y la entrada en escena de Lamont Hamilton bloqueando cualquier acercamiento canario a su canasta hizo que el rumbo del partido girara 180 grados. El 52-53 a 8:15 del partido dejaba todo por decidir y, visto lo visto, era una invitación al optimismo.

Pero ocurrió que, cuando parecía que el Bilbao Basket había hecho ya lo más difícil, la irregularidad volvió a hacer acto de presencia para hundir su nave. Pese a dos notables canastas de Mumbrú, al Gran Canaria no le tembló el pulso y respondió de la mano de Scheyer y Slokar, quien con una canasta de seis metros sobre la bocina justo después de que un triple de Álex se saliera de dentro dio a los suyos una renta de seis puntos a menos de dos minutos del final. Absolutamente acorralado, el Bilbao Basket se encomendó a los misiles lejanos, pero ni Kostas ni Raúl ni Hamilton acertaron, prorrogándose así un curso más la perenne maldición que desquicia a los hombres de negro en La Roca.

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