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Períodico de Deia
Xabier Sáenz de Gorbea crítico de arte

"El arte ha de ser una pregunta incómoda"

Figura clave en el panorama del arte vasco de las últimas tres décadas, Xabier Sáenz de Gorbea ha recibido el premio Gure Artea 2012 en la modalidad de las artes visuales, reconociendo su labor y aportación al desarrollo de esta disciplina a la que ha dedicado toda su carrera

a. garmendia - Lunes, 1 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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Xabier Sáenz de Gorbea ha recibido el Premio Gure Artea 2012 junto a los artistas Esther Ferrer y Sergio Prego.

Xabier Sáenz de Gorbea ha recibido el Premio Gure Artea 2012 junto a los artistas Esther Ferrer y Sergio Prego. (Pablo Viñas)

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Bilbao. Cofundador de la galería Windsor de Bilbao y de la asociación Euskal Artisten Elkartea, Xabier Sáenz de Gorbea (Las Arenas, 1951) es también escritor, poeta, profesor, crítico de arte de DEIA desde hace muchos años y ha realizado numerosas colaboraciones en prensa y revistas especializadas. Además ha comisariado casi un centenar de exposiciones sobre el arte vasco contemporáneo y moderno, ayudando así a impulsar las artes visuales.

Premio Gure Artea 2012 por su aportación al fomento de las artes visuales pero, ¿está la actividad crítica poco valorada?
La crítica siempre ha estado poco valorada por tradición, pero soy de los que piensa que casi nadie lee las críticas. De todos modos, creo que es el papel que le corresponde. Es más compleja que una presentación, ya que da opiniones y eso puede generar calambrazos, tanto en el espectador como en el artista, y eso también es interesante. Pienso que una obra de arte no tiene un solo sentido, sino que es algo expansivo y se desarrolla en función de las valoraciones e interpretaciones que los demás realicemos. No es algo muerto. La obra de arte tiene que seguir desarrollándose a lo largo del tiempo. Una obra de arte nunca ha de agotarse. En cada tiempo tenemos una visión del pasado que actualiza ese análisis y lo pone en situación frente a los valores y los argumentos que hoy están debatiéndose. Eso es lo bueno del arte, que no solo da significación a una persona, obra, etapa o periodo histórico, sino que puede seguir revalorizándose a partir de esas aproximaciones que se hacen cada cierto tiempo.

¿Esperaba que reconociesen su aportación?
En el discurso de agradecimiento dije: "Nunca creí que ibais a fallar de esta forma tan clamorosa", porque todo premio es un fallo. Yo se lo agradezco profundamente a la gente que me lo ha dado. A mí ya con el mero hecho de que me llamasen me parecía compensado, y lo cierto es que en ese momento me emocioné. Nunca creí que me lo darían. Todos tenemos historia, y yo tengo mucha. Llevo desde los años 70 con una galería de arte, con lo cual mis ideas y aportaciones a algunos les habrán parecido fabulosas y a otros menos. Lo que quiero decir es que he procurado ser amable pero sin olvidarme de que el sentido de mi función es dar una opinión. Pero como decía Oteiza, "no puedo cambiar la vida de un fracasado con un éxito". Yo soy un fracasado entre comillas, soy una persona de la cultura y por la cultura. No valgo para tener puesto alguno como tanta gente, paracaidista y volatinera, que descienden aquí viniendo de otras profesiones y no han hecho nunca arte ni tienen la formación.

¿Es su intención influir en la percepción del espectador?
Si la gente leyese las críticas, seguramente que sí influiría en la percepción de una obra. Cuando yo era guía de arte en París, notaba los efectos de esa comunicación. Tenía gente delante, les hablaba y generaba un feedback, una acción reacción poderosa.

¿Cómo se enfrenta a escribir una crítica que no favorece al artista?
Soy discípulo de Walter Benjamín, y su tesis doctoral sobre la crítica de arte. Benjamín decía que la crítica de arte no tiene que decir exclusivamente qué es bueno o malo, sino entrar a razonar y valorar las cosas positivas de lo que se observa. Al llegar a la conclusión se puede opinar si la pieza tiene deudas o falta algo en algún aspecto. En mi papel he intentado ser exigente con los poderosos de las instituciones y más comprensivo con el débil, que en este caso es el artista. Los críticos sabemos que hay que describir para que el lector se oriente y muchas veces nos olvidamos de ello. No solo soy crítico de arte que opina sobre lo que está sucediendo y me arriesgo o me atrevo, sino que también soy historiador de arte.

¿El mercado ha desplazado al crítico?
Aquí entre nosotros hay muy poco mercado. Hay escasos coleccionistas en nuestro contexto pero creo que, al final, la adquisición de una obra o no depende del deseo, del dinero, del vacío y hueco que haya en casa, y de las circunstancias. Creo que el arte siempre tiene que estar en crisis, y la palabra critico, que tiene una base común, también tiene que estar en crisis porque nos hace siempre estar alerta.

¿Sufre descrédito el arte contemporáneo?
Claro que sufre descrédito pero, ¿cómo no va a sufrir descrédito si para la gente Picasso es abstracto? Hay mucha incultura incrementada por cada individuo que no tiene curiosidad por las cosas, y también por la educación, ya que no están los sistemas adaptados para las letras y la cultura.

¿En ese sentido la crítica tiene un papel educativo?
Creo que sí, porque es importante que aparezcan referencias a exposiciones que no saldrían en los medios de comunicación. Los medios no están al hilo de lo que pasa en la calle, y el arte es algo vivo, está a la vuelta de la esquina, por eso a veces hablo de lo que está en la calle. Ahí es donde está el verdadero arte hoy, y es necesario ese hueco en los medios de comunicación. Es importante el análisis de esos elementos porque en ocasiones observamos sin saber cómo están realizados ni qué quieren decir, y eso es muy importante, ya que el arte comunica siempre, sea abstracto o no, aunque es cierto que en la abstracción es más difícil ya que no se produce esa comunión. El arte tiene que ser siempre una pregunta que a veces es incómoda. Todo consiste en ir con libertad y sin complacencias, hasta el fin de las obsesiones y en desarrollar emocionalmente el incómodo límite de unos pensamientos que inquieten, den luz y agiten las conciencias.

¿Cómo ha evolucionado el arte vasco en los últimos 30 años?
Ha cambiado muchísimo en todos los sentidos. Cuando yo empecé prácticamente no había instituciones artísticas. Se puso en marcha la llamada Escuela de Bellas Artes de Bilbao, que en el 79 se transformó en facultad. Y entonces había poca cultura artística. El sistema del arte ha mejorado muchísimo. Todo empezaba, instituciones, museos... Cuando llega la postmodernidad nos encontramos con que aquí había una tradición importante de pintura y escultura, y que tenemos un poso personal e interesante.

Pero los ámbitos de escena se han ampliado.
Se han abarcado más espacios creativos, con lo que resulta mucho más difícil la labor del que está opinando, porque tiene que tener un conocimiento de todos esos medios. A partir de las primeras promociones de la facultad de Bellas Artes se empieza a producir un debate interno muy fuerte con la generación del 79 que da un impulso notable a la creación y reflexión del arte. Es la generación de Txomin Badiola, Darío Urzay, Jesús María Lazkano... Los 80 fueron muy crepitantes, había pocas posibilidades de vivir del arte pero sí de generar un entusiasmo colectivo. Fue un momento de eclosión en el que se esperaba mucho de las instituciones propias y autóctonas, pero entonces llegó el desencanto, porque también había que vivir.

Es miembro activo de la asociación artística Euskal Artisten Elkartea. ¿Con qué meta comenzaron?
El objetivo era que los artistas fueran conocidos, y también las necesidades del mundo artístico cultural. Yo no soy artista, o quizás sí, porque soy escritor y poeta, y fundé el movimiento junto a siete artistas creadores. Los 80 fueron muy dinámicos pero el panorama se enfrió, siendo menos pasional e intenso. En los 90 llegó una nueva generación que hoy da enormes alegrías, con creadores como Maider López o Asier Mendizabal. Hoy en día estamos en un momento importante. Siempre el arte está en crisis pero hoy mucho más.

¿Citas como ARCO sirven de punto de encuentro e intercambio de ideas entre artistas?
Como se suele decir, una vez al año no hace daño. Mucha gente va a la feria, pero no se acerca a la galería que tiene debajo de casa. Cuando era guía en lugar de llevarles al Louvre, incurría en el delito de llevarles al Pompidou. El Louvre es historia del arte y podían ir con sus herramientas a visionar aquello que desde siempre creían que era arte. Las herramientas para el arte contemporáneo son otras, y necesitas saber de análisis de formas y conocer qué significa y qué valor tiene.

¿Arte y sociedad han estado siempre distanciados?
Sí y eso es normal, porque el artista siempre intenta destacar. El arte es lenguaje y como tal cada artista crea el suyo propio, el que necesita para su expresión. Muchas veces ese lenguaje está basado en la historia, pero no necesariamente es la historia. Cada artista crea un idioma o un argot dentro de él. Si nos faltan los datos de esas palabras no podremos darle sentido, ni lo complejo y denso que es la obra.

También es coleccionista de arte. ¿Es ese un ejercicio creador?
Lo es siempre que tengas un proyecto conceptual, tener una base o unas ideas que desarrollar, pero es difícil porque supone encerrar demasiado tu público.

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