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Períodico de Deia
garbiñe biurrun magistrada, presidenta de la sala de lo social del Tribunal superior de justicia del País Vasco

"No entiendo ser vasca sin saber euskera"

Garbiñe Biurrun Mancisidor (Tolosa, 1960) es además de magistrada, una mujer implicada en los temas de su tiempo, que demuestra que la justicia no es ciega, que mantiene un compromiso inamovible con el euskera y representa una visión innovadora del papel de la judicatura

Concha Lago - Sábado, 6 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h

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Garbiñe Biurrun, en los Jardines de Albia, frente al Palacio de Justicia de Bilbao.

Garbiñe Biurrun, en los Jardines de Albia, frente al Palacio de Justicia de Bilbao. (Foto: pablo viñas)

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bilbao. Háganos el diagnóstico de la justicia en Euskadi.

Yo diría que goza de bastante buena salud en el terreno de la eficacia y de la credibilidad. Es verdad que la confianza de la ciudadanía va disminuyendo según subimos en la pirámide judicial. De hecho, los litigios que generan más escándalos en la sociedad son los que se resuelven a gran altura. Como estamos hablando de Tribunal Supremo y del Constitucional, en Euskadi nos quitamos ese problema de la confianza.

¿Las decisiones políticas pueden llegar a poner en solfa a la justicia?

Hay una cosa que revela una buena salud democrática, y es que las decisiones políticas sean controlables desde el ámbito judicial.

Bajemos a casos concretos, a Uribetxebarria o a Cabacas...

En el caso Uribetxebarria existe un pronunciamiento gubernamental y hay que tomar una decisión sobre el caso de un preso que, en este caso, adopta la Audiencia Nacional. En el caso Cabacas, no ha habido ninguna decisión política, pero la justicia, con decisión política o sin ella, seguirá su propio camino. Y eso es bueno. Yo creo que a pesar de la sensación que se pueda tener sobre un poder judicial más o menos dependiente, yo considero que en un porcentaje muy alto podemos afirmar que la organización judicial en España es independiente .

Usted es una magistrada muy mediática. ¿Hasta qué punto eso le ha puesto en el ojo del huracán?

Es que no entiendo por qué no me puedo pronunciar. Todos los jueces de España tienen ideología. Yo pertenezco a Jueces para la Democracia (JpD) y siempre me ha sorprendido mucho que lo que mi asociación puede decir, no pueda decirlo yo. Por eso participo en tertulias, doy entrevistas... Socialmente no me he sentido incomprendida, pero sí mal vista desde el cuerpo judicial.

¿Ha recibido algún toque?

Sí. En alguna ocasión me han abierto expediente y curiosamente siempre por expresar una determinada opinión. A unos cuantos compañeros se nos abrió expediente por escribir un artículo sobre política penitenciaria reivindicando derechos de los presos de ETA, y otro año porque fuimos a la manifestación. Pero a mí nunca me han abierto expediente disciplinario por ir a una concentración de Gesto por la Paz o en contra de un asesinato de ETA y también lo he hecho, más veces.

¿Nota la mejora en Euskadi a raíz de la tregua de ETA?

A lo bueno nos acostumbramos con facilidad. Lo de ETA tenía claro que algún día iba a ocurrir a pesar de lo frustrante que fue la tregua de marzo de 2006. Pero el 20 de octubre de 2011 vimos que podía ser algo definitivo. Lo viví con mucha alegría y con mucha tristeza, al mismo tiempo, porque cuando una locura tan grande termina, todavía lo ves como una locura mayor.

¿Le supuso un alivio tener escoltas?

Personalmente me supuso un grandísimo alivio porque tenía mucho miedo. Al mayor de mis hijos, que entonces tenía 11 años y era un crío muy consciente de todo, también. Pero al pequeño, de 9, le causó una gran preocupación porque eso le reveló que había un problema.

¿Cómo vivió el anuncio de ETA?

Esos días de casi paz me acordaba mucho de los muertos, de gente que ha sufrido, pero esto nos lo hemos ganado y no tiene vuelta atrás, con una izquierda abertzale en las instituciones y compitiendo por el Gobierno vasco. Yo veo una Euskadi nueva con deberes que hacer pero no se puede pasar página sin que repartamos la carga de sufrimiento. Eso es compatible con un ejercicio de avance político. Hay pocas excusas que poner a determinados planteamientos políticos que a mí me provocan una gran ilusión.

¿Planteamientos soberanistas?

Yo hablo de derecho a decidir. A mí me resultaría útil poder pronunciarme con eficacia en una urna. Eso es clave para que la sociedad vasca tenga una democracia saludable.

¿Incluida la independencia?

Es que el planteamiento de Catalunya interpela directamente a Euskadi y nos pone en la necesidad de tener que pronunciarnos. Nos brindan la oportunidad de retomar una cuestión que quedó aparcada de muy mala manera. Aunque lo primero es que debe ser una legislatura de lo social. No podemos esquivar el sufrimiento económico y social de tanta gente. Tiene que ser la primera ocupación de quien tenga la responsabilidad, pero eso es perfectamente compatible con hablar del futuro de Euskadi como pueblo y su entronque en el Estado español.

¿Cómo será la legislatura?

No será la legislatura de la decisión, pero sí de la reflexión y la legislatura que ponga raíles para ese camino. Y espero que lo sea con la participación de todas las fuerzas del Parlamento Vasco. Va a ser la primera en la que ETA no está y eso posibilita que desde el primer día los caminos sean más transitables. Facilitará el ejercicio del análisis del pasado y la deslegitimación definitiva del terrorismo. Eso, en un paquete, y luego queda la normalización política que no se ha abordado nunca de forma seria por la coartada del terrorismo.

¿Con el euskera en el punto de mira?

Reivindico que la normalización lingüística sea una realidad. El euskera es un patrimonio del país y de cada ciudadano. A mí me resulta difícil entender ser vasco o vasca sin hablar euskera. Me resulta difícil porque es remediable. Aquí tengo un montón de compañeros que hablan inglés, francés, pero no hablan euskera. Creo que se puede hacer un reproche de civismo, de ciudadanía democrática a quien ha hecho la opción de no me interesa aprender euskera. En otro país, si no se conociese uno de los dos idiomas oficiales, habría gente que lo estaría pasando muy mal desde el punto de vista de las opciones laborales. Y aquí pasa bastante poco. Es verdad que hay cosas con las que hay que tener mucha paciencia, que es mejor los acuerdos que los desacuerdos... Eso lo sé, pero al final los consensos siempre se exigen para determinadas cosas.

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