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por José L. Artetxe - Martes, 2 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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ENCUESTA: ¿Crees que la bronca de Bielsa con Llorente es algo pasajero o traerá cola?
BLOGS: Primera expulsión en el Athletic, pero no para Bielsa / "El Athletic no está en crisis, ¡carajo!
EL episodio que tuvo lugar ayer en Lezama demostraría que la pretensión de que Fernando Llorente cumpla su último año de contrato en el Athletic como un integrante más de la plantilla es inviable. Desde que a principios de agosto le transmitiese a Josu Urrutia la decisión de no aceptar la última oferta para renovar contrato, su situación en todo momento ha sido ajena a los parámetros de normalidad que deberían regir la convivencia y el quehacer profesional en el seno del grupo. Este incidente sería un eslabón más en una cadena de despropósitos o incidencias consentidas en mayor o menor grado por el entorno y que tienen como único origen su negativa predisposición a asumir la cuota de responsabilidad que lógicamente le corresponde, pues se trata de aspectos que tienen que ver con su carrera.
Los intentos de todos los estamentos del club por favorecer que su continuidad hasta el mes de junio sea una realidad asumible y no incida perjudicialmente en la dinámica del equipo se han revelado inútiles. Y la clave de este feo asunto estriba en que Llorente solo mira por lo suyo y cree además que se lo puede permitir porque él es quien es y punto. Le da lo mismo la repercusión de sus iniciativas u omisiones porque él se siente maltratado por el Athletic, mientras que quienes se mueven a su alrededor -desde luego, en absoluto quienes le asesoran- siguen cargando con el cometido de velar por los intereses del club, ya sea por vocación y convencimiento o por obligación a secas, o si se quiere por ambos motivos a la vez.
Con el equipo pagando sobre la hierba las consecuencias de los comportamientos que a lo largo del verano han tenido varios de sus integrantes, Llorente y otros, todos ellos habituales en la alineación tipo que diseñó Marcelo Bielsa la pasada campaña, es más que significativo, es definitivo cabría afirmar, que Llorente pueda ser invitado a irse a la ducha antes de tiempo, señalado por el entrenador habida cuenta su flagrante déficit de actitud en el trabajo. Que eso y no otra cosa fue lo que pasó en el entrenamiento matinal de ayer en Lezama.
En un contexto deportivo preocupante, Llorente no tiene reparos en seguir haciéndose notar, pero no precisamente a base de goles y buen rendimiento, sino por incumplir sus obligaciones más elementales, en este caso entrenarse. Seguro que si el Athletic fuese viento en popa en la competición, el desagradable incidente no se hubiera producido, pero tal cual bajan las aguas a causa de los resultados y la imagen del equipo, este episodio inevitablemente añade un elemento más de polémica y crispación, justo lo que el club menos necesita ahora. Se diría que el jugador se abona a lo de cuanto peor, mejor y se dedica a jugar sus bazas, que las tiene, aunque desde el sentido común haya que pensar qué flaco favor se hace a sí mismo con semejante comportamiento. Sucede que en el fondo lo que Llorente persigue es una salida que Josu Urrutia, con buen criterio, le negó en su momento apelando al compromiso vigente que vincula a jugador e institución.
¿Qué bazas maneja Llorente? Pues basta con repasar las reacciones de los medios de comunicación radicados en Madrid, que ayer se apresuraron a cargar contra el técnico en su encendida defensa de los derechos (¿?) que asisten al futbolista. Recuérdese que son los mismos interlocutores a los que Llorente acudió en las horas posteriores a que marcase un gol frente al Espanyol, después de haberse negado a comparecer ante la prensa vizcaina desplazada a Cornellà-El Prat.
A esa prensa que le ampara, entre otras razones porque le importa un comino lo que es el Athletic, Llorente le contó que él era, es y será del Athletic, para a renglón seguido anunciar pomposamente que en enero emplearía idéntico rasero a la hora de valorar todas las ofertas que le llegasen para resolver su futuro, también la del Athletic, por supuesto. Y se quedó tan ancho, mientras se dejaba adular y consolar, él, pobre víctima del intransigente proceder de Urrutia. ¿Así que la oferta del Athletic, su club del alma, merece a su juicio igual consideración que la del Barcelona, Juventus o Zenit? Está bien. Todo muy coherente.
Urrutia ha pecado de ingenuo si pensaba que, después de arruinarle la espantada, se comportaría como un profesional el jugador al que le salió por la culata el tiro de la Eurocopa. Llorente ha traicionado la buena voluntad de la que ha hecho gala todo el mundo en el ámbito rojiblanco. La buena voluntad expresada por el presidente, que solicitó a la afición que le tratase con corrección y hasta cariño a fin de que todos pudiesen beneficiarse de sus incuestionables virtudes futbolísticas; la buena voluntad del entrenador, que le protegió no convocándole cuando el ambiente más caldeado estaba y luego le ha ido integrando paulatinamente en el equipo en función de su estado de forma; la buena voluntad de sus compañeros, que no han dejado de allanarle el camino con sus declaraciones y muestras de apoyo incondicional a quien en breve les dejará en la estacada y le han reclamado como referente que ha sido en los terrenos de juego; la buena voluntad de una afición, que ha hecho de tripas corazón al comprobar su desapego, y ha respondido a los más ruidosos con aplausos o con un silencio respetuoso.
La esperanza depositada por todos los enumerados se ha visto defraudada. Fernando Llorente no está a la altura de esa confianza. Ahora resulta que ni siquiera tiene ganas de entrenarse.
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